Cultura

Maniquíes bailarines que iluminan y dan vida a los escaparates

  • Danza en lugares insólitos que animaron el centro comercial gaditano ayer tarde

Lo de la danza en los escaparates es como esas viejas pesadillas del romanticismo alemán en que los maniquíes cobraban vida. Solo que aquí no hay magia negra ni autómatas vengativos, sino el encanto de la danza que asalta a los viandantes en unas tardes que con el retraso del cambio climático ya empiezan a ser grises. Esta iniciativa forma parte de la sección del Cádiz en Danza que lleva este arte a las calles y plazas de la ciudad.

Y es curioso ver como reacciona la gente ante las dos miniaturas que pudieron verse ayer en dos céntricos escaparates gaditanos. Los de Isi en la calle Novena y Arsénico en Cánovas del Castillo, concretamente. Se mezclan los interesados que van buscando el espectáculo desde el inicio, el viandante que se lo encuentra y se engancha, el que no se cosca, el atribulado urbanita que pasa rápido por falta de tiempo. Lo mejor empero, es como algunos clientes seguían mirando la ropa y los complementos en las dos tiendas de invierno ahora que parece que el frío llega en serio, ajenos a lo que estaba ocurriendo en los correspondientes escaparates. Así, la danza se incrustaba en la cotidianidad como algo normal y corriente. Puede que alguno de esos consumidores se llevara un susto al ver a unos sorprendentes maniquíes que habían cobrado vida.

Los tres artistas se dividieron en los dos lugares de la representación. Fieles al espíritu de sorpresa que implica bailar en lugares insólitos, Lidia Pecino y Pablo Fornell ofrecieron una deliciosa miniatura entre lo improvisado y lo estudiado, como si estuviesen ensayando la obra ante nosotros, con una gran frescura. Chantal Goudard, en cambio, demostró en la calle Cánovas el poder de evocación que puede tener la unión entre una bailarina y una silla. Dos obras que amenizaron las calles gaditanas y demostraron aspectos inéditos del comercio tradicional.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios