"En los años 20, Barcelona fue un ensayo de la Guerra Civil"

El autor presentará esta tarde, en la sede de la Asociación de la Prensa, 'Una heredera de Barcelona"

El escritor e historiador Sergio Vila-Sanjuán.
El escritor e historiador Sergio Vila-Sanjuán.
Pilar Vera / Cádiz

29 de abril 2010 - 05:00

El abuelo de Sergio Vila-Sanjuán (Barcelona 1957) era gaditano. Hijo de marino, llegó a Cataluña con diez años y su condición de andaluz -cuenta el escritor- le facilitó entrar en contacto con otros gaditanos presentes en la ciudad condal: Primo de Rivera y Muñoz Seca. Las vivencias de Pablo Vilar las recrea ahora su nieto en Una heredera de Barcelona (Destino).

-En el prólogo dice que esta novela surge a partir de unos textos de su abuelo...

-Bueno, es un prólogo novelesco, no es del todo real. La historia de mi abuelo me pareció interesante porque había sido secretario de Eduardo Dato, abogado y periodista. Con estas tres líneas profesionales, había recorrido ambientes muy diferentes y contrastados. Vivió una Barcelona intensa, elegante y creativa, pero también, violenta. Me di cuenta de que si novelaba todos estos datos podía hacer un trabajo más interesante para los lectores y para mí mismo. Por eso hay personajes reales y semi-imaginados y mucha documentación de primera mano. En ningún momento se sabe bien si las cosas son reales o no...

-El protagonista, de talante conservador, termina enriqueciéndose con los contactos que establece con anarquistas, ¿un acercamiento así pudo ser posible?

-El protagonista es un conservador liberal. Tenía esa idea cristiana de justicia social, que era el mensaje de Eduardo Dato entonces. Era una gente abierta al diálogo desde el mundo conservador, que promovían la acción social, las leyes obreras, un sistema salud... Haber perdido todo este mundo ha sido una de las tragedias de España.

-La novela comienza con una escena de puro cine negro...

-El caso con el que arranco, la vedette a la que han agredido, fue auténtico. El trabajo de mi abuelo en tribunales le permitía vivir cosas así... En ese ambiente de violencia política y asesinatos, sólo he tenido que exagerar un poco y atar cosas que en la vida real ocurrieron de forma más dispersa.

-Parece que en la narrativa, Madrid ha quedado como trasunto de Nueva York mientras que Barcelona hace de Chicago...

-En esa época lo era: mucha gente iba armada siempre. Salías a la calle y era fácil que pudieras pillar un tiroteo. Entre el final de la I Guerra Mundial y Primo de Rivera, la gente se acostumbró a convivir con la violencia. Fue una especie de primer acto de la Guerra Civil, un escenario que se radicalizó: el anarquismo intensificó su acción directa y los conservadores pidieron ayuda al Ejército. Todo esto se cerró en falso con Primo de Rivera pero resurgiría quince años después, a nivel nacional. En Barcelona, esos años son un ensayo de lo que ocurriría más tarde.

-Es curioso ver cómo Pablo Vilar es ideológicamente moderado y eso lo descoloca por completo...

-El es un abogado que cree en la ley y ve que la ley se la está saltando todo el mundo. Se ve metido en medio de muchas cosas porque conoce a gente tanto de un lado como de otro. Y quince años más tarde no está de acuerdo con que los generales den un golpe de Estado. Hay un tipo de gente con ideario liberal que en este país ha sido machada por el exceso de radicalismo en muchos momentos.

-También es significativo que dos de los casos que defiende como abogado serían hoy catalogados como violencia de género.

- A mí también me ha impresionado mucho. En los casos de mi abuelo salía mucho el tema de la violencia de género, de las agresiones de pareja, de los abusos a la mujer... Hay un tipo de delito que no ha cambiado mucho desde entonces y que en aquella época era el pan de cada día.

-Presenta dos escenarios impactantes: los trogloditas del distrito II y la Comunidad del Sol...

-Hay dos líneas muy claras en la cultura anarquista de los años 20: una política, y otra, cultural. En Barcelona había centros ácratas que crearon toda una cultura alternativa, atea, pacifista y con carácter contracultural: había vegetarianos, espiritistas, nudistas... La Comunidad del Sol no fue real pero recoge detalles reales. El tema de las cuevas, sin embargo, lo dejé en el libro tal como estaba. Barcelona fue la ciudad que más se industrializó, recibió muchísimos inmigrantes y la gente tuvo que vivir en condiciones nefastas. Era un momento de mucho contraste, con mucho dinero, mucho refinamiento... y luego, situaciones como la de los trogloditas. Fue un caldo de cultivo de reacciones violentas.

-Somos tan antiguos que los modernos de hace un siglo seguirían siendo los modernos de ahora.

-Sí... yo siempre había visto a mi abuelo como un señor de una elegancia antigua, en las antípodas de mi propia juventud. Pero cuando él era joven, España vivió un momento de gran modernización. Por ejemplo, el tema de las drogas ya entonces era fuerte. Y muy importante era su filosofía de vida: aprender que nadie tiene del todo razón y que siempre es posible buscar puntos de acuerdo. Esto no es sólo una cosa del pasado: ojalá funcionara más en el mundo actual.

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