Las azoteas de Cádiz, el lazo vital de Cecilio Chaves
exposición Inauguración a las 12.00 de 'Entre azoteas', en el Mercado
El gaditano inaugura hoy en el Mercado de Abastos una muestra que invita a pasear entre luminosas torres y cubiertas
La muestra Entre Azoteas la componen grandes reproducciones de cuadros, en los cuales sobre los colores cálidos aparecen los perfiles que van creando una sugestiva visión de este paisaje urbano. Bajo una geometría ordenada, colores, luces y sombras conforman el itinerario de un juego invisible que inconscientemente te transporta de plano en plano, de los blancos a los grises, azules, hasta el horizonte y hasta el cielo claro e impoluto. No hay ni una nube ni una borrasca, ¡qué amabilidad la de Cecilio!, para sus pinturas no existe crisis ni futuro incierto. Tal vez porque, como él mismo dice, el escenario de su niñez, de sus celebraciones familiares, de sus juegos y gamberradas se mantiene en su memoria y en sus cuadros para llenar, así, el vacío que siente desde que se marchó de Cádiz.
En este universo "ceciliano" no hay representación ideológica sino un estudiado y analizado paisaje a través del cual su plástica ha llegado a la cumbre desde el punto de vista conceptual, formal y temático. Cecilio Chaves es un artista lleno de oficio que ha logrado dominar el pincel, la composición, el dibujo, la textura. Incluso cuando diserta sobre pintura, este artista se crece y planea por el aire con pasión describiendo su proceso pictórico, o la mejor manera de coger el pincel, manchar un cuadro o ¡cuáles son los mejores trapos! "Para manchar tienes más fuerza si coges el pincel como si fuese un palo; tienes más fuerza para presionar y cansa menos".
Comenzó su vocación siendo un niño y la culmina con la licenciatura en Sevilla; más tarde establece su residencia en Galicia, allí pasa la mayor parte del tiempo aunque le gusta compaginarlo con estancias cortas en otras ciudades, hecho que cómo él mismo dice, le sirve de estímulo, le hacen sentir vivo y acumular experiencias. Pienso que intuye que sin vivir no hay nada, ni incluso pintura. Yo, sin embargo, intuyo que este trabajador, intuitivo y apasionado artista, ha cambiado poco en estos años lejos de Cádiz, sencillamente, está madurando un trabajo; tamizando su pasión por la experiencia gallega y convirtiendo sus terrazas en auténticos iconos. Sus cuadros aquí expuestos nos recuerdan que el Arte no necesita de ninguna otra cosa que talento verdadero y auténtica pintura, un atractivo muy honesto, por eso nos gusta Cecilio Chaves. En este sentido él también se ha pronunciado: "El paso del tiempo y el conocimiento de nuevas formas de trabajo a través de compañeros aportan una fuente inagotable de recursos para aplicar en tu trabajo. No deberíamos hacernos extremistas de un medio en concreto, porque en mi opinión esto cierra demasiadas puertas. El medio elegido por cada artista para representar su idea no debería condicionarla para nada. Mi idea es hacer una reflexión a partir de los conceptos llamados tradicionales, analizando el sentido de la creación desde un punto de vista representativo de la realidad que nos envuelve a diario."
En este sentido, Cecilio Chaves tiene una mente lúcida, observadora del entorno, capaz de desgranar y sintetizar la complejidad de este paisaje urbano compuesto de perspectivas, luces y sombras. Por otra parte y como él mismo ha dicho el cuadro es a la vez la metáfora de una forma de ver la vida, así es, estas pinturas también son el prisma a través del cual el artista nos muestra una forma de enfrentarse a ella, ¡dulce y disfrutona!, porque son unos cuadros maestros, encendidos con el mejor oficio para hacerte olvidar, por unos instantes, los días grises.
Tras hacer un recorrido por la trayectoria de Cecilio Chaves se comprueba con claridad su personalidad artística marcada por el interés de la superación técnica y dirigida por la permanente idea de representación de la realidad y el universo formalista. Pero también se vislumbra, por su evolución, la necesidad de adentrarse por nuevos itinerarios estéticos y tal vez por nuevos materiales. Las composiciones se han hecho más complicadas; las diagonales incluso en las sombras y las luces dominan la imagen; el cuadro consigue un difícil equilibrio entre las partes y un contraste ajustado. Dominan los colores grises y azules con planos rojos y marrones estratégicamente situados que forman un brillante juego compositivo. La luz entra lateralmente, es el atardecer, trazando sombras alargadas y creando un espacio intermedio que produce la sensación de profundidad. Esa tercera dimensión también es simulada de forma geométrica por los infinitos planos que fugan en el horizonte y cómo no, con la maestría de saber esbozar los elementos distantes con cuatro trazos, algo desdibujados, dejando el enfoque para los primeros planos. Su evolución gira hacia las manchas sueltas como trozos de pintura, brochazos y chorreones, hacia un cierto informalismo y más abstracción. Se puede ver una reformulación en clave contemporánea y sólida del clasicismo más puro. Por ello es posible también entrever que su viaje plástico no ha finalizado y que su inquietud creativa le hará ir más allá, hacia el horizonte que siempre pinta donde nadie sabe lo que hay y le hará cruzar ese abismo de vértigo, desconocido e incontrolado, en el que los artistas se sumergen y exploran para sorprendernos después a los amantes del Arte.
Ésta es una preciosa iniciativa de arte y calle, que parece rendir mérito también a una generación de jóvenes artistas gaditanos, pero nos permite, sobre todo, disfrutar y conocer mejor la obra de Cecilio Chaves en este particular momento de madurez y de abismo en el horizonte (¿o es crisis de los cuarenta?).
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