Provincia de Cádiz

"No quiero que mi hijo pierda la ilusión por la Navidad"

  • La joven jerezana que las pasadas fiestas perdió un ojo a causa del impacto de un cohete habla un año después de lo sucedido y de unas fechas que ya no serán las mismas

"Si Dios me ha dado esto es por algo. Seguro que ya me dará otra cosa mejor". Ésta es la esperanza que le queda a Rocío Vázquez después de que el pasado 31 de diciembre un cohete le sesgara 'media vida' y le arrancara de cuajo el ojo izquierdo, en la misma puerta de su casa de Los Albarizones. "Dentro de lo malo me encuentro bien, pero ya se está acercando el día y estoy muy nerviosa", cuenta Rocío, de 25 años, con un hijo, Raúl, de 8 años.

Rocío no quiere las Navidades ni en pintura. Si le echa más ganas a estas Fiestas es por su hijo, "porque no quiero que pierda la ilusión como la he perdido yo. Aunque lo noto triste. Mi hijo me dice que para qué vamos a poner el árbol si luego lo vamos a quitar. Sólo quiere estar conmigo y no le apetece hacer muchas cosas ahora. Está como distraído". Rocío echa un vistazo atrás y recuerda el verano, "que ha sido horrible, no he pisado la playa para nada. Mi madre ha perdido 33 kilos con los nervios, está sequita. Y mi padre llora a escondidas. Igual que yo para no hacer sufrir a nadie. Me harto de llorar y así se me pasa un poco todo esto".

La joven jerezana tiene miedo, más si cabe, porque ahora debe enfrentarse a una complicada operación en Madrid, que le supondría la reconstrucción del rostro y el implante de un ojo de cristal que tanto desea. Hasta allí se fue en coche, ida y vuelta, manos al volante, para buscar una solución. "No sé si lo voy a hacer, quizás más adelante. Ya he pasado mucho tiempo ingresada, cuatro meses, y no quiero dejar a mi hijo más solo", cuenta. "Estoy yendo además -añade- a rehabilitación, donde me dan masajes y me ponen un aparato en la boca para que pueda ir abriéndola más poco a poco. También he perdido el oído izquierdo". Meses atrás intentaron colocarle una prótesis, pero se caía. Es necesaria esa temida operación para implantarla. "Mi sobrino de cuatro años me dice que me van a poner el ojo más bonito que existe, pero el verde", (sonríe Rocío mientras lo cuenta).

La joven se ha dejado el pelo suelto para la entrevista. Dice que no le gusta este cambio, que se siente más cómoda con sus rizos recogidos en una cola. "¡Qué guapa estás Rocío!", le dice su hermana María de los Ángeles, de 29 años. La familia se ha volcado, y se vuelca con ella. Y su pareja. La animan a que salga y se arregle, tal como ha hecho para hablar con este Diario.

"Ahora he vuelto a estudiar lo que realmente me gusta que es Auxiliar de Enfermería. Me encanta, es algo vocacional. De hecho quiero ser voluntaria en algún centro. Yo me ofrezco a ayudar a las personas que están enfermas. Desde luego, todo lo que pueda dar lo voy a dar. No pido nada a cambio".

El hijo de Rocío, al igual que ella, se pregunta quién le ha hecho esto a su madre. Una investigación que sigue su curso y, según la joven, la Policía está tomando declaración de nuevo a los implicados, de hecho, la barriada está ahora más controlada que nunca. "Mi niño pregunta muchas cosas, como si tengo que ir más veces al médico. Tiene miedo de que no vaya a volver por todo el tiempo que pasé ingresada. Es muy callado, pero es el primero que está ahí. Me anima y me obliga a que salgamos. Una cosa que le encanta es la iglesia, la de La Granja" (donde reside con su pareja y el pequeño).

Ya no se escuchan ni petardos ni cohetes en Los Albarizones, "y que ni se oigan porque te aseguro que llamo a la Policía. No quiero que le pase a nadie más lo que me ha pasado a mí, porque puede ser que esta vez hasta no lo cuente". Allí pasa los fines de semana, con sus padres. Los vecinos tampoco tienen ganas de fiesta este año. No hay sonidos de zambombas y panderetas. "Cuando lo normal es que todo este jaleo empiece un mes antes", dice María de los Ángeles.

Rocío tiene recuerdos para el joven que semanas atrás perdió un ojo a causa de una pelea en el 'botellódromo'. "Vamos a quedar para tomar café. Quiero decirle que la vida sigue, que no pierda las esperanzas. Quiero darle ánimos y asegurarle que esto no es el fin del mundo y da igual que nos mire la gente. Que hay que levantarse, mirarse al espejo y echar para delante. Esto ha sido un golpe muy grande, yo que siempre he sido tan normal y no me he metido con nadie".

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