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A propósito del galeón 'San José'

EL SEXTANTE DEL COMANDANTE

Mucho por hacer. El hallazgo por parte de Colombia de los restos de un buque español que se hundió en sus aguas reabre el debate de lo que puede hacer España para recuperar sus tesoros

A propósito del galeón 'San José'
Luis Mollá Ayuso

26 de diciembre 2015 - 01:00

El descubrimiento por Colombia a finales de noviembre de lo que podrían ser los restos del galeón español SanJosé y su valioso cargamento han vuelto a poner de actualidad la confusión que hay en las relaciones internacionales en materia de recuperación del patrimonio sumergido. El galeón fue encontrado en 1981 por una empresa cazatesoros norteamericana, la Sea Search Armada, y tras un largo litigio un juez estadounidense falló a favor de Colombia en 2011, a pesar de lo cual la SSA no lo da por perdido.

Junto a otros barcos de la Flota de Indias, el SanJosé zarpó de Portobelo en mayo de 1708 y puso rumbo a Cartagena de Indias con un cargamento valorado en once millones de pesos de la época, unos 10.000 millones de euros a fecha de hoy. Descubierta por un grupo de navíos ingleses, la flota fue atacada y el SanJosé hundido en aguas que hoy pertenecen a la jurisdicción colombiana.

Es importante destacar que el ataque inglés se llevó a cabo en el contexto de la Guerra de Sucesión española, por lo que en términos de Derecho de la Guerra sería considerado un ataque justificado, diferencia notable con el ataque sufrido por la fragata Mercedes casi cien años después sin declaración de guerra previa, y es que de manera intuitiva el hallazgo del SanJosé ha movido a muchos españoles a la comparación con el de la Mercedes, expoliada hace unos años por otra empresa cazatesoros también norteamericana, la ya famosa Odyssey Marine Exploration.

El Derecho Marítimo Internacional es uno de los más enrevesados que existe. Podría decirse que su marco regulador es el Convenio Internacional de Jamaica firmado en 1982. Sin embargo su aplicación es muy reducida dado que no todos los países lo firmaron (Estados Unidos) y de entre los que sí lo hicieron, no todos lo ratificaron (Colombia). Hoy las actuaciones en este campo se someten al Convenio de Patrimonio Subacuático de la Unesco, firmado en París en 2001 y que tampoco cuenta con la firma de Colombia. En el caso de que uno de dos supuestos países litigantes no lo hubiera firmado o ratificado, habría que recurrir a los convenios bilaterales, cosa que España tiene suscrito con los Estados Unidos, lo que ayudó a que un juez norteamericano nos diese la razón en el caso de la Mercedes, pero no con Colombia, lo que hace prácticamente imposible que llegáramos a un acuerdo con este país sobre un barco hundido en aguas en las que Colombia es hoy plenamente soberana.

Hagamos, no obstante, un ejercicio de imaginación. Supongamos que en un arranque de generosidad el presidente del Gobierno colombiano reconociera que el pecio y todo lo que contiene pertenece a España e invitara a su homólogo español a rastrear las aguas jurisdiccionales colombianas, para, una vez encontrado, rescatarlo y traerlo de vuelta a España. Ese generoso detalle onírico nos llevaría a una situación bastante embarazosa en la realidad, porque ni tenemos medios para buscar el tesoro ni, según la profundidad a que se encuentre, para rescatarlo. Y, para colmo, tampoco creo que tuviéramos una idea clara sobre qué hacer con el tesoro, como sucede hoy con el medio millón de monedas de la Mercedes.

En 2005, siendo el que suscribe jefe de estado mayor de una agrupación naval multinacional en el océano Índico, recalamos en la capital de Omán, donde una noche, después de cenar, terminamos tomando una copa en un pub en el que se exhibían parte del millón de monedas de plata rescatadas del fondo del mar por una empresa local, después de que un buque de carga norteamericano fuera hundido en la zona por un submarino alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Las monedas rescatadas estaban a la venta con su correspondiente certificado de autenticidad para que pudieran ser exhibidas en los hogares de los compradores, una forma interesante de hacer cultura y de paso conseguir un dinero con el que España, utilizando del mismo modo el ochenta por ciento del tesoro de la Mercedes, podría acometer la compra o construcción de un buque de rescate submarino para localizar y recuperar el patrimonio propio, probablemente el mayor de cuantos países tienen buques hundidos en sus aguas y fuera de ellas. Con el otro veinte por ciento quedarían monedas suficientes para exhibirlas en todos los museos del mundo que lo solicitaran, dando por bueno que estos hallazgos submarinos deben considerarse patrimonio de la humanidad.

Con una buena capacidad operativa y la necesaria coordinación de las autonomías con el Gobierno central, España podría liderar el ranking mundial de recuperación de pecios con un beneficio económico y cultural inimaginable. Con la capacidad necesaria se podría gestionar la cooperación con otros países para recuperar barcos hundidos de alto valor histórico y patrimonial dentro y más allá de nuestras 200 millas de Zona Económica Exclusiva. El SanJosé en Colombia y el NuestraSeñoradelJuncal en el Golfo de México son sólo dos ejemplos, y conviene recordar que Jacques Cousteau empezó con un pequeño dragaminas excedente de la Marina Francesa que el popular explorador francés universalizó con el nombre de Calypso. En cuanto al modus operandi, ya está funcionando en nuestro país una comisión interministerial que gestiona el uso y manejo de los buques LasPalmas y Hespérides, que acometen todos los años una serie de campañas científicas en aguas de la Antártida y otros mares, y cuyos resultados sitúan a nuestra Armada y a nuestros militares y científicos en la cima del mundo de la investigación marina. Una solución de este tipo, por otra parte, ahuyentaría a los lobos del mar que hoy por hoy siguen aprovechando la incapacidad de los países soberanos a la hora de gestionar lo que es suyo por herencia o derecho propio, aunque tampoco conviene olvidar que el derecho sin capacidad ni fuerza es sólo una falacia.

Aprovecho mis últimas letras del año para honrar la memoria de los 600 marinos españoles que se hundieron con el SanJosé y de los que únicamente sobrevivieron once, aunque, lamentablemente, su sacrificio, acostumbrados hoy a valorar el patrimonio exclusivamente en metálico, no parece importar a nadie. Gloria a ellos y felices fiestas a todos.

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