Pesadilla en un curso sin cocina
Alumnos de un curso de Diputación se quejan de su interrupción sin previo aviso, de la falta de un aula adecuada y de material y del impago de días de beca
A la luz de las quejas y reclamaciones de algunos alumnos de un curso de formación ocupacional de cocina que imparte -deberíamos decir impartía- el Instituto de Empleo y Desarrollo Económico y Tecnológico (IEDT) de la Diputación de Cádiz, no parece mala idea que Alberto Chicote le dedique al menos un espacio en uno de sus programas. Vaya por delante que lo que relatan los damnificados de este curso no tiene nada que ver con el caso que investiga la sucesora de la jueza Alaya, ni mucho menos. Pero sí que refleja el "rigor" con el que se organiza y desarrolla alguna de estas acciones formativas tan necesarias, que se anuncian a bombo y platillo bajo farragosas denominaciones y a cuyos beneficiarios se les exige un montón de requisitos documentados.
El curso que nos ocupa es uno de los comprendidos en "treinta itinerarios integrados de inserción laboral, correspondientes a la especialidad formativa de cocina que se desarrollarán en la Institución Provincial Fernando Quiñones en el marco del proyecto Crece Cádiz 2012 Compite, cofinanciado en un 80% por la Unión Europea con cargo al Fondo Social Europeo y en un 20% a la Diputación Provincial de Cádiz, dentro del Eje 2 del Programa Operativo Plurirregional Adaptabilidad y Empleo 2007-2013, enmarcado en el Plan Provincial de Fomento de Empleo Local 2012-2015". Junto a este curso se aprobaría otro de repostería con el mismo número de plazas. Y el de cocina, a su vez, se dividiría en dos grupos de 15 alumnos. Los problemas que se denuncian corresponden a uno de ellos, el de Cocina 1.
Según consta en la convocatoria para la selección de los beneficiarios, publicada el 11 de diciembre de 2014, el curso tendría una duración de cinco meses, es decir, de 525 horas lectivas, a razón de cinco horas diarias de lunes a viernes. Los itinerarios debían comprender "formación específica adecuada y práctica profesional tutorizada correspondiente a la formación específica, que representa aproximadamente un 50% de las horas totales formativas", así como varios módulos transversales, además de prácticas en empresas y tutorías individualizadas. Como contraprestación, los participantes se beneficiarían de unas becas de casi 400 euros al mes, siempre que asistiesen a todas las clases. Hay presupuestados 120.000 euros para todas la ayudas.
Tanto Esperanza Morillo como Rosario Ayllón y el resto de sus compañeros vieron en el curso una posibilidad de iniciarse en el aprendizaje de un oficio en un sector que está demandando trabajadores. Ambas cumplían con los requisitos y les hacía ilusión formarse en las instalaciones de la Escuela de Hostelería Fernando Quiñones, dependiente de la institución provincial del mismo nombre, hoy con sede en la Zona Franca de Cádiz, después del cierre del edificio de Valcárcel.
Por fin, el día 15 del mismo mes las llaman para una sesión informativa. Les dicen que las clases comenzarán a finales de febrero o principios de marzo. "No arrancaron hasta finales de marzo. Nos dijeron que había que esperar a que se cumpliesen los plazos establecidos para que todos los beneficiarios cumplimentasen los trámites. Luego nos avisaron de un día para otro", cuenta Esperanza, "con el consiguiente trastorno, porque para empezar el curso y cobrar la beca no puedes estar percibiendo ninguna otra prestación".
Por fin arrancan las clases. Pero, sorpresa: No se impartirán en la escuela de hostelería, sino en un aula convencional de la semiabandonada Institución Provincial Gaditana. "Sólo abría una de las persianas, las demás estaban rotas y los pupitres eran para niños, algunos estaban desvencijados", comenta indignada Rosario. Material para el curso: una libreta, un bolígrafo y una vieja carpeta de las azules. Mucho más tarde se añadiría un uniforme de cocinero, pero incompleto: le faltaban los pantalones. "El primer profesor que tuvimos nos duró dos días. Renunció por una mejora de empleo y hubo problemas para buscarle un sustituto. De hecho, estuvimos varios días asistiendo a clase sin profesor", lamenta Esperanza. Para colmo, hubo al menos tres días en los que la organización suspendió unilateralmente las clases. Resultado: esos días no se cobraron. Luego vino la interrupción de las clases por renuncia del segundo de los profesores. El 12 de junio, el IEDT les comunica a los alumnos que se ha recurrido a los suplentes y que todos han renunciado. Que están pendientes de que el SAE seleccione una persona idónea. Hasta hoy.
Harta ya de la situación, el 8 de junio pasado, Esperanza dirige un escrito de queja/reclamación al instituto provincial en el que expone que "en ningún momento, ni en la sesión informativa ni en las posteriores visitas al IEDT para la entrega de documentación, se ha puesto en mi conocimiento, ni por escrito ni de forma verbal, que dicha acción formativa había cambiado el lugar de realización [...] Es más, en documentación del mes de mayo me sigue apareciendo reflejado como lugar de realización la IP Fernando Quiñones".
En su queja/reclamación, Esperanza dice considerarse "engañada y en cierto grado, estafada y, como no, defraudada, puesto que hablamos de una acción formativa que es en sí práctica, en la que se necesita disponer e unas instalaciones acordes, con material específico [...] hablamos de un curso de cocina donde el principal y primordial elemento del que hemos de disponer es de una cocina, con sus útiles y enseres...".
Esperanza también se queja en su escrito de que, "habiendo comenzado la acción formativa el 26 de abril, tan solo se nos han remunerado dos días de dicho mes por causas ajenas a mi persona, ya que no he ha asistido a clase porque ustedes me avisaron de que el docente causó baja por mejora de empleo. Se nos manifestó que nos descontarían los días hábiles 30 y 31 de marzo y el 1 de abril, pero en ningún momento se nos dijo que se daría de baja el curso. Cuando llega el cobro del mes de abril, nos descuentan el cobro de los días 3, 4 y 5 sin previa notificación por su parte...". El mismo día, el IEDT recibió una queja similar firmada por Rosario Ayllón y otra más suscrita por ella, por Esperanza y cinco compañeros más.
El 15 de junio, la alumna que primero denunció esta pesadilla de un curso de cocina sin cocina ni docente que lo imparta presentó otro escrito solicitando información sobre la cobertura de la plaza de profesor. Mientras que no se solucione este cúmulo de problemas, ni ella ni ninguno de sus compañeros cobrará la beca, ni podrá reanudar el paro ni percibir ninguna otra prestación a la que tengan derecho.
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