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La tragedia de Alma

Maltrato animal en Chiclana

Una perra malherida ha sido rescatada en un descampado de Chiclana tras ser abandonada envuelta en una bolsa de plástico

La perra con las patas delanteras vendadas y diversas curas en una de sus patas traseras.
F. Melero | Vídeo: Sonia Ramos

Chiclana, 26 de noviembre 2018 - 19:44

“¿Policía Local?”/“Sí, dígame”/ “Hay una bolsa grande de plástico con un perro dentro cerca de mi casa”. Este fue el mensaje que recibieron en la centralita de la Jefatura policial por parte de una vecina la noche del pasado miércoles. De inmediato un coche patrulla se trasladó al lugar, en la zona de Las Veguetas de esa ciudad, donde comprobaron que en una parcela se hallaba una perra que a duras penas trataba de zafarse de una bolsa de plástico con la que había sido envuelta.

El aspecto del animal era lamentable y penoso. Se trataba de una perra de raza galgo que presentaba múltiples heridas con cortes y, que sin lugar a dudas, hubiera muerto desangrada si esa vecina no hubiera dado la voz de alarma a tiempo.

El animal presentaba cortes en su mandíbula. / Sonia Ramos

La perra, sin chip identificativo y a la que se le ha rebautizado con el nombre de Alma, miraba espantada y encogida a los agentes. Entregada a la muerte se dejó coger por los municipales, quienes la trasladaron hasta la protectora de animales Athisa en Chiclana. Todo esto sobre las once de la noche, hora en la que una trabajadora de dichas instalaciones acogió al pobre y abandonado can. Esta empleada procedió a practicarle los primeros auxilios para detener la hemorragia, pero hizo algo más, ya que esa noche se la llevó a su propia casa donde le proporcionó acomodo y confianza. “Se quedó en el sofá enroscada y de allí no se movió”, cuenta.

Las descripciones de las heridas por parte del veterinario de Athisa dejan patente el sufrimiento y el horror que tuvo que padecer Alma, una perra joven de color castaño entre los tres y cinco años de edad.

Al parecer, los cortes fueron realizados por una navaja o un cúter y aparecían por todo su cuerpo, pero sobre todo en los tendones, dedos, las almohadillas de las pezuñas, debajo de su mandíbula e incluso en su maltrecho lomo. Varios de los tajos eran profundos, hasta el punto de que quedaron a la vista sus tendones o algunos huesos de sus patas. Además, presentaba extrema delgadez debido a la malnutrición. La rápida intervención en su rescate fue vital para salvarla, ya que se pudo contener el flujo de sangre que iba perdiendo.

La perra con las patas delanteras vendadas y otras curas en una de sus patas traseras. / Sonia Ramos

La imposibilidad de levantarse la condenaba a morir irremediablemente en un descampado bajo una bolsa de plástico. Ahora, el propio veterinario se ha hecho cargo de Alma, a la que cuida con mimo en su vivienda hasta que se restablezca del todo. Nada se sabe de quién o quiénes pudieron ser los autores de esta salvajada que indudablemente perseguía matar al animal, pero de manera lenta y agónica. Sin piedad.

El veterinario señala que Alma se encuentra fuera de peligro y que evoluciona favorablemente, si bien es un proceso que llevará su tiempo por la gravedad de sus heridas. Poco a poco va cogiendo confianza y se prepara para que en un futuro entre en la rueda de la adopción desde la protectora Athisa. A partir de entonces, Alma sólo necesitará de alguien, precisamente con alma, que le proporcione el cariño que merece y le haga olvidar el terror que experimentó esa fría noche de noviembre.

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