• El espacio protegido de la Bahía de Cádiz afronta un nuevo Plan de Ordenación

  • Desde Ecologistas en Acción se propone aumentar su tamaño hasta más del doble del actual, incluyendo Las Aletas y el Tómbolo de Cádiz

ampliación parque natural bahía de cádiz ¿Te imaginas vivir en un parque?

Un ciclista circula por la pasarela que conecta Puerto Real con el Pinar de La Algaida. Un ciclista circula por la pasarela que conecta Puerto Real con el Pinar de La Algaida.

Un ciclista circula por la pasarela que conecta Puerto Real con el Pinar de La Algaida.

Julio González

Escrito por

· Pilar Vera

Redactora

¿Un parque natural, eso? Allí sólo hay basura y putas. Con semejante conclusión se desayunaban hace treinta años los impulsores del Parque Natural Bahía de Cádiz: el único que surgió, a nivel autonómico, de abajo hacia arriba, a partir de una iniciativa ciudadana. Lo que hoy se conserva es gracias a esa conciencia de que aquellos trozos de nada – a ojos de muchos – tenían un valor.

Tres décadas después no hay basura ni putas, la zona se ha mantenido a pesar de sus amenazas y ha conseguido, con no poco esfuerzo, ponerse en valor. Ha costado: repartido entre cinco municipios, el Parque Natural ha sido con mucha frecuencia eso que está “a las espaldas”. El espacio afronta en este momento – junto con otros parques naturales de la provincia, con el del Estrecho o el de la Breña y Marismas del Barbate– un nuevo Plan de Ordenación de Recursos Naturales (PORN). Entre sus objetivos prioritarios, definir dos de las zonas grises que han lastrado el desarrollo del parque: sus límites y su normativa. Dos pequeños detalles, como vemos. En Ecologistas en Acción han consultado con naturalistas y expertos medioambientales de la provincia para tratar de ampliar y blindar una zona natural que es el recurso verde de más de medio millón de personas, las que vivimos en el área metropolitana de la Bahía.

Un grupo de personas por uno de los caminos de la zona recreativa de la Dehesa de la Yeguas en el término municipal de Puerto Real Un grupo de personas por uno de los caminos de la zona recreativa de la Dehesa de la Yeguas en el término municipal de Puerto Real

Un grupo de personas por uno de los caminos de la zona recreativa de la Dehesa de la Yeguas en el término municipal de Puerto Real / Julio González

El proyecto presentado es ambicioso: la propuesta de los ecologistas aumenta los límites del parque hasta superar el doble de su tamaño: en total, el espacio protegido pasaría de las 10.222 hectáreas con las que cuenta actualmente a las 25.421. El nuevo límite incluiría la Dehesa de las Yeguas (tanto en su delimitación pública como privada), Los Toruños, Las Aletas, las Salinas de Santa María y de las Marismas de Cetina, el coto de la Isleta e incluso el Tómbolo de Cádiz, con lo que el territorio afectado como Parque Natural llegaría hasta la misma muralla de Cortadura – algo a lo que, en su momento, se opuso el ex alcalde Carlos Díaz, “que pintó el límite en Torregorda”–.

La ampliación también contemplaría –subrayan los ecologistas– tres zonas que cuentan ya con protección europea pero que no están incluidas en el Parque Natural (aunque sí en la Red Natura 2000). Así, las dos Zonas Especiales de Conservación (ZEC) que integran los Fondos Marinos de la Bahía de Cádiz –esto es: las aguas marinas de la Bahía, con especial atención a las praderas de fanerógamas de sus fondos – y del Salado de San Pedro –que mantiene una importante población de salinetes–. Además, el entorno de la Bahía de Cádiz ha sido también declarado como un Espacio de Especial Protección para las Aves (ZEPA): en concreto, la franja marina que va desde el sur de la capital hasta cerca de las marismas de Sancti Petri.

“La inmensa mayoría de los espacios agregados –apunta Juan Clavero–, son espacios públicos, así que en ese sentido no creemos que haya mucho problema”. De todos ellos, Las Aletas, admite, es el más conflictivo. Los ecologistas abogan por admitir el “fracaso” que supuso la creación del polígono industrial y recuperar el espacio para usos del parque. “Este lunes tuvimos una reunión con el delegado provincial de Desarrollo Sostenible, Daniel Sánchez – comentan–. También hemos propuesto una ampliación en los parques de Barbate y el Estrecho, pero queremos decir que, sobre todo, nos buscamos un conflicto donde puede haber un acuerdo. Ya le hemos remitido el informe también al presidente de la Junta Rectora. Respecto a Las Aletas, ha quedado claro hasta en tribunales que no se puede hacer un centro industrial. Lo mejor es que las 300 hectáreas que ocupan se reinunden y se conviertan para la explotación de estero, y eso es lo que estamos proponiendo”.

La ampliación ocuparía 25.422 hectáreas, abarcando también tres zonas europeas de protección medioambiental

Entre los espacios que actualmente limitan con el Parque Natural sin formar parte de él, la Dehesa de las Yeguas destaca como un área excepcional: se trata del bosque con mayor biodiversidad de la provincia, “con unas 500 especies de plantas registradas, lo que supone casi el 25% del total de la provincia de Cádiz”. Entre ellas, se encuentran el tomillo blanco (Thymus albicans), catalogada en peligro de extinción, o el enebro enano (Juniperus navicularis), descubierto por primera vez en España en este pinar. En el humedal dulce de las Yeguas, se ha detectado también la presencia de nutrias: exigentes con las aguas en las que viven, las nutrias son un indicador excepcional de la calidad de las mismas. Este humedal, indica el resumen, es un “hábitat muy escaso en la Bahía, con una gran riqueza”. Entre sus juncales, se encuentra además el mayor dormidero de la provincia de aguiluchos laguneros (Circus aeroginosus), habiéndose censado más de 100 ejemplares.

Fuera de las lindes del Parque Natural de la bahía de Cádiz se encuentran, de hecho, dos pinares con un gran valor: el del Coto de la Isleta y el de la Algaida. Y, “desde su creación –prosigue Juan Clavero–, se han desarrollado dos salinas gigantescas, la de Santa María y la de Cetina, con importantísimas concentraciones de espátulas, flamencos y águilas pescadoras”. “En definitiva –concluye–, en estos 30 años han cambiado sustancialmente muchos factores tanto en el entorno del parque, como a nivel climático, como en la propia puesta en valor del entorno ante la sociedad, como para plantearse una transformación de estas características”.

Cartel que anuncia el acotado de una zona protegida del parque Metropolitano 'Marisma de Los Toruños'. Cartel que anuncia el acotado de una zona protegida del parque Metropolitano 'Marisma de Los Toruños'.

Cartel que anuncia el acotado de una zona protegida del parque Metropolitano 'Marisma de Los Toruños'. / Julio González

Esta semana, Ecologistas en Acción presentara el proyecto a todos los ayuntamientos implicados, y se llevará al pleno de la Junta Rectora. Contar con cinco localidades distintas a la hora de coordinar la gestión (cinco alcaldías, además, de peso considerable) ha terminado pasando factura. “Ha sido muy difícil, por ejemplo, sacar adelante proyectos medioambientales, que llegaban a contar con fondos europeos que se han perdido, teniendo que jugar con los intereses de alcaldías muy potentes: un Jiménez Barrios, una Teo, un Barroso de la época – explica Clavero–. En algún momento, hemos llegado a tener alcaldes de cinco partidos distintos. El acuerdo era imposible”.

La ruina que es el Molino de Mareas del río Arillo es el gran símbolo de todo esto, de toda esta “descoordinación enorme”.“Cuando se creó el Parque Natural, nadie se lo creía –recuerda Juan Clavero–. Fue una iniciativa que tuvo más apoyo en el Parlamento que aquí, a nivel local. El primero que lo apoyó, desde luego, fue Barroso. Al principio, en Chiclana estaban en contra, pero tras visitar Bretaña y ver que muchas personas vivían de aquello… El origen del puerto Sancti Petri, de hecho, está en el de Saint-Malo. En El Puerto, nunca terminaron de convencerse, y San Fernando directamente se opuso”. No deja de ser curioso que el Centro de Visitantes del parque haya terminado estando, precisamente, en el entorno de Camposoto.

El bosque de la Dehesa de las Yeguas concentra, con 500 especies de plantas distintas, el 25% del total de la provincia

Entre la batalla de intereses cruzados y la indefinición ejecutiva, el Parque Natural Bahía de Cádiz ha sido útil, eso sí, como borrador de buenas intenciones. Entre las distintas propuestas en los programas de las últimas elecciones municipales se encontraban iniciativas como la creación de un complejo de alojamientos ecoturísticos, un centro de interpretacion de los vientos o la construcción de un conjunto de viviendas para jóvenes sobre palafitos. Todos los grupos hablaban, por supuesto, del Molino del Arillo.

Desde Ecologistas en Acción se señala que ventanas como esta abren una oportunidad: “No cuidar este espacio supone no cuidarnos”, indica Clavero, recordando la importancia de los paisajes de estuario ante el escenario que supone la subida del nivel del mar. Y cuidarlo implica, también, aprovecharlo: “Si abandonamos salinas y esteros terminan por desecarse. Algo tan especial como el consumo de pescado de estero puede ser el futuro de la Bahía de Cádiz. No tiene competencia, igual que no la tiene el cerdo de bellota: ya pueden hacer lo que quieran, pero las dehesas son de España y Portugal –desarrolla el ecologista–. En los últimos tiempos, parece que están arrancando los primeros proyectos al respecto”.

De hecho, en Chiclana se presentaba hace un par de meses la marca Pescado de Estero Tradicional, que nace para representar a los productores de la zona. El chef Ángel León ha realizado ya algún despesque, una labor que el proyecto de enoturismo Molino de Pesca se ha propuesto desarrollar, a pequeña escala, durante todo el año. “Cuando las salinas tradicionales se abandonan, terminan acolmatándose, y las mareas dejan de cubrir la zona –explica Juan Clavero–. Hay que recuperar las salinas donde las había, porque hay muchas áreas hipersalinizadas; hay que conservar la salina virgen y salvaguardar todo el sistema hidrológico que se dejó de lado, la dinámica de los caños”.

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