Provincia de Cádiz

Verano anticipado con botas y decibelios

  • El buen tiempo atrae a las terrazas de El Puerto a muchos moteros, aunque baja el número de visitantes

Varios grupos de aficionados a las motos disfrutando de la comida en la calle Misericordia, en pleno centro de la ciudad. Varios grupos de aficionados a las motos disfrutando de la comida en la calle Misericordia, en pleno centro de la ciudad.

Varios grupos de aficionados a las motos disfrutando de la comida en la calle Misericordia, en pleno centro de la ciudad. / ANDRÉs MORA

El Puerto sigue de fiesta. La ciudad, que aún no se ha recuperado de la resaca de Feria, se ha visto asaltada por los moteros. Durante toda la jornada de ayer se pudo ver a un gran número de visitantes, aunque los niveles de masificación y afluencia no son para nada similares a los vividos en años anteriores.

La calle Larga era la antesala al espectáculo. Desde ahí, hasta la Ribera del Marisco, cientos de turistas, tanto nacionales como internacionales, llenaban las terrazas de los bares. Concretamente, la calle Misericordia (desde la esquina con Luna hacia la plaza de La Herrería), y la zona del parque Calderón y Micaela Aramburu era donde se podía vivir y disfrutar de un mayor ambiente motero.

Por un lado, como ya es tradición, las calzadas de estas dos últimas vías se convirtieron en improvisadas pasarelas donde los aficionados al motociclismo podían tanto lucirse como admirar las motos que entraban a la ciudad por la glorieta de Pozos Dulces. Por otro, hay que añadir que muchos establecimientos, especialmente alguno que otro de copas, habían sacado los equipos de música a la calle, por lo que una gran parte de los clientes montaron la fiesta en plena acera, aprovechando tanto el sol como las temperaturas veraniegas. A ello se le suman los grandes grupos de amigos comiendo en las terrazas (la mayoría de las mesas no bajaban de los cuatro comensales), alguna que otra despedida de soltero (con novio disfrazado incluido), y muchos portuenses que no dejaron pasar la oportunidad para salir a la calle. En resumen: calles llenas ,por donde se podía pasear con tranquilidad (hubo algún valiente que incluso se atrevió a circular con un carrito de bebé), pero donde, en ciertas ocasiones, se formaban tapones y masificaciones.

Sin duda alguna, el resultado ha sido bastante positivo para el motorista que viene en busca del sol, la playa y el pescaíto frito. Sin embargo, desde hace algunos años, el resultado no es tan eficaz para los hosteleros quienes, a pesar de que afirman obtener "buenos resultados", también añaden que "no se está viviendo para nada el ambiente de otros años". "La noche del viernes ha estado muy floja", explica el camarero de un bar de copas. "La tarde está bien, pero no se parece para nada a lo que se vivía antes. Esto cada año va a menos", explica mientras sirve a un grupo de seis moteros unos cafés con leche, condimentados con un chorrito de licor.

Lo mismo ocurre con los habitantes del centro, quienes, a pesar del bando publicado por el alcalde, donde se prohibe la circulación de motocicletas por la zona acotada más tarde de las 00:00 horas (Ribera del Marisco, Ribera del Río, Micaela Aramburu, plaza de Las Galeras), aseguran haber escuchado durante la noche el mismo jaleo y ruido que en años anteriores. "Yo me salvo un poco más porque tengo doble acristalamiento, pero mis vecinos no lo pueden soportar", explica Isabel, una vecina de la plaza de La Herrería. Igualmente, algunos residentes de la calle Larga, una zona que ha quedado fuera del acotamiento especial establecido en este bando, también han tenido que soportar con gran intensidad el ruido y petardeo de las motos.

En cuanto a incidencias, al cierre de esta información no hubo que lamentar ninguna de gravedad, aunque sí la caída de un agente de policía de su moto.

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