Evolución de la imprenta en el siglo XIX

Comienzos de la litografía en España y en Cádiz

  • En reconocimiento a la labor realizada por Carlos Fernández-Llebrez: una vida profesional dedicada al Museo Litográfico de Cádiz

Máquinas y piezas de la litografía alemana de Cádiz. Máquinas y piezas de la litografía alemana de Cádiz.

Máquinas y piezas de la litografía alemana de Cádiz.

La litografía fue una gran aportación a la revolución tecnológica, industrial y artística ocurrida en el campo de la imprenta a mediados del siglo XIX. La litografía (en comparación con el grabado tradicional sobre plancha metálica) permitía de forma fácil, rápida y económica, multiplicar sobre papeles imágenes idénticas a las previamente dibujadas con un tipo de lápiz graso sobre bloques de piedra caliza pulida. Todo lo cual se ajustaba al término de ascendencia griega creado para denominarla (‘litos’, piedra, y ‘graphe’, dibujo).

La facilidad de multiplicación de las imágenes, teniendo estas tan enorme poder de comunicación que superaban la barrera del analfabetismo (reinante entonces en amplias capas de la población) llevó casi de forma natural a que el poder político la controlase desde sus inicios y la pusiera a su servicio como instrumento de prestigio y propaganda. De aquí que esta técnica, creada por el alemán Aloys Senefelder en 1796, comenzara a practicarse en España bajo los auspicios reales, a partir de 1819, en el Depósito Hidrográfico. Fue el comienzo de la historia de la litografía española y la culminación de una larga serie de gestiones, viajes al extranjero y formación del personal. Muy pronto, en esta litografía madrileña, Francisco de Goya comenzó a estampar sus dibujos bajo las instrucciones de José María Cardano.

No obstante, también por esas fechas hubo varias iniciativas de particulares para adoptar esta nueva técnica, en su aplicación a la industria y a las artes, en algunas ciudades españolas.

En Cádiz, en 1817, la dirección de la Real Sociedad Económica de Amigos del País encargo a dos de sus miembros, Tomás de Sisto y Manuel Roca, que hicieran un informe sobre el nuevo método del grabado a la aguada, para saber si era el mejor para realizar con él las láminas del tratado que Álvaro Ximenez había elaborado para sus alumnos de la Clase de Artes. Pero el informe terminó diciendo que aunque el método propuesto era sencillo y económico, como ya existía el método de la litografía, “que pronto estaría al alcance”, la Sociedad no debía encargarse de la publicación.

En 1819, poco antes de la apertura del taller litográfico del Depósito Hidrográfico de Madrid, su director, Felipe Bauzá (capitán de navío, cartógrafo y socio honorario de la Real Sociedad Económica Gaditana de Amigos del País, que había aprendido a litografiar con Senefelder en Munich), mandó a su amigo gaditano Tomás de Sisto un cuaderno con estampas litográficas realizadas por su sobrino José María Cardano, después de que este, por Real Orden, estuviese en Alemania aprendiendo la nueva técnica, según Bauzá “para que bajo los auspicios reales progrese otra invención en España y que, aprovechándose de ella el Depósito para sus cartas náuticas, logremos ver en España adoptada tan útil medio que tanto contribuirá para hacer más generales las obras clásicas de las ciencias exactas y naturales que hasta el día no lo son a causa de lo costoso de las láminas de cobre”. Poniendo de manifiesto uno de los roles más importantes que justamente se le atribuían a la nueva técnica: la fácil y económica multiplicación de imágenes idénticas con que exponer, ilustrar y explicar, los textos que sobre cualquier materia se publicaran.

Escrito e imágenes que Sisto, el 11 de febrero de 1819, pasó a la secretaria de la Sociedad para general conocimiento. Lo que provocó el que la Clase de Artes nombrara una Comisión Litográfica para el estudio y valoración de esta nueva técnica de estampación.

La Comisión Litográfica, formada por Álvaro Ximenez y Manuel Roca, elaboró un amplio informe sobre las cualidades y ventajas de la nueva técnica sobre la del grabado en cobre, concluyendo que “sería muy conveniente a los intereses de la Sociedad la posesión de una prensa litográfica con los ingredientes necesarios de cartones preparados, lápices, tintas, etc.”. Informe que la Clase de Artes aprobó el 21 de julio, añadiendo que, además de las ventajas y usos que se exponían, “no solo se conseguirá que esta Sociedad sea la primera que en Cádiz, o quizá en toda la provincia, dé el modelo para la construcción de otras como ella, sino para su uso formando viñetas, títulos de obras, escudos, papeletas de convites, órdenes y cuanto de esta especie se necesite con precisión y economía; y que si mañana tuviese que dar a la luz algunas obras de ciencias exactas, de agricultura, botánica u otras infinitas que deben tener estampas para su mayor claridad y exactitud, se hiciese uso de dicha imprenta litográfica”.

Ante este informe, el secretario de la Sociedad, José María Gutiérrez, elevó un escrito pocos días después a la dirección de la Sociedad exponiendo lo ventajoso que sería el rápido encargo a Francia de una prensa litográfica y demás instrumentos para esta especie de impresiones, pues sería un insignificante desembolso para los ahorros que podría suponer, “no debiendo despreciarse el honor que resultará a la Sociedad de ser la primera de su especie que lo ha puesto en la península, y la gloria de presentar una obra de esta clase ejecutada en todas sus partes por individuos de su seno”.

Paralelamente, en Barcelona, en 1819, con más cercanía a Francia y sentido comercial, el prestigioso impresor Antonio Brusi contrató los servicios del gran litógrafo francés G. Engelmann (que mandó a su cuñado Thierry) para que le montase una imprenta litográfica en sus talleres, cuyos primeros trabajos vieron la luz a finales de 1820. Estampas que adjuntó a la solicitud que presentó al Ayuntamiento de Barcelona pidiendo, según la legislación, el privilegio exclusivo como introductor de la técnica. Algo que obtuvo durante cinco años y que le permitió, además de incorporar al litógrafo francés Louis Guillaumin, proseguir sus labores comerciales de estampación.

En Cádiz (no sabemos cómo, aunque suponemos que adquirida y trasladada desde Francia) desde el mes de octubre de 1820 tenemos constancia de que la Sociedad Económica de Amigos del País tenía montada una prensa litográfica. Su encargado, el experto grabador Manuel Roca, el 26 de octubre de 1820, informó que no había resultados dignos de presentar no solo por faltarle tiempo sino también por falta de ingredientes necesarios como los ácidos, aceites y tintas. No obstante, asegura a la directiva de la Sociedad que seguirá prestando la mayor atención y deseos de cumplir con su obligación. Además adjuntaba a su escrito un inventario que se le pidió de todas las piezas de la prensa y de los ingredientes de su uso, lo que nos confirma que su adquisición había sido muy reciente:

Piezas: De madera: 20; de madera y metal: 13; de madera y cuero: 1; de madera, hierro y cuero: 2; de hierro: 37.

Ingredientes: Tinta para el pincel y pluma, botellitas: 16; pasta para el paso del papel a la tinta: 10; pasta para dibujo, docenas: 7, y hojas de papel compuesto para la escritura; 50.

Otra original y esporádica utilización de la litografía en España de la que se tiene información es en Tolosa, en marzo de 1822, donde, bajo la dirección de Francisco Imperial Sandoval, litógrafo formado en Francia, se realizaron decenas de copias litográficas de un mapa de Guipúzcoa, cuando el Ayuntamiento pretendía la capitalidad de la provincia.

Como en Cádiz seguía sin sacársele rendimiento a la imprenta litográfica, desde la dirección de la Sociedad se hicieron numerosas gestiones con Barcelona y Madrid para que viniese a Cádiz alguna persona experta, pero sin resultados (porque no había quien). Por ello se autoriza a José García Chicano, notable artista y profesor en la Academia de Bellas Artes de Cádiz (que en su día ya gozó de una beca de estudios en Roma) para que, a partir de octubre de 1825, marchase a París durante siete meses a aprender la técnica litográfica.

Aunque no realizadas en Cádiz pero sí por un gaditano en París, la Academia de Bellas Artes de Cádiz posee un cuadernillo de litografías, fechado en 1825, con el que García Chicano daba sobradas muestras de su aprovechamiento formativo. Año en que también, finalmente, se realizó (aún no sabemos por quién) una correcta litografía con la imprenta de Cádiz: una estampa con las distintas fases de una cochinilla grana, para ilustrar una cartilla sobre la cría de dicho insecto para la producción industrial de colorante (ya que, entre otras actividades, la Sociedad de Amigos del País tenía en Cádiz un jardín botánico para estudios y aclimatación de plantas americanas). Aunque finalmente la cartilla se editó sin dicha estampa, según informe oficial, “porque se inutilizó la lámina”. La nueva técnica tenía grandes ventajas, pero no era fácil ni tener los materiales adecuados ni conocer sin instrucción el manejo de la técnica. Había que seguir intentándolo.

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