José Sacristán trae al Muñoz Seca a un Quijote más que necesario
El actor lleva esta noche al personaje de Cervantes al teatro municipal de El Puerto
No es la primera vez que José Sacristán (Chinchón, 1937) se mete en el pellejo de Alonso Quijano. Sacristán se estrenó como hidalgo en el musical El hombre de La Mancha, y vuelve a luchar contra molinos en la obra que José Ramón Fernández estrenó el año pasado en el Festival de Almagro, y que llega esta noche al Teatro Pedro Muñoz Seca de El Puerto.
Dirigida por Luis Bermejo,Yo soy don Quijote de la Mancha reúne en torno al protagonista a su inseparable Sancho (Fernando Soto) y a la hija de este, Sanchica (Almudena Ramos) -y a todos ellos les acompaña a su vez, durante la obra, la interpretación del violinista José Luis López-.
Según afirma el propio Luis Bermejo, el texto presenta algunas de las famosas aventuras y desventuras del famoso hidalgo "interpretadas por la flor y nata de la andante comiquería y cuya intención es extraer de su interior el tema que nos emociona, que nos obsesiona: el deseo de bondad, de justicia, de solidaridad, para elevar el amor por encima de los hombres".
La dirección de José Ramón Fernández contribuye a que Yo soy don Quijote de la Mancha respire y nos recuerde la esencia del personaje de Cervantes, en una versión que utiliza miles de palabras textuales de la novela y muchos de los recuerdos que nos unen a todos. Don Quijote tendrá la compañía de Sancho y de su hija Sanchica: dos personas sin maldad, capaces de ver en don Quijote al loco y al hombre bueno, y capaces de entender que el mundo -en cualquier momento, pero en unos momentos más que en otros- lo necesita.
Para el actor madrileño, referente en la escena contemporánea, el personaje de don Quijote "rescata el símbolo moral y ético de alguien que, antes de estar loco, se enfrenta a cualquier riesgo con tal de defender unos principios".
"Frente a lo peor que surge con las crisis -indicaba Sacristán al respecto- aparecen actitudes y gestos loables. Sería para volar el planeta si ya no hubiera personas capaces de defender sus principios. Si te miras por la mañana en el espejo, te reconoces y te guardas el respeto debido, no has de rendirte. Esa es la principal enseñanza de este personaje."
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