Concert Music Festival 2019

Viaje al centro de tu universo

  • Izal propone en el Concert Music Festival un recorrido sideral por su carrera dentro de la gira 'Autoterapia'

Actuación de Izal en Sancti Petri Actuación de Izal en Sancti Petri

Actuación de Izal en Sancti Petri / Sonia Ramos

Motores encendidos, cinturones abrochados y los oídos bien abiertos. La expedición sideral de la banda Izal despegó del escenario principal del Concert Music Festival de Sancti Petri el viernes noche para dejar caer sobre el escaso pero entregado público de la cita polvo de estrellas musicales en forma de las canciones que los han convertido en una de las formaciones más queridas y seguidas del pop rock patrio desde que se dieran a conocer hace una década. En el cielo chiclanero poquitos astros, en su festival más puntero cinco sobre las tablas cuyo fulgor no se apagó durante unas dos horas.

Una nave melódica que abrió su escotilla para dejar que Mikel Izal, Ema Pérez "Gato", Alejandro Jordá, Alberto Pérez e Iván Mella desplegaran un consistente repertorio que se caracterizó por sus grandes dosis de energía aun en los temas más sosegados. Y es que la sonoridad de la voz profunda de Mikel imprime a las canciones un sello muy especial que deviene afectado en sus ocasionales vibratos, a ratos diríamos que casi lírico y en algunos otros cercano a la dureza del rock más áspero. De todos estos matices vocales y musicales se compuso el repertorio que presentaron en Chiclana dentro de la gira Autoterapia.

"¡Buenas noches Sancti Petri y alrededores!", se presentaba Mikel antes de arrancar un repertorio de largo alcance. En la estela de ese cohete sonoro llamado Izal quedaron prendidas canciones como Ruido blanco, Copacabana Pequeña gran revolución, algo que sin duda estará viviendo el guitarrista Alberto Pérez que "acaba de ser papá, tenemos un papi en la banda. Es una gran novedad para todos y sobre todo para él, ahora duerme menos pero mejor", bromeaba el vocalista de la formación sobre su compañero. ¿Acaso hay una revolución más pequeña y grande a la vez que dar vida?

Eso ofreció Izal, vida, revolución, sonido y diversión. Una travesía interestelar hacia el mismo centro del universo, del tuyo y mío, del de todos. Porque si algo tienen los temas de la banda madrileña es un marchamo de actualidad en la medida en que exploran el universo de los sentimientos preñado de metáforas. El de los afectos, sin viajar más lejos. Los seres que me llenan sonó como un canto al apego del parentesco, un término que también podía atribuírsele al concierto gaditano. Más que público, una familia bien avenida para la ocasión. "Cádiz es una tierra maravillosa y algunos tienen la suerte de disfrutarla todo el año", confesaba el cantante.

Disfrutar del viaje más que de la meta parecía ser otra de las premisas del espectáculo. En él se escucharon La piedra invisible, Despedida -en la que Mikel demostró sus dotes de showman con pasos de baile-, Arte moderno -con sutil acompañamiento de piano-, Palos de ciego -elegida por la audiencia entre otras dos opciones para ser ejecutada, ya que "el público es soberano", afirmaba Mikel-, El temblor -dedicada por "Gato" a su padre, de nuevo la familia-, Pánico práctico -muy cinematográfica gracias a los vídeos exhibidos en pantalla-, Canción para nadie, Qué bien -un recorrido por el álbum familiar del grupo, la familia una vez más- y un trayecto a la inversa, a los inicios de Izal a través del tema Agujeros de gusano: "Este pequeño trozo de madera, nailon, plástico y algo de metal nos ha dado muchas alegrías -explicaba Mikel mientras mostraba una pequeña guitarra al respetable-, es el instrumento más barato con el que podíamos tocar algo nuevo y que nos regaló canciones como ésta". Una mirada al origen de este viaje planetario en mitad de la ruta.

Pero quedaba más. "¡Vamos a bailar un poco!", animaba el vocalista al público, que dio buena muestra de su fidelidad coreando cada uno de los temas de Izal. En el ecuador del recital, la banda regaló Hambre, Oro y humo, Autoterapia, Asuntos delicados, Magia y efectos especiales El pozo, aunque -admitía Mikel Izal- "no nos podríamos ir sin sacar al escenario a nuestra querida La mujer de verde".

Porque cada viaje tiene siempre su principio y fin, Mikel quiso echar la vista atrás para agradecer el acompañamiento del público en todos estos años de Izal con acento gaditano. "En Cádiz hemos pasado siempre buenos momentos pero no siempre había 3.000 personas. Que levante la mano quien estuvo un día viéndonos en la Sala Supersonic de Cádiz. Si la levantáis más de 15 estáis mintiendo", recordaba con chistosa nostalgia el cantante. "Luego todo cambió para nosotros y llegamos a un festival que nos trató muy bien, el No Sin Música". Y ahora Concert Music Festival y mil conciertos más que atender. No ha ido nada mal la progresión del viaje de Izal, a tenor de los resultados.

Casi rozando ya el destino de la expedición espacial, la banda no quiso despedirse de Sancti Petri sin agradecer tanto y a tantos el poder seguir viajando entre melodías. "Nos lo habéis puesto muy fácil esta noche. Vayamos donde vayamos siempre nos recibís de una forma increíble. Los últimos monos aquí somos nosotros, hay un equipo técnico y humano de 26 personas para las que os pedimos un gran aplauso". No quedó uno sin ser nombrado.

El gran aplauso por el buen fin de la misión se lo llevaron ellos, Izal, que antes de darla por concluida encendieron una vez más el motor con un mensaje: "Esta puede ser la última noche de nuestra vida. ¡Aprovechémosla!", gritó Mikel antes de hacer rugir los bises con El baile y Bill Murray y con mensaje del mismísimo Raphael desde la pantalla: "Todo viaje tiene su final. Volvéis a casa. Nos vemos en la próxima misión", informaba el genio de Linares. Así es, misión completada por Izal, Cádiz flotando en un universo de canciones que hablan de mí, de ti, de lo infinito. Hasta la siguiente vez.

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