Arte
El cartapacio de Antonio Raphael Mengs
Primera parte: Al cante, Manuel Gago y La Pitu (ambos de Cádiz) con las guitarras de Eugenio Iglesias (Sevilla) y Juan Ramón Ortega (Cádiz). Segunda parte: Alejandra Rodríguez (Chiclana), ganadora de la tercera edición del concurso 'Se llama copla', acompañada al piano por Ángel Morilla.
Hemos alabado ya en anteriores ocasiones la sensibilidad, el aperturismo y la voluntad de integrar distintos estilos y formas de entender lo "jondo" que caracteriza a los Jueves Flamencos del Mellizo. La sesión del pasado jueves supuso una vuelta de tuerca más en este sentido. El resurgir que la copla está experimentando últimamente gracias a programas televisivos y a la exitosa reinterpretación que determinados artistas flamencos están haciendo de este género ha ayudado a superar el supuesto antagonismo que ha marcado la relación entre ambos estilos durante décadas.
Un simple repaso a la historia del Flamenco, una revisión más o menos profunda de la trayectoria de lo "jondo" y de la que es considerada por algunos como su hermana pequeña, la copla, pone de manifiesto que, lejos de representar dos formas artísticas incompatibles, entre ambas existe una complementariedad innegable. Las dos han compartido espacios escénicos, códigos y técnicas interpretativas, temáticas y corpus líricos, y lo que quizás resulte más significativo, excelsos intérpretes como Caracol, la Paquera, Valderrama o Farinas, -por poner sólo algunos ejemplos- que han basculado de un registro a otro con total naturalidad, sin traumas ni conflictos, eludiendo las constricciones y las absurdas pretensiones elitistas que tanto arraigo han tenido en determinados sectores de la afición y la crítica flamenca.
Lo que presenciamos la noche del pasado jueves en el Baluarte de la Candelaria vino a refrendar la simbiosis que de manera natural se produce entre ambos estilos.
La primera parte de la velada estuvo reservada al flamenco. Dos cantaores locales, Manuel Gago y la Pitu, curtidos en el acompañamiento para el baile, contaron con una oportunidad de oro para desplegar ante sus paisanos sus credenciales artísticas. Otro acierto más de la organización, facilitar el desarrollo integral de estos jóvenes intérpretes que en no pocas ocasiones ven sus carreras supeditadas a figuras del baile. La responsabilidad era grande y eso se hizo notar desde el principio.
A ambos se les vio algo nerviosos de salida, si bien la Pitu consiguió asentarse mejor a medida que su actuación se fue desarrollando. De la actuación de Manuel destacamos el variado ramillete de bulerías con el que puso fin a su paso por el Baluarte de la Candelaria. De la Pitu nos sorprendió su capacidad de transmisión, la facilidad a la hora de conectar con el público y la potencia y amplitud tonal de su voz. Ésta fue rizada por momentos, con mayor rajo y aires afillaos en otras fases, dependiendo del aire que reclamaban los distintos estilos que fue interpretando.
El recital de la gaditana fue ganando en intensidad alcanzando altos niveles de emotividad y flamencura por alegrías y en unas bulerías con claras referencias autobiográficas. La copla adquirió entonces el protagonismo en la noche de mano de Alejandra Rodríguez, acompañada magistralmente al piano por Ángel Morilla, en lugar del anunciado Maestro Lavilla. La joven chiclanera se mostró muy comunicativa durante toda su actuación, estableció un diálogo fluido e intenso con el respetable accediendo a varias de las peticiones que éste le hizo.
Con muy buen criterio eligió un repertorio de claras reminiscencias flamencas que interpretó con gran solvencia y unas capacidades cantoras envidiables. La buena sonorización fue también decisiva a la hora de poder apreciar en toda su grandeza el torrente interpretativo de Alejandra. Vino amargo, A Dios pongo por testigo, La Salvaora,"Romance de Juan Osuna, La Canción del Emigrante, ronda de fandangos, Tengo miedo de quererte y Las Campanas de Linares fueron las cartas que la cupletista expuso sobre el tapete gaditano para deleite del respetable. Composiciones que, pese a quien le pese, forman ya parte de nuestra memoria colectiva, una música evocadora que nos hizo revivir tiempos pasados.
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