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Cultura

Carmen Bustamante saca los colores a las marismas gaditanas

  • La artista inauguró ayer en la galería Benot la segunda parte de la muestra 'Espacios de la memoria', integrada por veinte piezas de pequeño formato

Los Espacios de la memoria de Carmen Bustamante se expanden. Invaden Cádiz, desde Cádiz y su provincia. Se cuelan desde los cuatro elementos inherentes a su obra -aire, tierra, agua y mar- por los rincones de Santa Catalina hasta llegar a la galería Benot, donde ayer se inauguró la segunda parte de esta muestra que hace un par de semanas abrió en la sala San Nicolás de la fortaleza gaditana, para completarla e incluso finiquitarla.

Los incondicionales paisajes marítimos de la artista, que siempre le acompañan en polifacéticas manifestaciones, encuentran otros lares donde expandir el espíritu tranquilo, sosegado y silenciosos de sus cuadros.

A través de las veinte piezas de pequeño formato que integran la exposición, Bustamante repasa los espacios que tanto y tanta paz le transmiten. "Las marismas de Sanlúcar, de Bonanza, de San Fernando copan parte importante de la muestra", señala.

En esta ocasión la autora saca los colores de estos autóctonos terrenos pantanosos. "Todos esos colores extraños que se dan en las marismas, según la hora, la estación del año o según la densidad de la salinidad de las aguas estancadas en los caños cuando cierran las compuertas", explica.

Aunque también incluye algunas obras de la serie en blanco y negro que luce en las paredes de la fortaleza gaditana. Entre ellas, una pieza de la Bahía de Cádiz de 100x100.

Son colores que más que responder a un paisaje determinado, se atienen al ambiente que Bustamante crea para ellos. "Me interesa la atmósfera que creo para un instante concreto", señalaba hace unos días.

Instantes que manufactura desde elementos arquitectónicos reconocibles, en ocasiones, pero despojados de todo elemento perturbador como el ruido, el bullicio e incluso de gente. En los escenarios que plantea de la Bahía, las marismas o las playas apenas se observa más movimiento que el que se deduce del vaivén de las olas, o del viento que roza la naturaleza salvaje que aflora en sus creaciones.

Creaciones inventadas a su antojo, con pinceladas de una luz que maneja con un dominio pleno, hasta inundar sus paisajes de una paz absoluta. Son los espacios de su memoria, lo de un imaginario pictórico que se regodea en el paisaje marino, y que ahora lucen desde otra perspectiva en la sala Benot.

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