Cultura

Cuarenta años del día que no fue

  • Mañana se cumplen cuatro décadas del primer y fallido Alcances · La celebración de la primera edición de la entonces Semana Cultural fue suspendida por la Brigada Político-Social

El verano cultural gaditano de 1968 iba a verse sacudido por una singular iniciativa ideada por Fernando Quiñones, escritor chiclanero asentado en Cádiz desde niño. Aunque su carrera literaria ya le había llevado a Madrid, seguía sintiendo las cosas de aquí. Por ello, preocupado por la falta de modernidad en las ofertas culturales gaditanas (llegó a escribir en uno de sus últimos artículos que Cádiz estaba "en cueros de arte no ya contemporáneo, sino actual"), se le ocurrió hacer una semana cultural que "alcanzara", de ahí nombre que acabaría tomando el evento que nacía, este tipo de arte a sus paisanos. No dejaba de ser un desafío al oficialismo cultural del momento, con unos veranos dominados en exclusiva por los Festivales de España, muy conservador en sus propuestas, y los Cursos que organizaba entonces la Universidad de Sevilla.

Quiñones trabajó rápido. Con sus amigos de la Academia Universitas, Serafín Gutiérrez y Angelines Sanz, la organizó para agosto. Por cierto, que Universitas no ha tenido el reconocimiento necesario como precursora de Alcances. Tenía un Cine-Club (el Iuventus), un grupo de teatro y vendía clandestinamente libros prohibidos por el franquismo. De algún modo la muestra multicultural que ideaba Quiñones arranca de aquí y de la experiencia organizativa de los de la Academia. También de sus contactos con Rafael Landín Carrasco, delegado del Ministerio de Información y Turismo en Cádiz, habitual consumidor de la oferta cultural de Universitas y persona clave en las autorizaciones necesarias en la rígida sociedad franquista. La apertura de la semana sería el lunes 19 de agosto en el Colegio de Médicos, en la calle Benjumeda. Sería un acto inaugural fiel a la filosofía del evento que nacía. Tendría teatro cine y danza, como arranque de unos días que incluirían cine con tres películas, una exposición de arte contemporáneo, un recital literario, un homenaje al novelista y oficial de la Armada Luis Berenguer y una Feria del Disco Hispanoamericano.

Sin embargo, todo esto se fue al traste media hora de empezar el acto inaugural cuando ante el público que ya se arremolinaba para entrar en el Colegio de Médicos aparecieron miembros de la temida Brigada Político-Social, escoltados por Policías Armadas, y colgaron un aviso en la puerta anunciando que todo quedaba suspendido. Hubo un conato de manifestación por la cercana calle Ancha que fue sofocado por el propio Quiñones, quién sabía que de producirse la protesta las opciones del abortado Alcances de intentarlo otro año eran nulas.

No obstante, el escritor y sus amigos pidieron explicaciones a Rafael Landín, quien al principio dio largas. En los días subsiguientes se produjo en las páginas del Diario de Cádiz una polémica periodística, insólita en el marco de una dictadura, entre el Delegado de Información y Turismo y los chasqueados organizadores. Resumiéndola, Landín se escudaba en que una de las películas a proyectar, la cubana Hanoi, martes 13, no tenía permiso de proyección en España. Pero el Delegado estaba informado desde unos diez días antes del comienzo de la semana de su proyección sin que dijese nada. Incluso estaba prevista una película sustituta de la cubana. Más bien, fue tensar demasiado la cuerda ofrecer un film tan crítico con la política estadounidense en Vietnam, como dejó caer a Quiñones en esos confusos días el propio Ramón Solís.

Tras el fiasco, el escritor chiclanero dejó claro que volverían el año siguiente, y así fue durante 40 más, que se conmemoran en este 2008. Es una ironía el celebrar una edición que nunca fue, pero así ha constado en los anales desde entonces. Un peculiaridad de las muchas que vendrían en las próximas cuatro décadas y le han dado a Alcances su personalidad plena.

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