Santa Isabel, un Titanic hecho en Cádiz
Naufragio del Santa Isabel
El mar es fascinante; nuestras mentes viajan al contemplar su horizonte. Pero también el mar es incierto y muchos yacen desde siempre bajo sus aguas. Cádiz no deja de mirar al mar, y en su bahía, la construcción naval es sello de sus gentes. Generaciones de gaditanos crecieron a su abrigo.
A principios del siglo XX, la industria naval gaditana estrenaba orgullosa un vapor correo llamado Santa Isabel. El periodista Joaquín Quero, en una crónica publicada en el Diario de Cádiz del 22 de octubre de 1916, cuenta su visita a bordo del flamante vapor. Invitado por el representante de la Compañía Trasatlántica, Carlos Carrie, junto a otras personalidades de la ciudad, son recibidos por el capitán Juan Comellas. El Santa Isabel es alabado por su gaditanismo. Su constructor es el gaditano Francisco García de Sola y gaditanos son los obreros que han trabajado. Alaba el periodista el hall, el fumador, construido en roble con suelo de mosaico y decorado con jardineras de plantas exóticas, las cámaras de lujo, y el salón de música de estilo inglés moderno destaca por su piano Chassique frère y en un testero una pintura a pastel de Ruis Luna que representa al Santa Isabel. El comedor estilo imperio, el maderamen de caoba roja y mueblaje blanco y guirnaldas de oro viejo y multitud de espejos.
Un sin fin de los nombres más importantes de la ciudad acudieron a aquel acto. El menú del almuerzo estuvo a la altura de la ocasión. Entremeses, consommé en taza, huevos a la Windsor, pescado a la Cardenal, pequeños chateaubriands, Monte Carlo, fiambre panaché, bomba helado nelúsko, queso y frutas aderezados con vinos amontillados, Riscal y Diamante, además de champagne Cliquot.
Al finalizar la comida, brindis y discursos por las autoridades políticas, los mandatarios de la Compañía Trasatlántica Española y de la Constructora Naval. El representante de la autoridad religiosa se excusó por la no asistencia del Prelado de la Diócesis gaditana que al parecer sufría una indisposición.
La botadura del Santa Isabel tuvo como madrina a la esposa de Carlos Barrie. Tenía un eslora de 89 metros y una manga de 12. Sus hélices de cuatro palas eran capaces de hacerle alcanzar los 12,5 nudos de velocidad. Hacía ocho años que se había hundido el Titanic y en su construcción no se escatimaron medidas de seguridad, con ocho botes salvavidas con capacidad para 390 personas y más de 400 chalecos. Su aforo máximo era de 460 pasajeros y 84 tripulantes. El Santa Isabel originalmente debía cubrir la línea peninsular que unía a Cádiz, Bilbao, las Islas Canarias y la isla de Fernando Poo en la Guinea española. Pero el auge de emigración a América acabó convirtiéndole en un vapor de cabotaje entre los puertos de Pasaia, Bilbao, Santander, La Coruña, Villagarcía y Cádiz. A su llegada a la capital gaditana, los pasajeros enlazaban con los trasatlánticos Infanta Isabel de Borbón y Reina Victoria Eugenia, que cruzaban el Atlántico hacia tierras americanas.
En las notas marítimas del Diario de Cádiz del 20 de diciembre de 1920 se informaba del despacho del vapor Santa Isabel hacia Bilbao, que llevaba el pasaje de trasbordo para los puertos del norte, del Reina Victoria Eugenia. Debía estar de vuelta antes del 7 de enero, momento en que el Reina Victoria Eugenia saldría con destino a Buenos Aires. La travesía se realizó hasta Bilbao sin ningún incidente. El 31 de diciembre de 1920, el buque llegó, entre las celebraciones de año nuevo, al puerto de La Coruña. A bordo, 84 tripulantes y 185 pasajeros. Y partió con destino a Villagarcía, que era la siguiente escala de su travesía.
En la madrugada del 2 de enero de 1921, el Santa Isabel se encontraba de camino a Villagarcía, donde debía trasladar el pasaje que iba a Montevideo y Buenos Aires. Los chubascos se habían convertido en tormenta cuando comenzó a bajar una densa niebla que dificultaba la navegación y la orientación con los faros de Corrubedo y la isla de Ons. A la una y media de la madrugada, el Santa Isabel embistió contra los bajos de Meixides, junto a la isla de Salvora, a la entrada de la ría de Arosa.
La isla de Salvora cuenta con varias islas más pequeñas: Sagres y Noro. Varios islotes menores como Asadoiros, Piedras Pardiñas, Touza, Piedras de Saro y el Pegar, que fue donde embarrancó el Santa Isabel. La fuerza del mar contra las rocas rompió la parte inferior del barco, que comenzó a llenarse de agua para hundirse poco después. El farero sería la primera persona en conocer el suceso y corrió al auxilio. De los 60 vecinos que habitaban la isla, tan solo 25 se encontraban en ella. Los demás estaban celebrando las fiestas de primero de año en Aguiño y Correira. En su rescate salieron tres embarcaciones de pesca para dar aviso en Ribeira y otras dos al rescate. En una de ellas tres mujeres: Cipriana Oujo Maneiro, de 24 años; Josefa Parada con 16; y María Fernández Oujo de tan solo 14 años. Las tres hicieron frente al temporal y arriesgando sus vidas realizaron varios viajes salvando 20 pasajeros de los 55 supervivientes. Mas tarde por parte del concello de Vigo, las llamadas heroínas de Salvora recibirían la Cruz de Tercera Clase con Distintivo negro y blanco del Consejo de estado y la Medalla de Salvamento Marítimo.
Según cuenta el Norte de Galicia del día 5 de enero de 1921, entre los supervivientes se encontraba el capitán Esteban García Muñiz, que consiguió agarrarse a un tablón en el que fue encontrado inconsciente. También se salvó el segundo oficial, el Sr. Ruiz Cebreiro, que se negó a montar en el bote salvavidas y llegó a tierra nadando junto a él. Era bastante corpulento y temía provocar con su peso el vuelco de la embarcación. La mayoría de los viajeros de tercera murieron ahogados mientras dormían en sus literas.
En el naufragio perdían la vida 213 personas de las 268 que viajaban a bordo.
En el Correo gallego del 4 de enero de 1921 se informa de los ecos de la tragedia en Cádiz. Frente a la Casa Consignataria del barco se agolparon el público que esperaba con ansiedad noticias del suceso. La mayoría de la tripulación eran gaditanos. En Diario de Cádiz del día 3 de enero se desconocen las víctimas y se relata los más destacados ciudadanos de la ciudad que en el Santa Isabel viajaban. Al día siguiente se informa de las tristes noticias, el fallecimiento del primer maquinista Miguel Calvente vecino de Cádiz. También el fallecimiento de primer oficial Luis P. Lazaga. La cantidad tan alta de víctimas provocó que en la localidad de Ribeira se reabriera el antiguo cementerio.
A principios de 2020 se estrenó la película La isla de las mentiras de la directora Paula Cons ambientada en aquella tragedia marítima. Aquel vapor orgullo de la construcción naval gaditana que se hundió aquella triste navidad de 1921.
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