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El prêt-à porter del narcotráfico llega a Cádiz

La provincia, histórica puerta de entrada de hachís y cocaína, afronta el auge de las drogas de diseño, un mercado cambiante que complica la respuesta policial y sanitaria

Narcolanchas en Cádiz: El peligro viene del mar

Ilustración. / Miguel Guillén

A finales de los años 60, cuando el movimiento hippie enarboló la bandera del haz el amor y no la guerra, un químico estadounidense con pintas de científico loco llamado Alexander Shulgin desarrolló compuestos psicotrópicos como el MDMA. Su intención no era llenar las calles de pirulas sino avanzar en investigaciones científicas y psicofarmacológicas. El éxtasis, es decir, el MDMA, fue sintetizado por primera vez en 1912 por la farmacéutica alemana Bayer como posible intermediario químico, no como una droga recreativa que pusiera a pegar brincos a millones de personas como si estuvieran en un congreso de saltimbanquis. Sin embargo, un siglo después genera auténticos quebraderos de cabeza entre quienes luchan contra el narcotráfico.

Históricamente Cádiz figura como uno de los puntos calientes de entrada de estupefacientes en Europa. Si primero fue el hachís y luego la cocaína sudamericana, ahora la provincia se enfrenta a un fenómeno más difuso y difícil de cuantificar pero cada vez más visible: el auge de las drogas de diseño. Hablamos de sustancias sintéticas que no provienen de cultivos como el hachís o la coca tradicional, sino que se cocinan en laboratorios, con variados efectos y riesgos. El aumento del tránsito de droga hacia Europa y la propia transformación de los mercados criminales sitúan a Cádiz al filo de una nueva etapa en el mapa mundial del narcotráfico.

En 2024, en España se incautaron 123 toneladas de cocaína, una cifra récord que la consolida como principal punto de entrada de esta sustancia en Europa. Solo en el Campo de Gibraltar, con el Puerto de Algeciras como estandarte, las fuerzas de seguridad intervinieron más de 264.000 kilos de droga (incluyendo hachís y marihuana). Cádiz concentra una parte desproporcionada de la actividad del narco; por ejemplo, en periodos recientes llegó a representar el 71% de toda la cocaína aprehendida en Andalucía.

Aunque esas cifras corresponden a drogas clásicas, en las estadísticas de incautaciones y dispositivos antidroga también aparecen sustancias sintéticas cada vez con mayor frecuencia. Operativos en 2025 han mostrado cómo las incautaciones de éxtasis, la droga de diseño sintética por excelencia, se producen incluso en fiestas y ferias locales. En la Feria del Caballo de Jerez se detuvo a varias personas con 78 gramos de MDMA distribuidos en puntos de ocio juvenil. En junio de 2024, en Chiclana, un hombre fue condenado por portar más de 120 gramos de droga de diseño destinados a la venta en un contexto social. Más recientemente, coincidiendo con la última Nochevieja, varios controles de la Guardia Civil descubrieron drogas de diseño que eran transportadas hacia la Sierra.

En operativos recientes ya aparecen MDMA, catinonas sintéticas o tusi, la cocaína rosa

El término drogas de diseño engloba sustancias sintéticas producidas artificialmente para imitar efectos de clásicos o generar sensaciones nuevas, potentes y peligrosas, y que no siempre están controladas por los tratados más antiguos. En Europa, los sistemas de alerta temprana identifican nuevas categorías cada año, como cannabinoides sintéticos, catinonas sintéticas, opioides novedosos (a menudo más potentes que la heroína o el fentanilo) y otras moléculas recreativas.

Las drogas de diseño que han circulado o pueden encontrarse en España y Europa actualmente son: MDMA (éxtasis), un estimulante y empatógeno típico de fiestas y ocio nocturno; catinonas sintéticas, estimulantes derivados de la planta del khat, con efectos parecidos a anfetaminas; semi-sintéticos cannabinoides, compuestos que imitan o superan los efectos del THC y que han generado alertas sanitarias; opioides sintéticos y derivados del fentanilo, aunque todavía con menor presencia que en EEUU, que ya son identificados como una amenaza en Europa por su potencia extrema y su nivel de adicción; o tusi, conocida como cocaína rosa, una mezcla de sustancias psicoactivas que ha circulado en fiestas recreativas y puede tener efectos impredecibles entre sus consumidores.

Este catálogo, diverso y constantemente renovado por químicos y redes clandestinas, complica enormemente tanto la acción policial como las estrategias de prevención sanitaria. “Tenemos que estar muy atentos para dar con ellas. Cambian constantemente y tienen unos efectos peligrosos y desconocidos, pero hay consumidores muy jóvenes, muy atrevidos, dispuestos a hacer de conejillos de indias”, dice un agente de la Guardia Civil asiduo en este tipo de controles.

ncautación de éxtasis por valor de 31 millones de euros en un laboratorio clandestino de Cataluña el pasado mes de julio.

Las drogas de diseño no siguen un único patrón de distribución. A diferencia del hachís procedente del norte de África o la cocaína sudamericana, las sustancias sintéticas suelen entrar a través de puertos y aeropuertos europeos, muchas veces ocultas en contenedores de mercancías o paquetería internacional, pero, cada vez más, llegan al consumidor a través de la dark web aprovechando la logística de la paquetería. Aunque los datos directos sobre rutas concretas hacia Cádiz son escasos, la dinámica global de estas sustancias indica flujos desde Asia o dentro de la propia Unión Europea. Y una vez que han entrado en la corriente sanguínea de la sociedad se distribuye en puntos de ocio y festivales locales, donde jóvenes consumidores se enfrentan cada vez con una oferta más variada, no siempre etiquetada ni analizada químicamente.

En el caso de Cádiz, el aumento en el tráfico de cocaína por narcolanchas y embarcaciones de alta velocidad en la costa —con cientos de avistamientos en la desembocadura del Guadalquivir y las playas de La Janda— refleja la importancia geográfica de la provincia como puente del tráfico.

Precios y mercado local

A diferencia de las drogas clásicas, que mantienen sus precios con cierta estabilidad desde hace años, las de diseño tienen precios muy variables: un gramo de MDMA puede costar unos 30 euros en el mercado negro, mientras que mezclas como el tusi o preparados sintéticos complejos pueden alcanzar precios más altos o más bajos dependiendo de su pureza y demanda, aunque datos precisos locales son difíciles de determinar.

En ocasiones, la accesibilidad baja en entornos de fiesta multitudinaria o botellones donde las dosis se venden por cinco o diez euros, lo que aumenta su alcance entre jóvenes consumidores y agrava su impacto sanitario.

¿Un problema invisible?

Para los expertos en la materia, el avance de las drogas de diseño plantea dos problemas: la seguridad pública, con redes criminales que explotan espacios de ocio y sociabilidad juvenil; y la salud pública, con sustancias de potencia desconocida, mezclas químicas imprevistas y riesgos de sobredosis o efectos adversos graves. Organismos europeos y españoles han intensificado sistemas de alerta temprana para detectar nuevas sustancias, pero la velocidad con que aparecen nuevos compuestos supera a menudo los mecanismos de control.

Así pues, Cádiz, castigada desde hace décadas y superpoblada por clanes de narcos, afronta también ahora la complejidad de un mercado ilegal que ya no es solo clásico. Agentes implicados en la lucha antidroga consideran que la presencia de drogas de diseño exige una respuesta policíaca articulada con prevención sanitaria, análisis de sustancias en fiestas y comunicación comunitaria para evitar que la generación joven pague un precio demasiado alto por una epidemia que algunas estadísticas aún no registran del todo.

Algunas administraciones españolas ya han puesto en marcha campañas de concienciación sobre prácticas asociadas a drogas —por ejemplo, aquellas combinadas con sexo (chemsex) —incidiendo en los riesgos y en el acceso a apoyo especializado.

El auge de las drogas de diseño no es solo una estadística. Tampoco en Cádiz. Tras los números, hay historias individuales, patrones sociales y decisiones políticas que requieren un enfoque integral: información clara, atención sanitaria accesible, prevención educativa y políticas públicas coordinadas. De lo contrario, otra epidemia se cernirá sobre la provincia.

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