Cultura

Ramón Solís, flamenco y literatura

  • El escritor gaditano no fue ajeno a la música popular de nuestro pueblo, manteniendo unos juegos florales sobre el tema, que luego convertiría en una rara publicación

Al gaditano Ramón Solís Llorente, se le conoce prácticamente, casi tan solo, por su famoso libro, sobre el Cádiz de las Cortes, que podemos encontrar estos días en los escaparates de todas las librerías, un ensayo histórico editado por primera vez en 1958, con el que Solís alcanzó el premio Fastenrath de la Real Academia Española de la Lengua, en 1960, y al que puso prólogo el Dr. Marañón, una de las eminencias nacionales del siglo XX. Lo que supone una verdadera injusticia, pues este gran escritor y periodista bebió en otras muchas fuentes y fue, sobre todo, un gran conferenciante, que recorrió casi todo el mundo disertando de diversos temas. También es recordado en Cádiz por otro ensayo suyo, sobre Coros y chirigotas, en el que el autor nos muestra una especie de antología del mejor carnaval gaditano.

Pero hay otro trabajo del mismo Ramón Solís que es muy desconocido, y es el texto de una conferencia sobre flamenco, que pronunciara en Jerez, el año 1968, a requerimiento nuestro, en la Cátedra de Flamencología, y que más tarde, en 1976, dos años antes de su muerte, convirtió en un volumen de la colección de Libros Dante, dirigida en Madrid por el poeta jerezano Manuel Ríos Ruiz. Su título: El flamenco y la literatura. Un tema que nunca, antes, había tocado Solís, pero que le atrajo sobre manera, estudiándolo realmente a fondo; sobre todo en lo concerniente a los literatos de las generaciones del noventa y ocho y del veintisiete y su relación con nuestros cantes y bailes.

En ese libro, Ramón Solís nos dice que el poeta Antonio Machado, a pesar de ser hijo de un folklorista tan enamorado del flamenco, como Demófilo, y hermano de Manuel Machado, considerado el poeta más flamenco de su tiempo, al igual que otros muchos escritores de su generación, estuvo siempre en contra de la juerga flamenca y de todo lo que oliera a flamenquismo. A pesar de ello, colaboraría con su hermano en la autoría de la famosa obra teatral La Lola se va a Los Puertos y compondría algunas coplas flamencas, no tantas como su hermano, quien dejó escrito aquello de "No canto por divertirme / ni por presumir de voz; / canto para que no se junten la pena con el dolor".

Recordamos a Ramón Solís, de nuestro tiempo de corresponsal de la revista madrileña La Estafeta Literaria, de la que fue director y, además, a raíz de su conferencia en Jerez, cuando fuera mantenedor de unos juegos florales del flamenco, celebrados en 1968 por la Cátedra de Flamencología, siendo reina de los mismos la bailaora Loli Cano, Solera de Jerez, en el esplendor de su arte y de toda su belleza. ¡Había que ver a Ramón, con toda su imponente figura y la apostura y gallardía de sus cuarenta y cinco años, cuando ya había escrito una buena porción de su obra literaria, y a punto de conseguir, dos años después, el Premio Nacional Miguel de Cervantes, dando el brazo a aquella belleza morena, subiendo al escenario de los II Juegos Florales del Flamenco.

Ramón Solís, espíritu sensible a todo lo que fuera gaditanismo y, sobre todo, poseedor de un corazón abierto a la emoción de nuestros aires populares, como el flamenco y las coplas del carnaval, hizo entonces un encendido canto al flamenco, en el que ponía de manifiesto todo su amor por estas tierras, pues Cádiz siempre estuvo presente en todas sus intervenciones públicas, lo mismo que en la mayoría de sus libros. Su discurso de aquella noche, exaltando el cante y el baile del arte flamenco, también estarían presentes en su libro, publicado en Madrid, ocho años después; siendo ésta una rara curiosidad en su importante y amplia bibliografía.

El gran escritor gaditano, que empezara su carrera como periodista, en la capital de España, donde desempeñó la corresponsalía del semanario provincial La Voz del Sur, pronto pasaría a ejercer su labor de historiador y novelista, publicando numerosos trabajos, algunos de los cuales todavía se siguen reeditando, como Un siglo llama a la puerta, Los que no tienen paz, finalista del Planeta, Ajena crece la yerba, El canto de la gallina, El mar y un soplo de viento, La Guerra de la Independencia Española y, sobre todo, como ya referimos al principio, su célebre obra Cuando las Cortes de Cádiz, donde está presente la vida de su ciudad natal, día a día, entre 1810 y 1813, que sería la tesis doctoral de sus estudios de Ciencias Políticas y Económicas y que Marañón elogió como uno de los libros más importantes, sobre la España de ese periodo histórico.

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