Y Grazalema volvió a ser lo que era
El pueblo recupera el pulso después de llevarse la peor parte durante el último tren de borrascas en un puente de Andalucía en el que visitantes y curiosos llenan negocios y calles
Los últimos vecinos de Grazalema regresan a sus casas
Vecinos paseando, parkings completos, negocios llenos y terrazas ocupadas, todo bajo un sol radiante que invita incluso a quitarse el abrigo. Qué estampa tan diferente ofrecía este domingo el pueblo de Grazalema en comparación con las imágenes que abrieron telediarios nacionales hace poco más de un mes, en las que se mostraban calles convertidas en ríos por un episodio histórico de precipitaciones que obligó a desalojar a 1.700 residentes de la localidad serrana para asegurar que las intensas lluvias no habían ocasionado daños estructurales en sus casas.
De forma paulatina, los evacuados fueron regresando; los últimos, el pasado día 24. Y Grazalema, por fin, volvió a ser lo que era. Un municipio lleno de vida y de turistas donde, poco a poco, los vecinos recuperan el pulso después de haberse llevado la peor parte del último tren de borrascas. Durante este puente de Andalucía, la localidad ha abrazado a todos aquellos que han querido hacer una parada en sus remozadas calles para conocer in situ el resurgir de un pueblo que se tuvo que marchar con lo puesto y que ha vuelto con más fuerza si cabe para brindar su mejor versión.
Visitantes de Cádiz y de otras provincias próximas, como Sevilla o Málaga, se dejaban ver este domingo por Grazalema. Algunos, movidos por la curiosidad de conocer el estado actual tras el aguacero. Otros, la mayoría, para respaldar a comerciantes y hosteleros y dar un empujón a la economía local después de un episodio que los grazalemeños siguen calificando de inédito. "Hemos venido a echar el día, comer aquí y comprar productos típicos de la zona", comenta una familia malagueña que ha tenido que dejar el coche a la entrada del pueblo "porque era imposible aparcar por el centro".
En la Plaza de España, coronada por la Iglesia de la Aurora, bares y restaurantes apenas disponen de mesas libres y las que lo están es porque tienen el cartel de reservado a la espera de que lleguen sus comensales. El ambiente es tranquilo y agradable. Turistas y vecinos conviven en este punto neurálgico de la localidad en el que Marta Ángulo, una vendedora de la ONCE, se muestra satisfecha por la vuelta a la rutina. "La gente se está volcando con el pueblo, lo están levantando", asegura.
A esa misma plaza llegan al mediodía dos autobuses desde Sevilla que descargan a unos 70 pasajeros. Todos son extranjeros, sobre todo, franceses e italianos. De inmediato se pierden por las calles empinadas, recalan en alguna tienda y abren la cartera. Aún quedan algunos negocios cerrados, si bien gran parte de ellos han visto en este puente del 28F una oportunidad para reponerse. Carmen Moscoso, de la Quesería La Abuela Agustina, da cuenta de ello. "El miedo ya pasó y tenemos que seguir trabajando. El pueblo está precioso después de las lluvias y los visitantes se están dando cuenta de que es seguro venir", comenta.
La afluencia de turistas hubiese sido quizás mayor si todas las carreteras que llegan hasta Grazalema estuvieran abiertas. Actualmente permanece cerrada la vía que conecta el municipio con El Bosque, así como el Puerto de las Palomas, que enlaza con Zahara de la Sierra. Tampoco están habilitados todos los senderos y caminos rurales, lo que ha frenado en cierta medida al turismo de senderismo, un filón para Sierra de Cádiz.
En cualquier caso, el trasiego en la Oficina de Turismo de Grazalema es constante. Laura y Arantxa, dos de las técnicos que atienden al público este domingo, explican que la localidad ha recibido turistas "desde el primer día que se autorizó el regreso. Volvimos casi todos el día 16 de febrero y el 17 ya había usuarios en la oficina", destacan.
Alfonso Gómez, un vecino, observa desde un mirador el campo radiante de verde y señala un camino pedregoso. "Todo eso estaba lleno de agua y mirad ahora, ya está todo seco. Nos hacía falta este sol, aunque ahora parece que vienen lluvias otra vez", indica con escepticismo. "Esperemos que no volvamos a escuchar esos ruidos en la montaña", dice en alusión a los hidrosismos registrados tras los intensos temporales. "Lo importante es que todos estamos bien y que hemos vuelto a nuestras casas", remata.
En Grazalema volverá a llover y seguirá siendo el municipio más lluvioso de España. Y aunque sus vecinos nunca olvidarán el mes febrero de 2026, cuando el pueblo no pudo absorber más y el agua brotó desde dentro de sus casas, seguirán trabajando, como lo están haciendo ahora, por recobrar su vida cotidiana y secar ese recuerdo.
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