Bellotas gaditanas para ayudar a los bosques franceses

Técnicos medioambientales del país vecino han seleccionado frutos de quejigo en el Parque Natural para afrontar el cambio climático

El brezo de 'Cumbres borrascosas' fue gaditano

Quejigos cubiertos por líquenes en el Bosque de Niebla.
Quejigos cubiertos por líquenes en el Bosque de Niebla. / Erasmo Fenoy

Los caminos de la adaptación climática trazan extraños destinos. Por ejemplo, que bellotas procedentes de un área geográfica especular con África terminen ayudando a mantener las masas forestales del noreste francés. Hace ya unos tres años, miembros de la Office National des Forêsts se pusieron en contacto con los responsables del Parque Natural de Los Alcornocales para estudiar un escenario de posibles replantaciones, en un plan llevado a cabo desde el Centro Nacional de Tratamiento de Semillas y Plantas.

“En concreto, a nosotros nos contactaron desde la zona de Alsacia, que tiene una masa forestal muy importante formada principalmente por robles –explica al respecto el director de Los Alcornocales, Juan Manuel Fornell–, en una iniciativa impulsada por el Gobierno de Macron. Piensan que, a causa de la evolución del clima, dentro de 50 o 60 años podían tener un problema, con lo que han empezado a buscar qué especies podrían ser sustitutivas”.

Una problemática que no sólo se considera a partir de las consecuencias medioambientales que pueda acarrear, sino también las económicas: “Más allá de la conservación forestal –apunta Fornell–, en Alsacia los robledales tienen un rendimiento económico muy potente, tanto en la construcción como en la industria de las barricas de vino”.

“Posiblemente, el cambio climático afecte al crecimiento biológico de la especie –aventura Fornell–, con una pérdida de ejemplares al aumentar el periodo veraniego”.

Dentro de los planes de adaptabilidad al cambio climático, el gobierno francés ha puesto en marcha proyectos de investigación como el que se desarrolla bajo el paraguas de la RENEssences (Red Nacional de Evaluación de Nuevas Especies), que prueba diversas especies y procedencias arbóreas en condiciones reales de gestión forestal. Así, a través de las llamadas “islas de futuro”, se seleccionan las especies más adecuadas, aumentando el número de variedades forestales capaces de resistir el cambio climático. En última instancia, esas parcelas también permitirán la recolección de semillas.

Llama la atención, sin embargo, que la región de la que hablamos esté en la frontera con Alemania y venga a buscar posibles soluciones dos mil kilómetros más al sur.

“Los técnicos habían visto el escenario que había aquí en Andalucía –continúa Fornell–, y lo consideraron adecuado. Así que, durante dos años, han estado seleccionando bellotas de quejigo para los viveros, para empezar a plantarlos en semilleros y al menos tener la posibilidad de reponer los árboles llegado el momento. Para que un roble sea productivo se necesitan muchos años de crecimiento, unos 130 para que tenga un porte potente”.

Al quejigo (Quercus faginea) se le dice roble andaluz porque las condiciones de su madera pueden ser parecidas a las de los robles convencionales, pero cuenta con una ventaja frente a sus primos norteños: los robles más septentrionales –incluidos los de la cordillera cantábrica– sufren parones biológicos estacionales; mientras que algunos estudios indican que los robles del sur crecen mucho más rápido al no tener precisamente este parón que inducen las bajas temperaturas. Nuestros quejigos aguantan todo el año sin deshojar, sostenidos por un clima templado y –en el caso de Los Alcornocales– por un alto grado de humedad.

El quejigo es, de hecho, una de las especies que es posible encontrar en el famoso ‘Bosque de Niebla’ del parque natural, junto con alcornoques, musgos, helechos o líquenes. El Parque Natural de Los Alcornocales es el mayor sitio de producción de la especie, que ocupa unas 45.000 hectáreas de la extensión total del espacio.

Los distintos escenarios que se proyectan en relación con el cambio climático se realizan a partir de paneles a nivel nacional. En el caso, por ejemplo, del alcornocal en la provincia, todo hace prever que se mantendría en la zona. “Otra cuestión –añade el responsable del parque–, son los problemas relacionados con seca y desgaste de suelo, pero son de naturaleza distinta”.

Nuestra lucha –indica– es la regeneración natural, pero no porque consideremos que el cambio climático vaya a ser un problema. En Marruecos tienen las mismas especies que aquí, es un árbol que aguanta muy bien”.

“De hecho –señala Fornell–, el quejigo en concreto está aumentando mucho su superficie, a pesar de que necesita mucha humedad, algo que aquí tenemos no sólo por el régimen de lluvias, que suele ser bastante constante, sino por la presencia de la niebla”.

Fornell recuerda que en el bosque de San Carlos siempre ha habido un bosque de quejigo impresionante, “que podía nutrir al pilotaje de los astilleros de la Carraca, ya que es una madera muy dura”. “

También te puede interesar

Lo último

stats