Cultura

En el corazón del Archivo Histórico

  • La Casa de las Cadenas recibe a decenas de personas en una jornada de puertas abiertas que sirve para difundir la labor de guardar la historia en 17 kilómetros de estanterías

La Casa de las Cadenas abre una vez más sus puertas al público. La vivienda que en 1692 mandó a construir el rico comerciante portugués Diego Barrios de la Rosa en la calle Cristóbal Colón, la de las imponentes columnas salomónicas, vivió ayer una jornada de puertas abiertas que introdujo a un nutrido público en los entresijos del edificio que actualmente ocupa el Archivo Histórico Provincial.

Los visitantes emprendieron un recorrido con motivo del Día Internacional de los Archivos que dio comienzo con una breve introducción teórica de la mano del director del Archivo Manuel María Cañas, para continuar de la mano de otros técnicos por todas las dependencias de un enclave cuyo corazón aguarda entre armarios rodantes, planeros y bajo todas las medidas de seguridad necesarias hasta 17 kilómetros de estanterías colmadas de documentos, a los que podrían sumarse próximamente otros dos kilómetros dado el volumen de material que atesora. Entre estos estantes se reparten más de 105.000 documentos de diversa índole, a los que se suman los más de 12.000 títulos de la biblioteca auxiliar y 200 revistas especializadas.

El director del Archivo, Manuel María Cañas, contaba al primero de los tres grupos que ayer visitó estas dependencias, las curiosidades constructivas e históricas de este palacete del siglo XVII que todavía hoy conserva la escalera principal y la torre mirador, recientemente restaurada, aparte de su imponente portada, obra del escultor Antonio Ponzanelli, que dejó su firma en mármol en un pilar de la torre.

Narró la anécdota en la que la procesión de Corpus Christi se refugió en su interior en 1692, cuando comenzó a llover torrencialmente, tras lo que mandó a reedificar su casa hasta conferirle la imagen actual. También mencionó los múltiples usos que ha desempeñado el edificio, y describió la tipología de documentos que contiene este archivo denominado "histórico e intermedio, al aguardar documentación de la administración con cierta antigüedad, desde hace diez años hasta el siglo XVI".

Comentó que entre sus estantes resguardan fundamentalmente protocolos notariales de toda la provincia, que fue su cometido inicial. Si bien, desde 1959 aguardan documentación de contaduría de la hipoteca, "con abundante información catastral", documentación del Colegio de Arquitectos, de los departamentos administrativos del gobierno andaluz, y de la administración del Estado, entre otros valiosos fondos privados.

De la salvaguarda y recuperación de los documentos más degradados se encarga la técnico restauradora del Archivo, que desde el taller de restauración explicaba algunos de los procesos a los que se someten los documentos.

Entre los retos que tiene entre manos se encuentra la recuperación de un protocolo notarial o un ejemplar del catastro de Los Barrios, ya centenario, que se expandían en las mesas de trabajo ante la mirada atenta de los asistentes. Señaló así el material de trabajo que se utiliza una vez realizadas las pruebas de las tintas y del papel, así como algunos tratamientos de recomposición e integración volumétrica del mismo. Son algunas técnicas habituales, cuyo trabajo puede llevarle días e incluso meses, "depende", dijo.

El recorrido continuó en la sala de clasificación e inventariado del material entrante, y por la de digitalización, sita en una pequeña estancia en la que actualmente se está procediendo a digitalizar todos los protocolos notariales de Cádiz capital. "Ya se ha digitalizado todos los de San Fernando", puntualizó el técnico encargado del grueso de la visita.

Pero el momento más esperado llegó con la entrada en uno de los diez depósitos del Archivo. Un lugar con "olor a historia", preparado únicamente para depositar documentos, "no para trabajar", dada las condiciones atmosféricas, con una temperatura de 16 18 grados y una humedad relativa del 45 o 46 por ciento.

Tras deslizar una de las puertas de un armario rodante, extrajo una encuadernación original de piel de 1648 del notario Francisco Rendón. Una ínfima muestra del valioso legado de un archivo al que "acuden investigadores de todo el mundo". Para ellos y todos los ciudadanos tienen habilitada una sala con el inventario de acceso al legajo anhelado. Un recorrido que tocó el cielo desde la bella torre mirador desde la que el comerciante vigilaba la entrada los barcos cargados de América. Esa bulliciosa actividad que hizo de Cádiz epicentro del comercio, cuya estela puede consultarse en el corazón de su archivo. Más información, en la página de facebook.

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