Cultura

Cashangai o Shangablanca

Drama/Thriller, EEUU, 2010, 105 min. Dirección: Mikael Hafström. Guión: Hossein Amini. Fotografía: Benoît Delhomme. Música: Klaus Badelt. Intérpretes: John Cusack, Jeffrey Dean Morgan, Franka Potente, Ken Watanabe, David Morse, Yun-Fat Chow, Gong Li. Cines: Bahía Mar, Cinesa Los Barrios.

Un abuso de la voz off que parece una parodia del cine negro en su vertiente de aventura y espionaje. Una ambientación trabajada pero, tal vez a causa del abuso digital, con un aire de cómic que refuerza esa sensación paródica. Exageradas mujeres fatales en la tradición dietrichiana de convertirse en mártires heroicas. Una banda sonora impropia del talento de Gabriel Yared e inapropiada para el clímax romántico, aventurero y misterioso que se quiere recrear en esta especie de Casablanca de ojos rasgados ambientada en el explosivo Shangai internacional de los días previos al ataque de Pearl Harbor, una ciudad prácticamente dominada por los japoneses y con un altísimo índice de espías por metro cuadrado.

El protagonista es uno de ellos, de nacionalidad norteamericana, que se infiltra en las redes de complicidad que forman los nazis, los japoneses y los gángsters tramando su inminente toma de la ciudad. Hay en el guión misterio, aventura, acción y amor al viejo estilo. Aunque con un tufo a corta y pega. Lo que falla es la vulgar eficacia de su puesta en imagen. Mikael Hafström -realizador europeo de implante americano y estilo global- no ha querido correr riesgos jugando al ejercicio de estilo que se adecue al carácter retro de una trama entretenida pero sobrada de tópicos -el heroico vengador del amigo muerto, la muñequita del gángster chino, el malo malísimo japonés, la imposible historia de amor- y ha optado por filmarla con esa vulgar eficacia que no reporta gloria pero tampoco asume riesgos.

Este desfase entre el planteamiento y las ambiciones del guión, que parecen pensados y escritos para una arrebatadora superproducción de sabor clásico o para un pastelón posmoderno tipo El paciente inglés, y la forma crudamente funcional de convertirlas en imágenes perjudica a esta pasable película.

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