Un mes después aún arde el olor a cenizas
Se cumple un mes del gran incendio forestal que arrasó 167 hectáreas en El Cobre El sendero del río de la Miel no pierde afluencia, pero sí su mágico paisaje
Un mes ha pasado desde que se iluminara en mitad de la noche el cielo del Campo de Gibraltar con el incendio intencionado que eliminó de un plumazo 166,88 hectáreas de monte público, la mayoría dentro del parque natural Los Alcornocales en el Arroyo de la Miel. Hace un mes que se declaró y ya se estudian los planes de restauración, proyectos que tienen plazos marcados por ley y que se harán bajo un manto de olor a ceniza que aún impregna el conocido sendero del río de la Miel.
El incendio forestal de este enclave natural y turístico se saldó con la detención de un vecino de la Carretera del Cobre. La Guardia Civil logró identificar al supuesto autor, cuyas iniciales son J. C. S., de 56 años, y del cual muchos vecinos de la barriada se atreven a adivinar su nombre pero nadie a declararlo en alto. Y es que allí todos se conocen y ellos mismos, los que viven a pocos metros de ese sendero que hoy es un manto de cenizas, saben del gran valor que tiene lo quemado, ya no sólo natural, sino emocional.
Ajenos al paso de turistas que pululan por ese sendero, algunos italianos, ingleses o franceses ¿por qué no?, hay algecireños, siendo los menos los vecinos de la comarca que conocen este lugar. Un espacio único, un río que a la altura del antiguo molino del Águila, que hoy yace casi en ruinas, ofrece un paradisíaco conjunto de pozas de agua dulce, que para muchos pequeños se convierten en parques acuáticos naturales con piedras que emulan a toboganes y en las que es necesario, por si acaso, llevar calzado para bañarse.
Conforme se sube el carril de zahorra desde la entrada al sendero a la altura de la asociación de vecinos El Cobre, hasta que se alcanza el molino de Escalona -aún en activo-, tras un tramo andando de unos 25 minutos, empieza a verse el resultado del incendio. Siempre el negro tras las llamas está a la derecha, como si de un manto de sombras lo atrapase, mientras que a la izquierda permanece la viveza del verde.
Pasando el antiguo puente ya el senderista se topa de frente con las cenizas, y es justo atravesándolo cuando el olor a vegetación calcinada se hace más presente y ahí aparece el cartel que recuerda "peligro de incendio forestal". Conforme se camina el agua se deja sentir a la izquierda, siendo además visible su paso, y a la derecha se intuye el arduo trabajo que los efectivos del Plan Infoca tuvieron que desarrollar la noche del 24 de julio y madrugada del 25, ya que a pie de sendero van cayendo restos de cenizas, que conforman charcos negros por la humedad propia del terreno, ya que a pocos metros hay una fuente natural casi entre altares ennegrecidos.
Siguiendo el sendero, antes de llegar al molino del Águila, se plasma un espacio circular con una gran acumulación de cenizas y restos de botellas, totalmente calcinados, que dejan entrever que justo ahí, al alcance de la mano, pudo estar el inicio del incendio, tal y como advirtió la Brigada de Investigación de Incendios Forestales (BIIF).
Conforme se continúa el camino sigue acompañando a la derecha al senderista el terreno quemado, una imagen que no se pierde hasta pasar la primera poza. Recortar que el incendio estuvo casi 24 horas activo y tardó en extinguirse una semana. Más de 250 profesionales trabajaron en tierra en él y 17 aeronaves.
El camino que se plantea ahora es el de la reforestación. El monte de Comares, que en 2013 sufrió la pérdida de 80 hectáreas, muy cerca precisamente de este último, ha contado este año con un proyecto de información e intervención voluntaria por parte de la Universidad de Cádiz (UCA). Otro de los precedentes más cercanos están en el gran incendio forestal que calcinó casi 500 hectáreas del parque natural del Estrecho, siendo la mayoría fincas de titularidad privada y por la que se exigió a los propietarios que se presentaran planes de rehabilitación de los mismos. Recordar que el plazo legal que se marca establece en ocho meses el tiempo para presentar el proyecto por cada propietario de las fincas calcinadas, ya sea de titularidad privada o pública.
Así, ahora empieza otro camino para los terrenos junto al sendero del río de la Miel, aunque probablemente ya nunca volverá a ser lo mismo, al menos para los que desde pequeños han andado y sentido estos caminos.
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