Los hosteleros piden "colaboración" a los fumadores para cumplir la nueva ley
La patronal prevé pérdidas de hasta el 10% y recuerda que la prohibición deberá aplicarse desde el "minuto uno" · El sector, resignado, admite que tendrá que efectuar una "labor policial"
Quedan dos días para la entrada en vigor de la reforma de la ley antitabaco pero esta cuenta atrás da paso a mucho más que la reforma de una ley. El domingo empieza el final de uno de los más arraigados hábitos sociales del país, el que vincula el humo a la reunión, a la pausa en el trabajo, al café de la mañana, al postre de mediodía y a la copa de la madrugada. Es el adiós al tabaco en los espacios públicos cerrados. Café, copa y puro, pero el último, usted elige, en la calle o en su casa.
El inminente cierre de los fumaderos mantiene en vilo al sector de la hostelería. Propietarios de bares y restaurantes temen pérdidas a cuenta de la modificación de la ley pero admiten que la prohibición es "taxativa" y deberá aplicarse desde el "minuto uno". Así lo subraya Antonio de María, presidente de la patronal provincial de hostelería y restauración Horeca (más de un millar de asociados): "No nos queda más que pedir la máxima colaboración a los fumadores".
Hay resignación en el sector y se puede palpar en un recorrido hostelero por el Paseo Marítimo de Cádiz. Éste corresponde al martes por la noche y tiene su primera parada en el restaurante Arte Serrano. El negocio dispone de espacio para varios cientos de comensales distribuidos en varios salones y es de los mayores de la provincia. Allí no hay nada "especial" preparado para el domingo. Llegado el momento, se colocarán carteles y se advertirá a los clientes. Francisco Renda, encargado del negocio, admite que será "difícil de explicar que la cosa ha cambiado" y prevé que su equipo no se sentirá muy cómodo en esa "labor policial".
En Arte Serrano se ejemplifica una de las mayores quejas contra la reforma de la ley. A finales de 2006, el propietario del negocio, Manuel Pérez, habilitó una zona para fumadores dentro del comedor para cumplir con las exigencias para locales de más de 100 metros cuadrados que marcaba la normativa aprobada entonces. El espacio libre de humos está separado del resto por mamparas de cristal y equipado con potentes extractores. Costó 18.000 euros. Renda asegura que la inversión no se ha amortizado, pese a lo concurrido del restaurante. "¿Y ahora qué?". Aquí no hay respuesta. El pequeño salón se mantendrá como un reservado, pero sin humos.
Horeca no dispone de cifras sobre el número de negocios que tuvieron que afrontar esta inversión. "Todos los de más de 100 metros cuadrados", apunta De María. Sin embargo, los restaurantes de esas dimensiones son una minoría en la provincia y muchos de ellos disponen de varias plantas, lo que ha permitido que puedan diferenciar espacios con gastos menores.
Otra historia son los restaurantes más pequeños, las cafeterías y los bares. Hace tres años, tuvieron que optar entre aceptar o no malos humos. De María recuerda que los pocos que prohibieron fumar, se vieron obligados a cambiar de parecer pocas semanas después ante el descenso "alarmante" de ventas. "Ahora será algo distinto: los clientes no tendrán alternativas", matiza el presidente de Horeca.
"¿La prohibición de fumar? Aquí no se habla de otra cosa". Responde Nacho Márquez, copropietario del Mandala, local muy animado en la calle Muñoz Arenillas. Este martes, sobre la una de la madrugada, hay quince clientes y fuman al menos cuatro. Él mismo apura un cigarro. "Es extraño, habrá que acostumbrarse, pero habrá que estar muy encima de la gente desde el principio. Si no se aplica la norma de forma exhaustiva, no tendrá éxito", opina el hostelero.
Márquez recuerda prohibiciones anteriores a las que hubo que adaptarse rápido, como la que fija los horarios de cierre o la que acabó con la posibilidad de sacar las copas fuera del local. "Entonces hubo sanciones. Ahora no podemos pasar por eso", señala.
El presidente de la patronal vaticina que "las reacciones de la noche" serán las más problemáticas. "La gente bebe y se envalentona. Si está en grupo, más. Habrá quien diga que no deja el cigarro. Habrá quien se esconda... Vaya usted a saber. Entonces habrá que llamar a la Policía para que quede constancia de que el empresario no admite que se fume en su local, porque nos pueden caer sanciones de hasta 10.000 euros. ¿Llegará la Policía? ¿Y si llega y el cliente ya ha apagado el cigarro? Al menos quedará el registro de la llamada telefónica... El relato es kafkiano".
En Iguana Moon, bar de copas en la calle Brasil, en la capital, charlan 34 personas y al menos nueve fuman mientras su propietario, Ramón Gómez, recoge copas de aquí y de allá. El hostelero advierte del incremento del ruido nocturno que puede producirse en torno a los bares cuando los clientes salgan a fumar fuera, dejando antes, claro, la copa en el local. Otra incertidumbre. Y para los camareros, un "descontrol". "Repartiremos post-it para que cada uno le ponga el nombre a su vaso", bromea Gómez, que se pone más serio al explica que "habrá gente (más, al principio) que dejará de venir".
Los vaticinios de la Federación Española de Hostelería apuntan que la facturación caerá alrededor de un 10% debido a la "menor frecuencia de las visitas" y a la "reducción del tiempo de estancia": un 7% en los restaurantes, un 10% en bares y cafeterías, y un 15% en locales de ocio nocturno. Un informe del Instituto de Estudios Económicos reseña la relevancia de la hostelería en la economía del país y pone sobre la mesa dos previsiones: a causa de la reforma de la normativa, las ventas en los negocios hosteleros caerán "entre un 5% y un 10%", mientras que el empleo se reducirá más de un 3%.
Para las más de cuarenta entidades del sector sanitario que integran el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo, estas previsiones de la hostelería "no son creíbles" porque "las cocina directamente la industria tabaquera", un lobby cuyo poder sólo se equipara a su bajo perfil público. El Comité antitabaco recuerda que la experiencia española a partir la Ley de 2006 descarta ahora previsiones tan alarmistas y augura que, en unos meses, la polémica desaparecerá como el humo.
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