Arte

Hernán Cortés. Pintor total

  • El artista gaditano muestra en el Centro Unicaja de Cultura una selección de sus paisajes y de sus mejores retratos, donde se muestra como un mago de la representación humana

Hernán Cortés, en la exposición de Unicaja. Hernán Cortés, en la exposición de Unicaja.

Hernán Cortés, en la exposición de Unicaja. / Lourdes de Vicente

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La exposición de Hernán Cortés en su ciudad natal ha sido, sin lugar a dudas, el otro gran acontecimiento expositivo del año junto a la muestra catedralicia Traslatio Sedis, sobre el traslado de la sede de Asidonia a Cádiz. Ha sido un acontecimiento de primerísima categoría, con una gran repercusión en toda la provincia, y que ha concitado un interés unánime traducido en un número importantísimo de visitantes. No era para menos. El nombre de Hernán Cortés forma parte de ese ideal artístico que casi todos tenemos y su obra es apreciada y valorada desde todos los sectores. Su presentación en los espacios de la Fundación Telefónica de Madrid tuvo, ya, una gran repercusión en Cádiz y su llegada al Centro Unicaja era evento esperado con infinito interés.

El retrato ha sido una de las formas de expresión más repetidas a lo largo de la historia. En todos los lugares y en todas las épocas se ha querido dejar constancia de la imagen de una persona con objeto de que su recuerdo perdurase y llegase a las generaciones venideras. Hay que decir, no obstante, que el retrato pintado ha ido perdiendo protagonismo, sobre todo, desde que la fotografía adquirió la importancia que hoy tiene. Sin embargo, todavía, podemos encontrar algunos grandes retratistas, siendo Hernán Cortés, uno de sus máximos realizadores.

La exposición viene comisariada por María Dolores Jiménez-Blanco y presenta muchos detalles dignos de ser tenidos en cuenta. En primer lugar hay que partir de la idea clara de que Hernán Cortés es un pintor que, además, de excelso retratista –esta faceta es la más conocida y, seguramente, por la que es, también, más valorado–, capaz de plantear una pintura figurativa desde unos términos expresionistas que contrastan y completan esa absoluta realidad que es el retrato. Unos mínimos dibujos, escuetamente coloreados, nos plantean un poderosísimo sistema expresivo –las palmeras movidas por el viento de levante formulan una realidad sutilmente captada y conformada–; nunca con menos se ha podido configurar tanto. Al mismo tiempo, unos paisajes de Cádiz nos conducen por esa otra pintura que descubren a un pintor total con un patrimonio creativo que no se detiene, aunque lo parezca, en una única línea de actuación.

Pero el Cortés universal es, sin lugar a dudas, el Cortés retratista, ese mago de la representación humana que, aparte de posicionar determinantemente la figura, desentraña el alma de retratado. Y es que Hernán Cortés es, como decimos, probablemente, el máximo pintor de retratos que existe en la actualidad. Nació en Cádiz en 1953 y muy pronto destacó por sus valientes formas interpretativas; sobre todo, por la nueva forma de representar la figura humana. Sus trabajos sobre destacadas personalidades del mundo de la política, de la cultura, de la banca y de otros estamentos ciudadanos han hecho que su nombre sea una referencia para el conocimiento de la historia reciente de nuestro país. Él ha dado un nuevo sentido artístico al retrato oficial, como lo demuestra los retratos de los ponentes de la Constitución de 1978, aquellos llamados ‘Padres de la Constitución’ y que el Congreso de los Diputados utiliza como ideal marco en su actos oficiales. Hernán Cortes hace que en sus obras sobresalga la personalidad del retratado, presentando en cada uno de ellos sus rasgos más característicos, potenciadores de unas particularidades que el artista ha estudiado minuciosamente para trasladarlos a los soportes con una perfección pictórica que abruma por su dificilísima sencillez y por su aplastante rigurosidad formal. El retrato de Hernán Cortés está en una dimensión distinta a la habitual. El artista gaditano es, además, el máximo exponente de los pintores que afrontan el retrato de personalidades públicas, lo que exige, sin duda alguna, un compromiso mayor, una especialización más profunda, una contundencia formal máxima, una generosidad artística sin límites y un desarrollo pictórico distinto.

En la exposición nos encontramos una serie de retratos que nos conducen por la contundencia formal de una representación que entusiasma, que emociona, que atrapa la mirada ante la aplastante veracidad del retratado. Porque los retratos de Hernán Cortés transmiten más que las facciones que ilustran, dejan entrever la personalidad de los modelos, nos ofrecen muchos de sus estados de ánimo, de sus pasiones, de su absoluta realidad. Y, además, nos sitúa en los espacios en los que habitualmente se desenvuelven los personajes; lo que acentúa la verosimilitud de lo que se representa; una escenografía escueta, sin contaminaciones estructurales, planteando mínimos asuntos espaciales que potencian la realidad del retrato. Así nos encontramos espectaculares imágenes del ex-presidente Felipe González, del poeta Dámaso Alonso, del arquitecto Norman Foster, del ex rector de la Universidad de Sevilla Fernando Pérez Royo, del gran Severo Ochoa, de Rafael Alberti... que nos marcan las rutas mágicas de una realidad absolutamente verdadera.

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