Tolstoi en un bazar chino
Drama, Reino Unido, 2013, 130 min. Dirección: Joe Wright. Intérpretes: Keira Knightley, Jude Law, Aaron Johnson, Kelly MacDonald, Matthew Macfadyen, Olivia Williams, Emily Watson. Guión: Tom Stoppard. Fotografía: Seamus McGarvey. Música: Dario Marianelli. Cines: Bahía de Cádiz, Bahía Mar, San Fernando Plaza, Yelmo, Cinesa Los Barrios.
Expiación era eso que los chavales llamábamos un "queo". Una dicen que buena novela (no la he leído y ya no tengo tiempo de hacerlo) inflada como un merengue que empalaga pero no alimenta. Una muestra de la patética voluntad de ser un autor de quien tiene el talento justo para ser un correcto adaptador de seriales televisivos. Realizar un buen serial basado en clásicos no es fácil, pero sólo requiere oficio. Ser un autor requiere, además del oficio, estilo; y sobre todo talento, personalidad, tener algo propio que decir a partir del texto de otro. En el caso de carecer tanto de estilo, como de talento y de discurso, mejor quedarse en modesto ilustrador.
No lo hizo Joe Wright en Expiación, sea como fuera la novela, y tampoco lo ha hecho en Ana Karenina. El problema es que aquí se trata de Tolstoi y de una de sus mejores obras que desde su primera adaptación al cine en 1912 ha conocido varias versiones cinematográficas en las que la protagonista ha tenido los rostros de Greta Garbo, Vivien Leigh o Claire Bloom. Si frente a Ian McEwan -el autor de Expiación- Wright resultaba ampulosamente grotesco, frente a Tostoi parece un enano haciéndose pasar por un gigante sirviéndose de unos zancos y un megáfono. Tarda poco en rodar por el suelo.
Lo de "modernizar a los clásicos" es una estupidez. Porque los clásicos tienen el don de ser coetáneos de todos los tiempos. Casi siempre que se dice eso de poner al día o modernizar a los clásicos lo que nos espera es Waldo de los Ríos o Luis Cobos poniendo batería a Mozart o a Beethoven. Casi nunca Jacques Loussier y su Play Bach. Eso es interpretar libremente a los clásicos, no modernizarlos. Lo de Wright es chimpún de batería añadido a Tolstoi.
A medio camino entre el Romeo y Julieta de Luhrmann y el María Antonieta de la niña de Coppola, a las que añade el trillado recurso (que a él le debe parecer el no va más de la modernidad y la originalidad) de meter el desvelamiento de su representación teatral dentro de la película -¿este tipo no ha visto Lola Montes, La carroza de oro, Tío Vania en la calle 42 o E la nave va?-, la pobre Karenina parece perdida en un bazar chino por el que la persigue una cámara majareta. Ignoro qué parte de responsabilidad tendrá el guión del prestigioso Tom Stoppard en este colorín. Aunque hay que hacer notar que a los escenarios habrá aportado toda la gloria que se quiera, pero al cine sólo mediocridades como Brazil -tan pretenciosa y disparatada como esta Ana Karenina- o Shakespeare in love -que comparte con este tolstoicidio la idea de dar una imagen fresca de un clásico-, siendo algo más valiosos, pero tampoco dignos de su fama teatral, los guiones de El imperio del sol o La casa Rusia.
Las interpretaciones están sometidas al trasiego de decorados, extravagancias supuestamente creativas y ataques de la cámara. La Knightley pasable como la heroína, Taylor-Johnson cortito como su amante, Jude Law desaparecido en combate como marido. La puntilla la da Dario Marianelli con una insoportablemente enfática y omnipresente banda sonora.
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