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Acercamiento práctico al mundo de los 'Premios Búfalo' y los cuentos clonados

Fernando iwasaki. escritor

Pintxos y korokkes, jesuitas y ninjas, Sevilla, Betis y los japoneses de Coria del Río se mezclan en el último título de Iwasaki, 'España, aparta de mí estos premios', publicado por Páginas de Espuma

Fernando Iwasaki quiere "romper una lanza por la complicidad humorística".
Pilar Vera / Cádiz

16 de noviembre 2009 - 05:00

Entre los consejos para el Concursante Consuetudinario que Fernando Iwasaki (Lima, 1961) apunta en su último libro se encuentra: "Escribe un cuento que sea como una célula madre que puedas clonar para cada concurso". Un cuento camaleónico, capaz de adaptarse tanto a un certamen de Bajo de Guía como a un premio de narrativa gastronómica. ¿Imposible? En absoluto. Eso es, al menos, lo que el escritor demuestra con retranca y elasticidad en España, aparta de mí estos premios: un conjunto de relatos que parten de una misma estructura y que son capaces de unir, en siete tomas, japoneses al borde de un ataque de nervios y españolísimos topónimos invadidos de fiebre nipona.

-Recupera la definición de 'Premios Búfalo' que Roberto Bolaño hacía de algunos certámenes literarios: premios que el "piel roja" ha de salir a buscar. ¿Cómo se le ha dado a usted la caza?

-La expresión acuñada por Bolaño se me antoja tan maravillosa, que he querido rescatarla para darle sentido al libro. Los únicos premios de relatos que he ganado en mi vida los he conseguido en Perú, donde en lugar de 'Premios Búfalo' tenemos 'Premios Hámster', porque somos un país pobre y a falta de dinero bueno es el prestigio. No obstante, en España sí he ganado premios de ensayo, que suponen jugar en otra liga que no es la misma que la de la ficción. Así que, a los cazadores de premios les aconsejaría que se pasen al ensayo.

-En varios de los relatos de España, aparta de mí estos premios, aparecen distintos realities que actúan como catalizadores de una situación rocambolesca. ¿Cuál de estos programas despierta más su curiosidad?

-Después de Farenheit 451, la única dictadura que prohíbe la lectura es la de Gran Hermano, donde está prohibido que los concursantes lean. Creo que es la mejor expresión del grado cero de la incultura. Y encima hay que aguantar que nos digan que se trata de un documental. Cuando era niño existían documentales sobre animales en libertad, pero ahora que soy adulto existen documentales sobre seres humanos en cautiverio. Es evidente que vamos a peor.

-Las bases de los concursos que aparecen el libro -inventados, pero tan reales- traslucen un inevitable ombliguismo, ya sea por la patria chica o por las filias chicas. ¿Tan necesitados estamos de autobombo?

-Yo no lo vería tanto por el autobombo, como por ese concepto tan curioso que han creado los gurús del márketing y que es la "visibilidad". Gracias a los premios muchos municipios alcanzan una visibilidad internacional estupenda, que luego se consolida cuando escritores latinoamericanos ganan esos premios. Pero cuando los premios los ganan otros buenos escritores españoles, crece el prestigio de los premios. La verdad es que los 'Premios Búfalo' cumplen una función muy positiva, pues gracias a ellos se consolidó la carrera de narradores que aprecio y admiro como Félix Palma, Juan Manuel de Prada, Luis Leante o el propio Roberto Bolaño.

-Imagine que recibe un galardón del Ayuntamiento de Guarromán -por poner un ejemplo-. ¿Cómo haría para convencernos de que no es un relato clonado? ¿O haría de la falta una virtud?

-A mí lo que me haría ilusión es ser jurado del premio de Guarromán, porque no me veo presentándome a ningún 'Premio Búfalo' de relatos. Creo que otros compañeros disfrutarían más que yo y lo correcto por mi parte es dejar de competir en esas ligas.

-Dice escribir siempre para "la España que sabe reírse de sí misma". Quizá sea esa nuestra división más sangrante.

-Siempre hay dos Españas, en la política y en la religión o en el fútbol y en los toros. Pero como todas esas divisiones son proyecciones ideológicas o estéticas, he preferido trasladar la bipolaridad al terreno del humor, donde puede ocurrir que coincidan dos personas opuestas en su pensamiento aunque afines en el sentimiento. Por lo tanto, rompo una lanza por la complicidad humorística.

-Hipólito G. Navarro, ¿es el perejil de todas las salsas?

-Poli es puro jamón de pata negra y uno de mis mejores amigos. A Poli fue al único escritor que le anuncié que estaría en todos los jurados, precisamente porque somos amigos y tiene un gran sentido del humor. Me encantaría que presidiera ese jurado del premio de Guarromán.

-En el Decálogo del Concursante Consuetudinario que aparece en el libro aconseja presentarse con "pseudónimos femeninos y sugerentes". ¿En serio?

-Porque hay que aprovechar el tirón de la discriminación positiva. En algunos jurados de 'Premios Búfalo' he sido testigo de la voluntad institucional de premiar a escritoras, deseo harto complicado de satisfacer cuando los concursantes y concursantas son anónimos y anónimas. Me parece tan divertido, que siempre lo recomiendo. Si antaño las escritoras se ponían seudónimos masculinos para ser publicadas, dentro de dos telediarios los escritores se pondrán seudónimos femeninos para ser publicados.

-En el punto ocho del Decálogo comenta que todos los miembros del jurado habrán leído a Mann o Faulkner, y que ahora incluso están leyendo a Auster: "Si quieres parecer marciano, cita a Jardiel, Cunqueiro, Camba o Wescenlao". Es cierto que, puestos a enterrar, nadie nos gana.

-Soy de los que piensan que si Alvaro Cunqueiro o Fernando Quiñones hubieran sido franceses o italianos, aquí serían autores de culto. Y no hay que remontarse a épocas tan lejanas. ¿Por qué no se habla más de la obra de Juan García Hortelano?

-Entre los próximos títulos que proyecta se encuentra El Panteón de los Próceres, una guía de peruanos inverosímiles. Ya había alguno en las Inquisiciones Peruanas. ¿Algún heterodoxo por el que sienta especial simpatía?

-En el próximo libro todos los peruanos inverosímiles serán inventados, pero voy a citar a uno de carne y hueso: el poeta José Eufemio Lora y Lora, "negro" de Rubén Darío, amiguete de Alejandro Sawa y que murió atropellado por el metro de París con una cogorza en lo alto.

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