“O creamos confianza o no habrá nunca una Andalucía sin paro”
IV Premio Federico Joly | Luis Isasi
Luis Isasi destaca la cultura del esfuerzo y la educación como valores imperecederos
“Lo único que hice en Morgan Stanley fue contratar a gente mejor que yo; crear equipo”
“El empresario multiplica la confianza y genera empleo, por esto tenemos que ayudarle”
En un tiempo repleto de incertidumbres, con el mundo amenazado desde hace meses por una monstruosa pandemia de varias cabezas, Luis Isasi, presidente del Banco Santander España, regaló ayer una clase maestra con recetas sobre economía, psicología, amor, respeto, esfuerzo, resistencia, solidaridad... Fue un discurso tan personal, tan íntimo, que dolió por momentos. De figura sobria y humor fino, este jerezano trotamundos, nacido en 1956 a la sombra de las murallas de su tierra, banquero en Nueva York que ganó su primer jornal tras vendimiar viñas por 500 pesetas diarias, inició su intervención dando las gracias “a todas las personas que me han ayudado en la vida”, pero, sobre todo, a las enseñanzas de sus padres, Marili y Luis, “y al apoyo, cariño, amor y paciencia de María Guerrero Pemán, mi mujer”.
María nació en la casa de su abuelo, José María Pemán. “Donde se ha retirado la placa conmemorativa. Querría pedir respetuosamente al alcalde de Cádiz que por favor la restituya a su sitio original, a la calle Isabel La Católica, que es donde le corresponde estar”, dijo, de manera humilde pero rotunda ante un espontáneo y atronador aplauso. “Simplemente que escuche el clamor de una mayoría de gaditanos que piden lo mismo”, incidió.
Luis Isasi Fernández de Bobadilla acudió al Parador Atlántico de la capital gaditana para recibir el IV Premio Federico Joly, creado por Diario de Cádiz con motivo de su 150 aniversario, y patrocinado por la Fundación Unicaja. El presidente del Grupo Joly fue el encargado de hacerle entrega del galardón, junto al presidente de la Fundación, Braulio Medel.
Con la experiencia que le otorga haber trabajado durante 33 años en firmas del prestigio de Morgan Stanley o ser actualmente presidente no ejecutivo del Consejo de Santander España, Isasi realizó una intervención para el recuerdo, cargada de vivencias y motivación para generaciones venideras. Porque, según reconoció, durante su larga trayectoria ha aprendido muchas cosas, pero algunas son claves. “La primera es que hay que escuchar mucho y hablar poco; la segunda, que a partir de los 35 años es casi imposible cambiar a nadie, y menos a tu jefe o a tu cónyuge; la tercera, que siempre hay que contratar a gente mejor que tú, y decirles que hagan lo mismo, crearás un fantástico equipo”. Habló de la importancia de la psicología, de entender a las personas, de la empatía, recordó lo que aprendió de un directivo de Morgan Stanley que le repetía sin cesar: “La complacencia es nuestra enemiga y los egos matan las carreras de los buenos dirigentes”. Y ofreció algunas recetas para alcanzar el éxito, como por ejemplo “que la peor gestión es la que no se hace”, que es necesario trabajar en equipo, que solo no eres nada. “Si algo sale mal y eres el jefe la culpa es tuya, y si sale bien el mérito es del equipo, nunca te pongas delante del éxito, nunca es tuyo”, dijo.
Recomendó Isasi tener visión a largo plazo, no ser cortoplacista, a la vez que quiso valorar la figura del empresario, de los generadores de empleo. “He tratado con fantásticos empresarios en este país, fundadores de empresas, de empresas familiares. La figura del emprendedor y del empresario familiar son la fuente de riqueza y del empleo en toda la sociedad y en este país. El empresario no es tal sin muchas cosas que he dicho antes, sacrificio, tesón, constancia, tenacidad, esfuerzo diario y familia. El empresario crea empleo y multiplica la confianza. Por esto tenemos que mimarlo y ayudarlo, al empresario y a la iniciativa privada. El sector público, cuando colabora con el privado, crea un entorno inmejorable para la confianza, es la confianza la que atrae la inversión, y eso es lo que sube el empleo y baja el paro, que es lo que necesitamos. La confianza crea inversión, la inversión crea empleo. No nos engañemos, si no creamos confianza no creamos inversión ni empleo. Por eso es importante que las leyes y los reglamentos de nuestros gobernantes ayuden a crear confianza e inversión. Y no lo contrario, incertidumbre y paro. O apoyamos a la iniciativa privada y a la empresa o no salimos del hoyo, o creamos confianza o no tendremos nunca una Andalucía sin paro”.
Luis habló de su Jerez natal, de como su bisabuelo emigró a pie con un borrico desde La Rioja o como la otra rama de la familia llegó desde el País Vasco. De su traslado a Madrid, donde estudió 11 años con los jesuitas, “que me enseñaron muchas cosas, entre ellas la importancia de tener una clara escala de valores en tu vida, la cultura del esfuerzo diario y constante tesón y fuerza de voluntad, y no la gratificación instantánea, que es lo que desgraciadamente abunda en la generación joven de hoy. También la preocupación por la justicia social, la importancia de la familia y su entorno como célula clave en tu vida y la importancia de la educación”. Insistió en que, ya en su época, “me sirvió muchísimo hablar inglés. Una de las cosas que estoy muy agradecido a nuestra madre es que se empeñó en que habláramos inglés desde chicos. Decía: duro que cojo, duro que me lo gastaré en educación”.
En un día tan especial recordó a profesores de Empresariales como Amparo Rubiales, Pepe Rodríguez de la Borbolla, Camilo Lebón, Guillermo Sierramolina, Manuel Olivencia, Manuel Clavero Arévalo y Manuel Ortigueira. Y también de cómo se ganaba la vida dando clases particulares, o su paso por la industria del cine con el rodaje de Ese oscuro objeto del deseo, de Luis Buñuel. “Mi trabajo era ser doble de luces, el trabajo más humillante del cine”, dijo. “Yo era el doble de Fernando Rey. 1.200 pesetas diarias. Seguí aprendiendo”.
Porque parece ser ese ansia por aprender, por descubrir cosas, el motor que ha movido su vida. Habló de como en 1980 le pidió matrimonio a su mujer antes de viajar a América con la promesa, aún incumplida, de volver a vivir a Sevilla o Jerez, de su paso por Abengoa, de su casa en la calle 115 del neoyorkino barrio de Hárlem, para añadir más pimienta a una vida ya bastante emocionante; de su traslado a Londres, donde superó 19 entrevistas antes de ser contratado. “No estaban seguros, pero lo conseguimos”. “Conseguí 11 ofertas y me fui a la que menos pagaba, que era el propio banco Morgan, que me daba 1 millón de pesetas al año. 6.000 euros. Mensaje: no te muevas por el dinero cuando aceptes un trabajo, que el dinero sea el cuarto o el quinto factor”.
“Lo único que hice en Morgan Stanley fue contratar a gente mejor que yo”, dijo para culminar una intervención memorable.
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