Festival de Música Española de Cádiz

Mozart frente a Iribarren

  • Un concierto en San Juan de Dios pone hoy en valor la música malagueña del siglo XVIII

Antonio del Pino, en el órgano de la Catedral de Málaga Antonio del Pino, en el órgano de la Catedral de Málaga

Antonio del Pino, en el órgano de la Catedral de Málaga

Mozart frente a Iribarren. Piezas nacidas en la capital de la música, Viena, para todo el mundo frente a obras creadas por y para el culto de la Catedral de Málaga. El ingenio de un joven chispeante en contraste de la dedicación abnegada de un adulto. La iglesia de San Juan de Dios acoge esta tarde (a las siete) un curioso concierto –dentro del Festival de Música Española– en el que se irán intercalando obras de Wolfgang Amadeus Mozart y de Juan Francés Iribarren como medio de poner en valor la música que se hacía en España en siglos anteriores.

La cita musical de hoy tiene un doble objetivo, como explica uno de sus protagonistas, el organista Antonio del Pino (que a su vez es director del coro de la Catedral de Málaga, de cuyo archivo musical es también investigador): de un lado, “poner en valor el repertorio que aún permanece inédito en archivos de catedrales de España y que en el caso de Iribarren casi alcanza el millar de obras”; y de otro lado, “hacerlo en comparación con los grandes autores de la música internacional, sobre todo europea”.

“Hemos elegido a Mozart precisamente para ver cómo Iribarren, un navarro criado en Madrid, llega a Málaga en 1733 para introducir el estilo italiano y luego se pasa al clasicismo. Esto es importante, porque hablamos de una ciudad que entonces contaba con veinte mil habitantes, y aún así Iribarren se abre al Clasicismo. Por eso, en este concierto ponemos en valor la música de España y lo contrastamos con el Clasicismo que se interpretaba en Europa en ese siglo XVIII”, explica Antonio del Pino, convencido de la calidad que tiene el repertorio musical español de esos siglos XVIIy XVIII.

No en vano, su labor en el archivo musical catedralicio de Málaga –que conserva obras precisamente a raíz de la llegada de Iribarren– ha llevado a este organista a convencerse de las bondades de la música que ha hecho este país. “El repertorio español antiguo aún tiene muchas sorpresas que darnos”, asegura en relación a la corriente creciente en los últimos años de recuperar piezas de los archivos musicales de siglos anteriores que llevaban décadas sin oírse. “Todos estamos en esa senda de dejarnos absorber por las piezas de los archivos musicales españoles, que son riquísimos. Realmente no sabemos las piezas que tenemos”, comenta.

La teoría de este músico malagueño es que esa música que se hacía en España y que ha legado amplios archivos que se mantienen conservados en la actualidad dejó de oírse “por el complejo de inferioridad de la música local ante la música europea y sus grandes compositores”. “La mentalidad de la música del siglo XIX, de esos concertistas, esas grandes mentes, nos engaña. Esa no es la realidad; la realidad es que había maestros que trabajaban en esto a diario, como Juan Francés Iribarren, y que componían obras de bastante calidad”, explica Del Pino, que en estos años ha experimentado “cómo la gente se sorprende de las obras que hay y de la calidad de las mismas”. 

Las manos de este organista se unirán esta tarde con los instrumentos de la Orquesta Filarmónica de Málaga, dirigida por Federico del Sordo (profesor de Órgano en el Conservatorio Santa Cecilia y del Pontificio Instituto de Música Sacra, en Roma), y con la voz de la soprano Eugenia Boix (premio extraordinario fin de carrera del Conservatorio Superior de Música de Salamanca y primer premio en las becas Montserrat Caballé, entre otros logros), para conocer la figura de Iribarren –considerado uno de los más grandes compositores españoles de los dos primeros tercios del siglo XVIII– utilizando como medio de comparación la música de Mozart.

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