CONCERT MUSIC FESTIVAL La luz atrapada

  • Manolo García brilló como se esperaba en el primero de los espectáculos del Concert Music Festival 2019

Manolo García durante su actuación Manolo García durante su actuación

Manolo García durante su actuación / Sonia Ramos (Chiclana)

Tiene luz, mucha luz. En el escenario la deja escapar a conciencia por mucho que, en ese gusto infinito por arrancarle metáforas al sonido, lo atrape entre el cielo y el suelo con bombillas enjauladas de canciones de exquisito lustre. Luces verticales y melodías unidireccionales, directas al corazón.

A Manolo García le apasiona existir y crear, le gusta Exprimir la vida y arrojar esa composición a la audiencia como un alegato frente al mundo tecnológico, aquel encerrado entre los vértices no ya del tiempo donde anidan los sentimientos, sino entre el artificio y la engañosa cercanía de una pantalla luminiscente. 

Esa audiencia del concierto inaugural del Concert Music Festival 2019 bailó, cantó y se atrevió a acercarse a pie de escenario para sentir, sin necesidad de un puñado de likes, un luminoso concierto de dos horas y media donde Manolo García brilló como se esperaba e hizo combustionar en aplausos el poblado de Sancti Petri, con un lleno casi absoluto de público. No pudo evitar García, eso sí, que el respetable inmortalizara en imágenes los paseos que se dio entre butacas y gradas. Hasta en tres ocasiones hizo vibrar a su verita esa garganta de poso andaluz para regocijo del veraniego festival. Fue benevolente con semejante asalto tecnológico a la cercanía de su talento. 

El recital, en formato acústico, funcionó como un mecanismo perfecto que liberó en un haz de luz el cálido repertorio del cantante y compositor. Cierro la noche, una medio bulería abrigada por su pañuelo rojo al cuello; Solo amar al ritmo de su característico movimiento de manos ya rematando las notas de la compacta instrumentación de la banda, ya buscando el fraseo perfecto entre notas de cegadora claridad; Sabrás que andar es un sencillo vaivén modulando en matices las palabras; o Del bosque de tu alegría, la que se sabe que siente cada vez que pisa tierras gaditanas.

La luz atrapada en el talento de Manolo García escapa también inevitablemente cuando se pone reivindicativo: "Con vuestro permiso quisiera dedicar el concierto a los pequeños agricultores y ganaderos de Cádiz y a Greta Thunberg, la estudiante de trenzas rubias que ha hablado a la cara de los poderosos sobre el cambio climático". Un guiño a su infancia de crío de pueblo, de jornal ganado con sudor vertido en verdes campos que están por desaparecer por la estulticia humana.

Manolo García no es que ilumine, deslumbra cuando toca el timbal o la silla en la que descansa, los platillos o la armónica con la misma facilidad con que se entrega al quejío que le inspira esta tierra dentro de un repertorio muy variado como el recuerdo a su etapa en Los Rápidos con Navaja de papel y Braque, en El último de la fila con el casi country de Ya no danzo al son de los tambores, o el improvisado cuadro flamenco que se montó para encarar La sombra de una palmera al tiempo que dos pantallas proyectaban chinescas sombras que no lograron ensombrecer la potencia lumínica de ese instante a tenor de los inmensos aplausos que recibió.

Acompañado de una espléndida banda compuesta por Ricardo Marín (dirección musical, guitarra española y acústica), el gaditano Juan Carlos García (teclado, arpa y voces), Íñigo Goldaracena (contrabajo), Víctor Iniesta (guitarra española, acústica y laúd), Charly Sardá (percusión), Josete Ordóñez (bandurria, laúd y guitarras española y acústica) y Olvido Lanza (violín, viola, voces y baile), el halo que desprende Manolo García en directo, en cualquiera de sus formatos, rodeó Sancti Petri en canciones como Sombra de la sombra de tu sombrero, en la que se arrancó de flamencas maneras a bailar provocando que la audiencia se pusiese en pie; Ardió mi memoria, donde la única fémina de la formación ejecutó una maravillosa coreografía que puso a latir el suelo de los corazones asistentes; o El frío de la noche, Ardieron los fuegosOcéano azul, pertenecientes a su álbum más reciente Geometría del rayo. Tras esta última a punto estuvo de perder un zapato al regresar al escenario. "Me gusta mucho bajar del escenario. Soy de los que piensan que todos estamos a la misma altura. Nadie es mejor que nadie". Apuntaba así a la emocionante última parte del concierto. Aunque aún quedaban luces por liberar.

Porque especialmente brillantes en su vestido acústico resultaron Pájaros de barro, con la colaboración especial de un asistente al recital que llamó "mi maestro" a García. Éste le dio la réplica: "Ha sido feliz en el escenario, es lo más importante". También A San Fernando, un ratito a pie y otro caminando antes de asegurar ante un público enloquecido que "me mola Cai". O regresando a El último de la fila, Sara y Lápiz y tinta, coreadas de principio a fin. 

García encaró la recta final del espectáculo rogando eso de Si te vienes conmigo con destellos muy circenses, a la manera de una big band de jazz juguetona que sirvió al músico para improvisar un simpático pique entre platea y gradas con sonido de granja nocturna. "Mola mucho jugar, tiene algo de inocente", confesaba antes de entonar algunos temas de enorme claridad en la noche cerrada como Una tarde de sol y Giro teatral y otros tantos clásicos modernos de su repertorio como Nunca el tiempo es perdido, Somos levedad y Carbón y ramas secas que tornaron en un ramo de rojas flores con el que le obsequiaron.

Con la energía en su punto álgido y ante el anuncio del primer gran nombre del Concert Music Festival de que "normalmente hacemos tres horas de concierto pero me pide la organización que dejemos paso a los dj's" de la zona lounge del festival, lo único que quedaba pendiente era la Insurrección de un público entregado que no quería dejar escapar a su ídolo. "La organización me va a matar", decía entre risas. Se marcó un apoteósico final pasada la una de la madrugada.

"Nos habéis ayudado a vivir otro día", se despedía el artista de las melodías de sol, las metáforas resplandecientes, la lámpara mágica del talento atrapada en su voz y liberada para Cádiz en otra noche más de música inolvidable. Tiene luz el maestro Manolo García, mucha luz.

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