Cultura

Ruiz Miguel corta cuatro orejas y rabo y triunfa en Villaluenga

  • Comparte salida a hombros con Ortega Cano y Espartaco ante un encierro noble y colaborador de Núñez del Cuvillo, con el cuarto premiado con vuelta al ruedo

Villaluenga, santuario de la tauromaquia: concelebran tres cardenales purpurados del toreo y uno de ellos, Ruiz Miguel, cumple cuarenta años en estos ritos.

Su eminencia Ruiz Miguel viste de nazareno y oro con dos acólitos de lujo: su mozo de espadas José García y su antiguo banderillero Juanito Sánchez, que le lía el capotillo en la sacristía del singular cónclave de La Manga.

Cuarenta años en los ruedos cumple el isleño y qué mejor que este santuario donde peregrina la afición. Cómo sería de litúrgico este pontifical taurino que hasta hubo un sochantre, Manolo Orta, que le dedicó motetes por fandangos a los toreros. Solamente chirríaba el palco presidencial: ¿Qué pinta el político Gómez Periñán sentado junto al presidente en el sitio del veterinario? Precisamente es quien tiene que velar para que esté ahí el veterinario.

La parroquia casi llenó los tendidos en tarde de calor, aire y de buen ganado de Núñez del Cuvillo. Ruiz Miguel tuvo un primer toro que se vino un poquito abajo en la muleta, no así el matador, que casi sin despeinarse estuvo por encima de un astado que brindó a su hijo, siendo premiado con dos orejas. Gran saludo capotero en su segundo y monterazo de Daniel Duarte y Nieto. Ruiz Miguel brinda su labor a su esposa un faenón de quietud, temple y asiento a dos dedos de los pitones. Rabo para el torero y vuelta al ruedo para el toro. Gran tarde de Ruiz Miguel, en maestro.

Ortega Cano, de caña y azabache, destapó el tarrito de las esencias en su primero, con trazos de excelente corte con la zurda y el emotivo arrebato cuando sonó el salmo de Orta. Mató de una estocada y dos descabellos y cortó dos orejas. Pulseó despacio, con garbo y gusto a su noble segundo, al que le sobró castigo. Oreja.

El primero de Espartaco, que vestía de purísima y azabache, fue toro gazapón pero que metía la cara muy bien para la zurda, y lo ligó por ese pitón consiguiendo embarcarlo también por el derecho. Dos pinchazos y estocada y oreja para el de Espartinas. Cortó las dos de su segundo tras una faena completa saliendo a hombros con sus compañeros al son de las campanas del santuario.

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