Ciclo de música Manuel de Falla

Tres siglos de sonata en el Teatro de la Tía Norica

  • El ciclo retoma su andadura tras el verano con un excelente concierto dedicado a las sonatas para violín y piano de los siglos XVIII, XIX y XX

Alejandro Bustamante y Patricia Arauzo, durante el concierto. Alejandro Bustamante y Patricia Arauzo, durante el concierto.

Alejandro Bustamante y Patricia Arauzo, durante el concierto. / Jesús Marín

El Ciclo de Música Manuel de Falla retomó la tarde del lunes 6 su cita con los incondicionales de la música de cámara, o de cercanía, como quieran llamarla, en el Teatro de la Tía Norica, ya metidos en otoño, y tras haberse suspendido el programado para el pasado lunes 15 de octubre.

La noche estuvo dedicada por completo a la forma sonata, en este caso para violín y piano, y mostrando al público tres visiones muy diferentes de esta importante forma musical, que fue elemento cuasi definitorio de la música del siglo XVIII, pero que ha llegado hasta nuestros días como recurso musical de muchos compositores contemporáneos. Compositores de renombre del siglo pasado experimentaron con la forma sonata.

El concierto dio comienzo con la Sonata Op.12 nº 2 de Beethoven, saltándose las indicaciones del programa de mano. De las tres obras interpretadas, esta, tal vez, sea la más conocida, y eso que se trata de una obra de juventud de Beethoven. Compuesta alrededor de 1797, Beethoven se la dedicó a Antonio Salieri.

La interpretación de esta sonata de corte clásico, tuvo un momento inicial falto de carácter por parte de Alejandro Bustamante, tal vez producto de la sequedad de las tablas del Teatro de la Tía Norica, que quizá haga resaltar más al piano que a los instrumentos de cuerda que lo acompañan. Ya ha pasado en otras ocasiones, en este ciclo, donde se produce una cierta descompensación de los instrumentos por las características del escenario. La versión que hicieron, un poco rápida al principio, fue mejorando del allegro vivace al andante, donde Bustamante se fue acomodando más a las exigencias del teatro, y pudo darle toda la expresividad requerida por el violín, en este segundo movimiento. La obra beethoveniana concluyó con un allegro piacevole mucho más modulado y equilibrado de ambos músicos.

Después de Beethoven, y dando un salto importante en el tiempo, vino la interpretación de la Sonata para piano y violín de Enrique Granados, una obra de principios del siglo XX y de la que interpretaron el primer movimiento, Patricia y Alejandro en una versión que resultó delicada en la ejecución, expresando el sentido del gusto de Granados por las cosas ligeras, frente a composiciones contundentes. La interpretación del violín fue pulcra, sin excesos dramáticos, conectando con el público con sensibilidad. Muy bien también el piano, empastando en todo momento con el violín, transmitiendo una preciosa composición de uno de los grandes pianistas españoles que vivió a caballo del siglo XIX y XX. Excelente.

La última obra del programa fue la Sonata en La mayor, para violín y piano Op.78 de Brahms, conocida como la 'Sonata de la lluvia'. La obra está escrita en tres movimientos, vivace ma non troppo; adagio y allegro, y en mi opinión fue lo mejor de la noche, en una interpretación muy coordinada y trabajada por parte del dúo artístico Alejandro Bustamente y Patricia Arauzo, que se ganó el aplauso del público merecidamente. Correspondieron con un especial bis: El Polo de la Suite de siete canciones populares de Manuel de Falla, dedicado al público gaditano.

Un estupendo concierto, de los que hace afición, con buena música y transmitiendo cultura.

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