El Doñana que decidimos olvidar: las lluvias hacen resurgir la laguna de La Janda
Distintos colectivos organizan este domingo un recorrido por el sistema lagunar reivindicando su recuperación
La recuperación de la laguna de La Janda, paralizada por la inacción del Estado
El hombre de los pájaros. Lo que hoy conocemos como Doñana surgió en gran medida por el empeño de José Antonio Valverde: un biólogo que sabía que allí, entre poblados de arrozales de nueva colonización y proyectos de cotos de caza, había un tesoro que mantener –la historia, que es fascinante, la relata Jorge Molina en 'Todo era nuevo y salvaje' –. Lo que pocos saben es que Valverde estuvo a punto de escoger La Janda como escenario a vindicar: “Antes de la desecación –explica José López, de la plataforma Amigos de la Laguna La Janda– había aquí miles de gansos, grandes pajareras. Era el único sitio del sur de Europa donde criaban las grullas”. Al fin y al cabo, hablamos del mayor humedal de Europa, que abarcaba desde Medina hasta el Estrecho.
“Debió ser un sitio espectacular en el pasado –confirma el catedrático de la Facultad de Ciencias del Mar, Javier Benavente–. El estudio de grupos de arqueología que han trabajado allí demuestra que ha estado ocupado desde el Paleolítico: las pinturas rupestres de la zona muestran a menudo barcas y escenas relacionadas con esa gran laguna interior”.
Desde entonces, es cierto, la zona se fue colmatando, pero seguía manteniendo su carácter lagunar. Su eventual desecación siguió los designios de una época aún asustada por los casos de paludismo (palude es la palabra latina para humedal). “Más todavía –continúa Benavente– en tiempos de dictadura, y con una política de colonización y traslado de población”. A la laguna de La Janda se le cerraron los grifos (Almodóvar, Barbate y Celemín) y se le añadieron dos canales de evacuación. Con su desecación, se anuló un espacio con una importancia ecosistémica y de fauna enorme. Aun así, de tanto en tanto, la laguna recuerda quién fue, saca músculo y respira. Estas semanas, revivida por unas lluvias inusuales, La Janda despliega su auténtica naturaleza.
El tema de su reinundación va asomando y hundiéndose, como un Guadiana, desde hace 25 años: “Dependiendo de intereses políticos, de quién estuviera en el Gobierno y, también, de las subvenciones y precios de determinados productos agrícolas”, indica Benavente.
MUERTE POR BUROCRACIA
Este fin de semana, coincidiendo con el Día de Los Humedales, distintos colectivos han organizado una reivindicación por el futuro de la laguna. El domingo se realizará una marcha en las cercanías de la Sierra del Retín. A lo largo de aproximadamente un kilómetro –comunican desde Ecologistas en Acción– , los asistentes podrán observar la intensa transformación que está sufriendo este territorio por la implantación de cultivos intensivos de olivos y aguacates sobre las antiguas cubetas lagunares.
Finalizada la marcha, indican, se oficiará un “funeral simbólico por la laguna en las inmediaciones de la boca del túnel que, bajo la carretera N-340, permite el desagüe de la Janda hacia las marismas del Barbate”.
La gota que ha colmado el vaso de la laguna de La Janda, afirman los ecologistas, ha sido la actitud del Gobierno central que, tras reconocer el año pasado que la laguna era de Dominio Público Hidráulico, “ahora señala que es competencia de la Junta”. La administración autonómica, por su parte, había pasado la pelota a Madrid dado que el Dominio Público Hidráulico es competencia nacional. La última manifestación al respecto del Ministerio de Medio Ambiente es que, dado que el sistema es beneficiario del río Barbate, que es cuenca interna, su gestión corresponde a la Junta de Andalucía: “Pero la laguna de La Janda –apunta Lola Yllescas, de Ecologistas en Acción– es mucho más que una laguna dependiente de un río”.
Que la laguna es de Dominio Público Hidráulico se sabe, de hecho, desde 1967. “La administración de la época –comentan desde Amigos de La Janda– dio una serie de concesiones, que se distribuyeron entre pequeños parcelistas, para crear una zona de colonización. El espacio está ocupado por los antiguos concesionarios (ahora, grandes empresas) que siguen explotando agrícolamente el territorio”.
En opinión de José López, “aunque el Dominio Público sea del Estado, la gestión corresponde a la Junta”. A nivel administrativo, se abrió una investigación que concluyó que la sentencia del Tribunal Supremo en los sesenta era un mero deslinde para facilitar la desecación: “Un argumento –añade López–, que no tiene validez. En el decreto mismo de las concesiones se dice que los terrenos de dominio público volverían a serlo, pero nunca se llevó a la práctica”.
“Todas las respuestas que obtenemos para que se recupere de hecho la condición de Dominio Público de la laguna es que nos pasemos por la ventanilla cuatro”, coincide desde SEO-BirdLife, Jesús Pinilla. “Todo depende de a qué le quieras dar más relevancia, al interés público o privado, a lo partidista o a lo común– continúa–. En su momento, muchos de los intereses de explotación que había en Doñana se callaron porque el Ministerio puso los millones sobre la mesa, y todo el mundo pareció encantado. Lo que tiene que haber es voluntad”.
CONFLICTO DE INTERESES
Para Lola Yllescas, “topamos con los intereses de grandes terratenientes como Mora Figueroa o Domecq”. Desde Amigos de La Janda confirman que hay intereses económicos muy potentes y “ninguna administración quiere enfrentarse a esa patata caliente”. “Actualmente, tenemos muchísimas hectáreas de algodón que no se han recogido porque se han inundado, pero que sí son rentables por las subvenciones–prosigue José López–. Las Lomas es el mayor preceptor de la PAC de toda Europa. Zonas que eran aptas para el medioambiente, como los arrozales o los pastizales, van desapareciendo, y cada vez vemos más alineaciones de olivos y aguacates en intensivo: antes, estaban sólo en zonas periféricas, pero ahora las cubetas ya se están llenando con este tipo de cultivos. Los aprovechamientos agrícolas van a manos de grandes fincas que viven de la PAC y generan poquísima mano de obra, con una agricultura súper mecanizada y que ni siquiera tributa en Andalucía. Sólo beneficia a los grandes propietarios. La Janda no está muerta –sentencia–, se está muriendo”.
“Tenemos que considerar muy seriamente la cantidad de agua que tenemos en la provincia de Cádiz, y qué tipo de explotaciones tienen que tener una cuota y una reserva de agua concedidas por la Consejería –afirma Javier Benavente–. Qué derechos de agua tienen y cómo se están modificando, porque de esto no es que dependa La Janda: es que depende la pervivencia del resto de la provincia. Las sequías son cada vez más intensas, aunque ahora parezca que lo hemos olvidado, y las reservas se pierden enseguida”.
Para el especialista, debería haber una política de entendimiento, y pone como ejemplo algunas ONG en Cataluña y norte de Comunidad Valenciana, que operan en parques naturales y “que siguen teniendo arrozales, derivados al ecológico”.
SIETE MIL HECTÁREAS Y MILLONES DE AVES
Desde las plataformas implicadas en la recuperación de La Janda se plantea la posibilidad de conseguir la personalidad jurídica para la laguna –como ocurrió con el Mar Menor–, de la mano de otros sistemas lagunares en situaciones parecidas dentro de la Península: el de Antela en Pontevedra; y el de La Nava, en Palencia. Una medida que otorgaría al espacio una mayor protección.
Para Javier Benavente, este camino sería largo y, desde el punto de vista burocrático, bastante arduo: “Además, darle un ámbito jurídico a toda la laguna entraría en conflicto con la propiedad privada”. Según el catedrático, la medida posibilista –también considerando el régimen de agua de la zona– sería la puesta en marcha de una reinundación a partir de mosaicos, con determinadas zonas lagunares que fueran compatibles con el agro y que crearan "islas de biodiversidad”.
Para Benavente, podrían combinarse los usos de conservación con los de explotación. Al respecto, comenta, una tercera vía interesante es la que propusieron tanto Valverde como Miguel Delibes en Doñana sobre custodia de territorio: “Una de las primeras propuestas fue que una ONG ejerciera de custodia en la conservación de un terreno que también es privado, una figura (la de los trusts) que es algo común en el mundo anglosajón –aclara–. Hay que tener en cuenta, además, que Doñana es en gran medida un paisaje transformado por el hombre desde hace siglos, en cierto modo, necesita de su intervención”. La UCA, de hecho, ha firmado distintos acuerdos de custodia, tres en esteros de la Bahía y otro, de patrimonio, en la Sierra.
Todos los entrevistados señalan el potencial económico que podría tener, también, recuperar un legado natural de este calibre: una apuesta que sería mucho más beneficiosa tanto para la economía local como para el desarrollo comarcal. Cerca de siete mil hectáreas de terreno situadas entre parques naturales y en una línea de paso preferente en la migración de millones de aves:“Si hubiera posibilidad siquiera de recuperar una parte de los humedales de La Janda –asegura Jesús Pinilla–, representaría un avance extraordinario en cuestiones de conservación”.
“Hoy día, las posibilidades de refugio y alimentación en la zona están muy mermadas y, aun así, siguen pasando bandadas de aves que la usan como punto de descanso –asevera–. Si se recuperan los hábitats que se han perdido, se podrán recuperar poblaciones de especies que hoy día están en declive, aparte de procesos ecológicos asociados con los humedales”.