El ojo de Quiñones

La cosa sigue

  • Recuperamos algunas de las columnas publicadas en ‘Diario de Cádiz’ donde Fernando Quiñones, el creador de Alcances, habla del festival

Yo lo inventé en Milán y lo moví 10 años, del 68 al 79, pero el Festival, tan gaditano ya como la plaza de Mina o el Trofeo Carranza, se hubiera quedado en nada sin el enorme número de ayudas prestadas por muchos amigos dentro y fuera de Cádiz. Con la consecución de esas jornadas ambiciosas, trataba de poner a nuestra ciudad en un hoy cultural al día y representativo, porque me daba coraje que Cádiz malviviera culturalmente del pianista o del acto “x” que pudiera dejar caer Sevilla medio por misericordia, y percibía la desnudez desértica de casi todo el año artístico y cultural en una ciudad como la nuestra, con una tradición y una historia de primer orden.

Todo me parecía poco para Alcances y, pese a las zancadillas oficiales, los mil problemas de aislamiento y aprovisionamiento y el presupuesto pelón, aquello se hizo y atendió con dignidad a expresiones tan diversas como el teatro y las artes plásticas o el flamenco, la música o la literatura, con el cine como caballo de batalla y principal y llamativo elemento. Cádiz sabía que no se la estaba engañando, entendía el múltiple esfuerzo y llenaba celosamente los locales muchas veces obtenidos con no menos dificultad que las autorizaciones.

Según dice la Legionaria al final de su parlamento; ¡si yo les contara!... la verdad es que me vi desde metido a creativo gráfico (el logotipo de la caracola con el ojo lo hice yo, situando un ojo de Ché Guevara en una Murex italiana del siglo XVII) hasta cargando sacos de película con los que no podía o sosteniendo un bebé llorón en el gallinero del teatro Andalucía para que sus padres, apasionados cinéfilos a los que no conocía, pudieran ver el final de ‘Antonio das Mortes’.

Torres muy altas de festivales de cine han caído, torres de presupuestos altísimos y de mucha figuración y bambolla, de Sevilla a Barcelona, de Gijón a Málaga. Alcances fue parido con tantas pasión y entusiasmo y puesto luego en manos cineastas tan capaces como las de Pepe Marchante, que ahí sigue, vivo, y a la vista de sus Bodas de Plata. A quien un día apencó con todo aquel dulce pero enorme peso, no puede hoy dejar de enorgullecerle esa perduración, y lo que siento es no estar ahí este año, de espectador como todos los últimos y decirme una vez más: “Bueno, pues la cosa sigue”. Diario de Cádiz, 10 de noviembre de 1992

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