Cultura

Jesús Ruiz Mantilla: "Quiñones también hacía cuentos de ida y vuelta"

  • El escritor recogió ayer el XVII Premio Unicaja de Novela Fernando Quiñones por 'Hotel Transición'

Acostumbrado como todos, dice, a llegar y salir corriendo de los sitios, en esta ocasión Jesús Ruiz Mantilla se ha permitido pasarse cuatro días en Cádiz con la excusa de recoger el XVII Premio de Novela Fernando Quiñones, galardón que obtuvo el pasado 15 de noviembre.

Unos días en los que ha estado "buscando por la ciudad y alrededores las huellas de Fernando Quiñones, a través de referencias tanto de amigos comunes como de las lecturas, por lo que me he sentido muy acompañado por su figura -comenta Ruiz Mantilla-. Incluso en la esquina misma del hotel, en el local Quilla, encontré que había una muestra en torno a Quiñones (la selección de fotografías de Pablo Juliá, Joaquín Hernández Kiki, Julio González y Javier Parra). Es él quien acuñó los cantes de ida y vuelta, y yo creo que sus mismos cuentos son también de ida y vuelta. Todo lo que quiero contar se encuentra en ese reflejo, en el diálogo íntimo con el lector".

Publicada por Alianza Editorial, Hotel Transición, la obra ganadora de la pasada convocatoria, se define como una novela sobre la identidad: "O al menos, al final, es lo que terminó siendo -explica su autor-. Identidad sobre edades, grupos e individuos a través de la mirada de ese niño (Chucho, el diminutivo santanderino para Jesús) en el que cada vez me reconozco menos. Chucho clava ese apelativo y lo transforma en una identidad muy especial. Su crecimiento personal, de la infancia a la adolescencia, va en paralelismo al crecimiento, a la madurez de la sociedad que le rodea".

Chucho vive junto a su madre en el hotel que esta dirige en plena Transición. Un escenario en el que el protagonista encontrará personajes que se resisten a entregar sus privilegios de vencedores franquistas y a otros que luchan, desde la tristeza de la derrota aún presente, por la reconciliación.

"A medida que crece, Chucho irá trasladando ese contenido convulso y fascinante del que no pierde detalle -continúa Jesús Ruiz Mantilla-. Registra una España cambiante, que pasa de ser un Estado tutelado por un dictador execrable a una democracia en la que tanto él como todos los que le rodean van a tener que aprender a vivir en libertad. También en esa construcción, en ese preciso instante, cuando ese niño, ese personaje madura, va entrando en la historia o en un acontecer de la historia, en una segunda transición que es fascinante porque está poblada de incertidumbre".

Una inquietud con ciertas similitudes a la de la época actual: "Es mucho más cómodo contar historias de otro tiempo, porque todo parece muchísimo más claro -comenta al respecto-, pero es ese estado de incertidumbre exterior que vivimos lo que he querido trasladar también a la novela, en un diálogo entre pasado y presente".

Presente también en la entrega del premio, la viuda de Quiñones, Nadia Consolani, agradeció el papel de la Fundación Unicaja, su "amor" por el galardón en memoria del escritor gaditano, del que ayer quedó abierta su XVIII edición: "Cuando pienso en retirarme, porque cada vez me encuentro más cansada, lo cierto es que no puedo porque la gente que rodea este premio, haciendo libros hermosos por dentro y por fuera, me anima a seguir en contacto con la literatura. Aún me felicito por ser la premiada yo también", indicó.

"Además, tal vez por vieja -prosiguió Nadia Consolani, comentando la novela ganadora en nombre del jurado-, al leer me doy cuenta de cuándo hay un escritor detrás de una historia. Al leer Hotel Transición se podía ver que había detrás cultura, amor por el idioma, amor por las palabras, una prosa bella y trabajada. Por otro lado, hoy día todo el mundo se cree escritor, pero no es tan fácil: hay que saber escribir con cierta pasión, con arte. Hay muchos autores modernos que me aburren porque no saben manejar el lenguaje. En el caso de Jesús, encontramos a un auténtico escritor, con un texto en el que la misma prosa te anima a seguir leyendo".

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