"La Muela atrae a gente más alternativa porque tiene una energía especial"

gisela merz. propietaria de casa montecote

Ha sido declarada 'Vejeriega Turística de Adopción' por el Ayuntamiento de esta localidad

Llegó a La Janda hace 36 años y ha hecho de La Muela su refugio y su lugar de trabajo

Gisela, en la terraza de uno de los apartamentos de Casa Montecote.
Gisela, en la terraza de uno de los apartamentos de Casa Montecote. / Manuel Aragón Pina
Maribel Gutiérrez

Cádiz, 15 de octubre 2017 - 02:13

-¿cuándo llegó por primera vez a la provincia de Cádiz?

-En el año 1981. Nuestra primera parada fue Zahora, cuando aún no estaba el Sajorami ni había nada. Yo soy de una ciudad cercana a Frankfurt. Tenía ganas de hacer un gran viaje y recalamos antes en Guatemala. Allí conocí a la gente que tiene la pizzería de La Muela y vinimos juntos aquí.

-¿A qué se dedicó en sus inicios?

-Cuando llegamos tuvimos que buscarnos la vida y empezamos a hacer un poco de todo. Íbamos a la Feria de Vejer con la gente que tiene ahora el Sajorami, cuando la feria era muy pequeñita, y montábamos mercadillos.

-¿Por qué eligieron La Muela?

-Mi hijo mayor necesitaba escolarizarse y La Muela ya tenía autobús escolar en esa época y muchos autobuses a Vejer. Yo era más de playa, pero este era el único sitio en el que no tenías que comprar 50.000 hectáreas. Esto es una hectárea y media, lo más chiquitito que encontramos, por eso nos quedamos aquí. No fue amor a primera vista.

-Una vez asentada, ¿a qué se dedicó laboralmente?

-Yo hablaba cinco idiomas y vi que en esta zona no había gente que dominara tantos idiomas, por lo que pensé que sería una buena salida dedicarme al turismo. Empecé en el Hotel Atlanterra, adonde ya llegaban turistas alemanes. Una de mis tareas era buscar excursiones, algo que no se veía en esa época. Decidí incluir a Vejer en las visitas, lo que era una aventura porque el autobús no podía dar la vuelta, no había un bar donde meter a 20 alemanes de golpe...

Mi primera excursión fue con un grupo de alemanes a los que llevé a la final del concurso de cante flamenco. Recuerdo que se levantaton porque no les gustó, comenzo a llover, el autobús se fue... ¿Qué haces tú con un grupo de alemanes de noche lloviendo en Vejer? Pero poco a poco fue funcionando y hoy Vejer está consolidado en el turismo, ya tiene un nombre.

De todas formas pienso que es muy importante no olvidar que tienen que convivir juntos el turista y el habitante, que Vejer no sea un pueblo escaparate, como uno piensa que es un pueblo blanco. El habitante se tiene que sentir a gusto y el casco antiguo no debe estar vendido a los ingleses. Es un peligro. Este verano, por ejemplo, ha sido una locura de visitantes. Hay que pensar un poco.

-¿Cuándo abrió la Casa Rural Montecote?

-En 1993. Yo trabajaba en el Novo y entonces me quedé embarazada. Cuando tuve a mi hijo con Síndrome de Down me despidieron porque decían que tendría que pasar mucho tiempo en casa con él. Piensa que esto pasó hace 20 años. Así que con una herencia familiar que tenía me dije "me la juego" y monté la casa. Yo sabía que el turismo rural en Alemania y Austria estaba consolidado, pero aquí no había nada. Por eso siempre he sido la primera en muchas cosas.

La nuestra es la casa rural número 14 de todas las que hay en la provincia. Yo era de la Junta Directiva de la Red Andaluza de Alojamientos Turísticos, la primera asociación que elaboró con la Junta las normas sobre las casas rurales y turísticas. He luchado mucho por este tipo de viviendas. Hoy hay miles, demasiadas, se está desbordando.

-¿Cómo se fue consolidando?

-La casa empezó con una casita, pero con eso no se podía vivir. Así que invertí todo mi dinero y, bueno, no lo habré hecho tan mal porque al menos me da de comer. Si hoy lo coge una persona joven puede sacar el doble, pero a nosotros nos va bien así. Tenemos la huerta, comemos de eso, de noche no salimos... Si quiero viajar, viajo, para mí es suficiente. Puedo vivir estupendamente. Ahora soy la jefa de mantenimiento, hace dos años que no soy la cara visible del negocio.

-¿Hay más extranjeros como usted en La Muela?

-Sí, claro. Cuando nosotros llegamos en los años 80 éramos los primeros jóvenes que vinimos de fuera para buscarnos la vida pero, luego, en los años 90, llegaron muchos. Hubo una gran racha de jóvenes alemanes que montaron negocios atraídos por la naturaleza, las playas vírgenes... Ahora en La Muela hay de todo: españoles, extranjeros, todos trabajando...

En La Muela hay una energía especial y hay algo que llama la atención de gente más esotérica y que busca una vida más alternativa. En esta zona hay coaching, un chamán, mercadillos, música, cursos de cerámica, un colegio alternativo... No sé, tiene algo mágico.

-¿Se ha sentido bien acogida aquí?

-Bueno, hemos tenido nuestros choques de cultura y hemos pasado historias malas porque para La Muela éramos extraterrestres, con todas sus consecuencias.

-Pero, después de tantos años, ¿se siente usted más española que alemana?

-Sííííííí (risas), me siento más española que alemana. Ya he vivido más años aquí que allí. De alemana tengo poco, hay años que ni voy porque mi familia ha muerto. Mi hijo y yo somos ahora vejeriegos, aunque tenemos las dos nacionalidades. Él no quiere ser alemán, está muy contento por ser vejeriego.

-¿Se esperaba el reconocimiento del Ayuntamiento de Vejer?

-No, no me lo esperaba. Pero este reconocimiento me ha subido, no paso por la puerta (risas). Me ha sorprendido la cantidad de gente que me ha felicitado y se ha alegrado. Creo que algo habré hecho bien.

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