Primero la ciudad, luego la película

La entidad cinematográfica Cine Club Claudio Guerin ha estado grabando en la capital escenas para la película Por Cádiz, un proyecto educativo que busca promocionar la ciudad.

Alfonso Vidán y su mujer Elena grabando la escena de baile de Alberto Arroyo en El Pelícano.
Alfonso Vidán y su mujer Elena grabando la escena de baile de Alberto Arroyo en El Pelícano.
Elena Bustamante

12 de agosto 2015 - 05:00

La organización sevillana Cine Club Claudio Guerin ha convertido las calles de Cádiz , a lo largo de la semana pasada, en su pequeño plató de rodaje para grabar Por Cádiz, dirigido por Alfonso Vidán y protagonizada por Alberto Arroyo. La ciudad les ha regalado planos que van desde la altura de la Torre Tavira en madrugada, pasando por la confitería del Pópulo con la luz del mediodía, hasta terminar con el plateado del mar durante la puesta de sol en la playa de La Caleta. La historia cuenta la vida de un chico que llega a Cádiz y que, con un perfil semejante al pequeño Nicolás, va recorriendo la ciudad y descubriendo su patrimonio y sus comercios.

No es la primera vez que esta entidad sevillana escoge nuestra ciudad como plató. Así, Alfonso Vidán recuerda grabar La Roldana, una mujer libre por la igualdad (2011), donde Cádiz también fue el escenario elegido. El director confiesa a este medio que la idea de grabar en la capital vino primero que la historia: "La ciudad fue primero que la película". Tanto él como Juan Antonio Cuevas, productor de la película y director de Cine Club Claudio Guerin, tenían claro que querían convertir a Cádiz en la protagonista de una de sus películas, y la historia vendría después. A esto se suma el motivo del el centenario del estreno de El amor brujo, de Manuel de Falla.

Para Alfonso, como director, esta ciudad tiene un encanto especial: "Tiene una fotografía estupenda, sobre todo la luz". Sus tono de amabilidad iba dirigido tanto para la ciudad como para sus habitantes, ya que, según sus palabras, todo el mundo se ha volcado, desde al Ayuntamiento por el tema de cortar las calles, hasta los sitios oficiales donde se rodaba.

El sábado por la tarde tocaba grabar en El Pelícano, y a las 20:30 ya estaba todo dispuesto. Los figurantes distribuidos por las mesas mantenían charlas intrascendentes mientras sobre el escenario ocurría lo verdaderamente importante. Alberto Arroyo trataba de imitar los pasos del baile que a su lado repetía un profesor de salsa. Su pareja de baile, Natalia, es una antigua amiga de un campamento de verano que por causalidad está en Cádiz. Como con el tema de la película no han tenido tiempo de verse, hoy se ha pasado por el Pelícano, junto a su familia, para verlo y terminar siendo su compañera de baile en la película, una carrera cinematográfica corta y totalmente improvisada. Ninguno de los dos es bailarín profesional o tan siquiera aficionado, y eso se nota, pero tras más de una toma parecen soltarse cada vez más.

El equipo de grabación, formado por Alfonso con cámara en mano y su mujer Elena iluminando la escena, van de un lado al otro de la estancia para captar el ambiente. Tiene que darse prisa porque la siguiente escena es la puesta de sol en La Caleta, y el tiempo corre en su contra.

Cuando tienen todo lo necesario agradecen a los figurantes su aparición en la película, pagan la cuenta en el Pelícano, y con el pie de la cámara al hombro se apresuran dirección a La Viña. El protagonista, Alfonso Arroyo, con solo 18 años es la primera vez que graba una película. Se le dibuja una sonrisa en la cara al decir: "Juan Antonio y yo ya habíamos hablado de hacer algunos proyectos. Sobre junio me comentó la idea, y encima yo como protagonista, no dudé". Es la primera vez que viene a la ciudad y comenta que le llama mucho la atención la antigüedad de sus calles, y como buen actor que piensa constantemente en el trabajo, tiene la impresión de que sería el escenario perfecto para una película histórica. Será joven, pero ya tiene la vista puesta en el futuro.

Cuando por fin entramos en La Caleta el sol, oculto una parte por las nubes que llevan todo el fin de semana poniendo problemas al equipo de rodaje, está a punto de ponerse. Por suerte una parte de la superficie queda visible, y el color que refleja sobre las aguas plateadas de La Caleta hacen que el plano de esta playa se grabe a la perfección. Un par de tomas a los rezagados que a estas horas del día aprovechan los últimos rayos de luz. Un plano general de las aguas caleteras con las gaviotas que han echado a volar. Otro par de tomas a las gaviotas que juegan a la orilla. Alberto se desviste y entra en el agua unas 5 veces seguidas, ya dentro se sumerge otras 5 veces y se queda bastantes minutos mirando al horizonte. Alfonso manda y él cumple.

El director ha escogido esta localización por el color plateado característico que a estas horas reflejan sus aguas. A los ojos de Alfonso los pequeños rincones de Cádiz que pasan desapercibidos en nuestro día a día, adquieren una nueva vida, nuevos personajes, nuevas historias.

La presentación de la película está prevista para otoño, y como no podía ser de otra manera, en la ciudad de Cádiz.

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