El nuevo parado es hombre, joven, del ladrillo y con formación media
Los balances mensuales por grandes áreas económicas 'esconden' una grave realidad: la construcción tiene ya el doble de desempleados que la hostelería y es el sector con más demandantes de la provincia
Mes a mes, el Inem arroja un nuevo jarro de agua fría sobre el mercado laboral gaditano. El paro sube, y sube, y ni siquiera el verano supuso un alivio para las abultadas listas del desempleo de la provincia. El aluvión de nuevos desocupados empezó a fraguarse en verano de 2007, cuando la economía dio las primeras boqueadas por la asfixia financiera. El efecto de esta larga escalada es doble: uno cuantitativo, ya conocido y contado, relativo a la subida hasta los 139.546 desocupados alcanzado en octubre, casi un 34% más que el año pasado; y otro cualitativo, menos explorado, basado en un cambio del perfil de los parados en Cádiz.
Y es que la crisis no se ha cebado por igual con todos los sectores de la sociedad. El nuevo parado es mayoritaria hombre, menor de 39 años, claramente vinculado a la construcción, con formación media y un periodo de alta en el SAE de entre uno y seis meses.
Es hombre porque ha encajado en solitario el golpe de la caída del ladrillo y ha compartido con la mujer el del inmobiliario. Hay un 58,5% más de varones en el paro (22.900) por un 19,5% más de mujeres (12.676). Es decir, dos de cada tres nuevos desocupados son varones. Curiosamente, esta situación ha propiciado lo que la Administración ha perseguido durante años: reducir la brecha entre ambos sexos. En 2007, había un 65,5% más de mujeres inscritas en el SAE. Hoy la diferencia se ha estrechado hasta un 25%.
El ámbito de actividad predominante es indiscutible: la construcción. Esta actividad genera ya el doble de parados que la hostelería (26.500 frente a 11.600) y se ha consolidado como el nicho de mayor desempleo de la provincia junto al colectivo denominado Sin Empleo Anterior, SEA (29.860). El primero se ha convertido en la principal cruz laboral de los hombres, con el 39,3% de los demandantes, mientras que al SEA está adscrito el 31,9% de las mujeres.
Pero, mientras la misma distribución de desempleadas se ha mantenido igual (SEA, inmobiliarias y comercio), la masculina se ha modificado completamente durante el último ejercicio a causa de los vaivenes económicos: en 2007 el orden era construcción (32,1%), industria (12,4%) e inmobiliarias (10,9%); en la actualidad se ha agudizado la sangría de profesionales, tanto básicos como cualificados, expulsados de la construcción (con siete puntos más que en 2007), pero, además, las inmobiliarias ya son ya el segundo mayor foco (10,5%) y el tercero es el colectivo SEA. La industria ha desaparecido así de entre las ocupaciones más desempleadas y en su lugar se ha colado un personal sin experiencia laboral -jóvenes, en su mayoría- que podría haberse visto forzado a salir al mercado laboral ante la falta de otros ingresos en el hogar.
Una consecuencia directa de estas oscilaciones es el rejuvenecimiento de la población parada. Más de la mitad no pasa de los 39 años y el grupo de edad que ha registrado mayor aumento es el de los menores de 29 años.
Otro fenómeno llamativo es que la cascada de bajas laborales se ha cebado con los profesionales de cualificación media (Estudios Generales y FP), de modo que este grupo llega ya a absorber casi el 75% de los desocupados. El segundo es, a mucha distancia, el de estudios primarios incompletos y el tercero, el de estudios superiores. En este último subsector cabe destacar la disparidad entre hombres y mujeres: por cada cien desocupados varones, hay 6,2 titulados superiores, mientras que por cada 100 féminas son 11,7.
La conclusión ante estos datos es que, irónicamente, el valle económico ha traído consigo un parado de mejor calidad y con un mayor grado de ocupabilidad. Según la calificación del INEM, el 55,8% de los desocupados de Cádiz tiene alta o media capacidad para volver al mercado laboral. Son seis puntos más que hace un año y deben anotarse en el casillero de los hombres, porque, pese a la mejoría, las mujeres siguen menos favorecidas (con sólo un 49,8% con probabilidad positiva), mientras que los hombres llegan al 63,5%, siete puntos más que en 2007.
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