Regalos millonarios de la España hambrienta

historia | El teniente general varela en marruecos en 1949

Mientras sus paisanos vivían en la miseria y con víveres básicos racionados, el teniente general Varela entregaba en Marruecos al Jalifa, por su boda, un millón de pesetas de parte de Franco, un coche y otros lujosos obsequios

1. Cabecera del Nodo. 2. Varela y el Jalifa, en una imagen del reportaje del Nodo sobre los regalos de boda que recibe el representante del sultán en el Marruecos español. El Jalifa tiene en sus manos el cheque de un millón de pesetas que le regala Franco. 3. Varela, con uno de los dos caballos que regala el Ejército español. 4. El Chrysler último modelo que aportan los delegados de la Alta Comisaría. 5. El reloj estilo Regencia, obsequio de los ministros del Gobierno español. 6. La diadema que le regalan a la novia los señores de Varela "en nombre de la mujer española".
1. Cabecera del Nodo. 2. Varela y el Jalifa, en una imagen del reportaje del Nodo sobre los regalos de boda que recibe el representante del sultán en el Marruecos español. El Jalifa tiene en sus manos el cheque de un millón de pesetas que le regala Franco. 3. Varela, con uno de los dos caballos que regala el Ejército español. 4. El Chrysler último modelo que aportan los delegados de la Alta Comisaría. 5. El reloj estilo Regencia, obsequio de los ministros del Gobierno español. 6. La diadema que le regalan a la novia los señores de Varela "en nombre de la mujer española".
T.R.

Cádiz, 11 de junio 2017 - 02:07

La escena se ve en el Nodo número 337 y dura cuatro segundos. Aparecen dos personajes: el teniente general Enrique Varela y el Jalifa. Enrique Varela es en ese momento, en junio de 1949, el alto comisario español en el Protectorado. El Jalifa es el representante del sultán en el Marruecos español. Ambos están sentados en un sofá. El Jalifa observa sonriente un papel que sostiene en sus manos. Los movimientos de cabeza que hace Varela y hasta su postura, inclinado hacia el otro, quedan explicados por la información que aporta la voz en off del locutor. "El alto comisario entrega al Jalifa el cheque de un millón de pesetas que le ofrece su excelencia el jefe del Estado español, generalísimo Franco".

Son las imágenes finales del reportaje. Tras ellas, una cortinilla da paso a otras: Rita Hayworth se casa con el hijo del Aga Khan. Las que protagonizan Varela y el Jalifa también han informado a los españoles sobre un enlace matrimonial: "Tetuán engalanado vive horas de júbilo con motivo de la boda de su alteza imperial el jalifa Mulei el Hassan con la princesa Lal-la Fatima", comienza el reportaje. Durante un minuto y medio, el Nodo da cuenta de la relación de regalos de boda que España ofrece al Jalifa. Varela es el encargado de mostrárselos y entregárselos al novio. El Nodo se los enseña a los españoles.

Primero aparece el regalo que le hace al Jalifa el Ejército español: dos espléndidos caballos de raza árabe que proceden de la Yeguada de Córdoba. A continuación, Varela y el Jalifa observan en el patio del Palacio de éste el obsequio de los delegados de la Alta Comisaría: un magnífico coche Chrysler último modelo. Después, el militar le muestra a su alteza imperial el regalo para la novia "en nombre de la mujer española": una diadema de oro, perlas y piedras preciosas. Sigue el presente de los ministros del Gobierno español: un reloj estilo Regencia con ricas guarniciones de bronce dorado y esfera de esmalte. Finalmente, el regalo de Franco: un millón de pesetas.

Es necesario ver de nuevo ese reportaje del Nodo para comprobar que no hay un error, que esas imágenes fueron proyectadas en todos los cines de España en junio de 1949. Incluso en los de la provincia de Cádiz, tierra natal del encumbrado y alabado teniente general Varela. En un país con la prensa censurada, donde estaba terminantemente prohibido contar lo que ocurría, es extraño que el Gobierno diese paso a ese reportaje. ¿El Caudillo regalándole un millón de pesetas al Jalifa mientras en España los alimentos básicos estaban racionados? ¿Varela regalando una millonaria joya mientras en su provincia la gente llevaba diez años pasando hambre? ¿Un coche, unos caballos, un lujoso reloj..., unos obsequios tan valiosos en nombre de una España en la que la mayor parte de la población vivía en la miseria?

La prensa estaba censurada y no hablaba de esa permanente penuria. Pero en junio de 1949, mucha gente sabía que diez años después de terminada la guerra, el franquismo había convertido el país en un lugar en el que la mayoría de la población sólo pensaba en la comida. O más bien en cómo conseguirla. Como hay fisuras hasta en las barreras más poderosas, esa ocultada realidad asomaba a veces en los periódicos. Y por eso Diario de Cádiz informaba el 11 de junio de 1949, días después de la impresionante entrega de regalos en Marruecos, sobre un acuerdo que había adoptado el Ayuntamiento de Jerez.

Los responsables municipales jerezanos pedían ayuda al Estado. En la ciudad hay un paro obrero de "proporciones desmesuradas", explicaban. De tal manera, decían, que el propio Ayuntamiento ha tenido que reunir a las fuerzas vivas de Jerez para buscar una solución, ha logrado donaciones y está proporcionando socorros. Se han podido atajar así los estragos, los momentos de "desesperación y hambre" en "las clases productoras". Entre el 20 de abril y el 31 de mayo habían sido suministradas 233.097 raciones de comida. Pero el dinero se había terminado y el Ayuntamiento jerezano pedía ayuda para afrontar un problema que calificaba de "imperioso y agudo".

Unos días antes de ese llamamiento angustioso ha visitado Jerez el ministro de Justicia y secretario general del Movimiento, Raimundo Fernández Cuesta. Para celebrar su presencia, Auxilio Social ha distribuido entre los necesitados de la ciudad "tres mil comidas de Hermandad". Y un detalle: el señor Fernández Cuesta ha entregado al alcalde de Jerez, como recuerdo de su visita y con destino a los necesitados, la cantidad de 3.000 pesetas.

Varela también ha visitado tierras gaditanas a finales de mayo, antes de posar en Tetuán para las cámaras del Nodo, que también han filmado a Fernández Cuesta en Jerez. El militar isleño llega a Cádiz el día 21 procedente de Madrid, se detiene largo rato en su chalé de Extramuros (se lo han regalado los gaditanos y los nombres de los donantes los ha publicado la prensa) y después se ha trasladado al hotel Atlántico a descansar un rato. Tras visitar a amigos y familiares, es cumplimentado por las autoridades y por el director del Banco de Bilbao. Varela cena con el alcalde de Cádiz y al día siguiente, tras oír misa en la iglesia del Carmen, marcha hacia Algeciras, camino de Tetuán.

Si Varela ha tenido un momento para leer Diario de Cádiz, se ha enterado de cómo están los precios de los alimentos racionados y de las cantidades que se sirven. De aceite se despacha un cuarto de litro, contra el correspondiente cupón de la cartilla de racionamiento, a 2 pesetas; de arroz, 100 gramos a 0,40 pesetas; de azúcar, 100 gramos a 2 pesetas; de jabón, 200 gramos, a 1,25; de garbanzos, 100 gramos a 0,80; de patatas, un kilo, a 1,70. El gobernador civil da cuenta de los precios periódicamente. Y de vez en cuando, al final de la lista de víveres, advierte: el público debe denunciar ante la inspección a los industriales detallistas (comerciantes) que con cualquier pretexto dejen de suministrarle algún artículo.

El gobernador lanza ese aviso porque es sabido que tener la cartilla no garantiza conseguir los cien gramos de azúcar a que da derecho (si uno tiene además las 2 pesetas que cuesta, que esa es otra). El cliente acude a la tienda a comprar y allí no hay azúcar, por mucho que diga el gobernador civil que sí la hay. ¿Denunciar? Casi nadie se atreve a señalar al tendero, ni a nadie. Y mucho menos al funcionario que hace la vista gorda y pone la mano. El 22 de mayo de 1949, Diario de Cádiz publica en primera página un anuncio del gobernador: se ha ordenado el ingreso en la cárcel de San Fernando para sufrir ocho días de arresto del vecino de esa localidad Manuel Romero Velilla por "denuncias infundadas en materia de abastecimientos". "Lo que se hace público para general conocimiento y ejemplaridad", precisa el gobernador. El público toma buena nota. Por la cuenta que le trae.

Si el vecino que no ha encontrado azúcar ni otros víveres racionados en la tienda dispone de más dinero, o si el que no ha hallado carne en la carnicería tiene posibles, un poco más allá, en una vivienda, podrán abastecerse sin problema alguno. El mercado negro, el estraperlo, funciona como una máquina bien engrasada con jugosos sobornos. De ahí que alguna gente que vivió los años cuarenta del siglo pasado no tenga memoria del hambre de toda una década: en sus casas entraba dinero y no hubo esa necesidad extrema. La mayoría, en cambio, sí recuerda el hambre. Y con más intensidad, y dolor, lo recordaban muchas personas que ya han fallecido, que eran adultas en los cuarenta, y que se han llevado, sin saberlo, unos irrecuperables y fundamentales testimonios sobre lo ocurrido.

El mercado negro funcionaba, pues, pero no les iba bien a todos. Los grandes estraperlistas tenían las espaldas cubiertas. Las multas eran para los que traficaban con poco y carecían de respaldo, no tenían un amigo o un pariente con buenos contactos entre las autoridades. El Gobierno Civil publicaba en Diario de Cádiz casi diariamente la lista de sancionados. Entre el 5 y el 16 de junio de 1949, por ejemplo, aparecen los nombres de 206 personas multadas (en su mayoría con 1.000 pesetas). Buena parte de las sanciones son impuestas por falta de declaración de superficie sembrada y por omisión de declaración de cosecha. Los agricultores estaban obligados a venderle al Estado casi todo lo que sembraban y cosechaban: el trigo, las patatas, el maíz, los garbanzos... Para obtener mayores beneficios, procuraban desviar lo que podían al mercado negro.

Otras multas son impuestas por tenencia clandestina, transporte o venta de los productos racionados, por elaboración y venta clandestina de pan... Entre los sancionados hay vecinos de Olvera, Jerez, San José del Valle, Algodonales, Conil, Chipiona, Jimena... En la lista del día 9 aparece un vecino de Sanlúcar multado por transporte clandestino de judías; en la del día 12 está Francisca, de Cádiz, sancionada por elaboración clandestina de pan; en la del día 15, una vecina de Benaocaz, por tenencia clandestina de patatas.

Con todo ese panorama en la provincia, la prensa publica el 12 de junio una foto de Quique Varela, hijo del teniente general Varela. El pie de foto explica que el niño "besa la mano de la princesa Lal-la Fatima después de hacerle entrega de la diadema regia, regalo de los señores de Varela en nombre de la mujer española, minutos antes de dirigirse la princesa al palacio Mexuar en su noche de bodas". Días antes, una crónica ya informó desde Tetuán de que esa joya constaba de siete perlas gemelas y una superior central, así como de un gran brillante y otras valiosas y delicadas piedras preciosas engarzadas en rubíes y brillantes.

Algunos gaditanos recuerdan que esa diadema que muestra ahora el periódico ya la han visto en el Nodo, el noticiero que precede a toda película proyectada en los cines españoles. La han visto, por ejemplo, los espectadores del filme que por esas fechas ponen en el Cine Municipal. Es un drama mexicano que protagoniza María Félix, "más hermosa, más elegante y más actriz que nunca". Se titula Que Dios me perdone.

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