Cultura

Clarificadora llamada de atención

  • El gaditano Paco Mármol sorprende en una Granada de máximos con una muestra realizada a bolígrafo, con imágenes figurativas y simbólicas, sobre animales en peligro de extinción

El 'Oso polar' que puede verse en la capital granadina. El 'Oso polar' que puede verse en la capital granadina.

El 'Oso polar' que puede verse en la capital granadina. / d.c.

Los buenos aficionados conocen la fortaleza que existe en la producción artística que tiene lugar en Granada. Desde hace más de dos décadas el potencial creativo de esa ciudad, a juzgar por la cantidad de importantes artistas que existen, no ofrece dudas y es valorado en todas las instancias del artes español. Todo comenzó cuando se puso en marcha la Facultad de Bellas Artes, de cuyas aulas han ido saliendo, de manera continuada, un número muy significativo de artistas que, en poco tiempo, han copado lo mejor del paisaje plástico español - Santi Ydáñez, Jesús Zurita, José Piñar, Chico López, Carlos Aires, Simón Zábell, Andrés Monteagudo, Joaquín Peña-Toro, Paco Pomet, Juan Francisco Casas, Marisa Mancilla, Paloma Gámez, Ángeles Agrela, Marina Vargas, Mari Ángeles Rodríguez Doblas, María Acuyo, Susi Lozano, Aixa Portero, Belén Mazuecos... y, así, un larguísimo etcétera que va en constante progresión-.

Lo realizado por la Diputación, en el Palacio de los Condes de Gabia, también, sirvió para aglutinar el interés de los artistas más jóvenes y dar mucho sentido a un arte que estaba en abierta expansión, con muchos autores que, pronto, dejaron de ser jóvenes proyectos emergentes para convertirse en verdaderas realidades del mejor arte español. Por eso, Granada tiene latente un tremendo potencial creativo y el paraje expositivo es difícil por ser la plaza que es, porque se está acostumbrado a presentar a los mejores y porque, ante tanta realidad, es fácil sucumbir y parecer que no se está a la altura.

Paco Mármol acude a Granada muy bien provisto de todo. Su obra se presenta expectante y con muchos y buenos argumentos en un ambiente expositivo de máximos -Santiago Ayán, en el Palacio de los Condes de Gabia, Louis Faurer en el Centro José Guerrero, Álvaro Albadalejo y Cristina Ramírez en las magníficas salas del nuevo Parque de la Salud, Juan Vida, en el Centro Damián Bayón, entre otras muestras-. En un circuito artístico con tanta contundencia creativa es fácil perderse. Pues el artista gaditano, no sólo no sucumbe sino que ofrece una realidad pictórica de muchos enteros.

Una cuidada exposición de dibujos realizados a bolígrafo BIC nos pone en sintonía con la obra de un Paco Mármol dominador, intérprete genial de un dibujo exquisito y sin fisuras; sabio transmisor de una figuración que él transmite con determinante potencial artístico.

En las salas de la Corrala de Santiago, un espacio dependiente de la Universidad de Granada, se expanden una serie de obras que tienen como protagonistas a una serie de animales en peligro de extinción. La fina elegancia de la línea representativa del artista gaditano compone imágenes espectaculares de esos animales con una pulcritud ilustrativa apabullante, relatora de una realidad que abruma de tanta perfección, con una sabia economía de medios plásticos, una increíble contundencia formal y una suprema intencionalidad representativa que impacta la mirada atónita del observador. Junto a cada animal representado -león, tiburón, gorila, oso polar, tigre, águila imperial, rinoceronte, atún, orangután y elefante-, Paco Mármol pinta una imagen simbólica del mismo que descubre y explica la realidad que sufre cada uno de ellos para que su existencia esté en cuestión y su final demasiado cercano.

La exposición ha creado mucha expectación en esta Granada acostumbrada a mucho; una muestra que atrapa pero que no se queda en los superficiales y epidérmicos efectismos que tanta abunda en ese realismo fotográfico e insustancial, sino que convence en continente y contenido y que, además, sirve para hacer una llamada de atención a las conciencias de una sociedad en decadencia.

De nuevo Paco Mármol nos ofrece su infinita capacidad creativa; nos hace transitar por caminos pictóricos llenos de esencia creativa y nos sitúa en un poderoso status artístico. Algo que, en la Granada de máximos, es mucho, muchísimo.

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