Tras medio año, el Jerez rural continúa 'tocado y hundido'

Los vecinos afectados por las riadas aún no han superado la catástrofe y esperan, sin mucha confianza, las ayudas estatales

María Valero

05 de agosto 2010 - 07:21

Medio año después de las riadas la fotografía de la zona rural es muy diferente, aunque en las caras de los vecinos aún se refleja la desesperación e incertidumbre del futuro. Donde hace unos meses todo era agua, ahora el campo verde recorre kilómetros en torno a las barriadas rurales que sufrieron la catástrofe. Pero la huella del río sigue bien marcada en las paredes de las casas, quizás como señal de que no se está a salvo de vivir algo igual si uno se levanta cada día en la llamada zona inundable de Jerez.

Rosario Camacho perdió la cuenta de las veces que salió en la televisión y en las páginas de los diarios durante los días de la inundación. Su vivienda en Las Pachecas quedó bajo agua y tuvieron que salir con lo puesto. Así se ha llevado casi seis meses, ya que esta vecina no pudo entrar en su casa hasta principios de junio. “Las inundaciones costaron muchas lágrimas y todavía salen algunas de vez en cuando. La verdad es que no se olvida, todavía vivo con ello porque mi casa no está arreglada”, recuerda Rosario, quien reconoce que fue muy duro volver a abrir la puerta de su hogar y encontrarse los restos de la riada, de hecho, aún hoy amontona cajas de ropa y muebles estropeados por el agua.

Muy poco ha levantado la cabeza Rosario tras lo sucedido, quizás tampoco le haya ayudado el sentirse “sola y abandonada” por parte del Ayuntamiento. “El gobierno local sólo me ha dado una lavadora y 200 euros para comprar los muebles, y la alcaldesa nunca ha hablado conmigo, y eso que estuve en el centro de barrio durmiendo cinco meses”, apunta Rosario, que tampoco tiene mucha idea de dónde están y cuándo llegarán las ayudas prometidas por el Gobierno.

Su padre, Francisco Camacho, vive muy cerca de ella, unos metros separan ambas viviendas “inundables”. Con la puerta abierta y una especie de cortina echada, Francisco sale de su casa y señala la marca del agua en la fachada. “Claro hija, ¡cómo me voy a olvidar de la riada! Esto era una piscina, me llegó cerca de la rodilla, así que sí, lo pasamos muy mal. Pero bueno, yo estoy tirando poco a poco, pero como también me quedé solo, pues no es muy fácil”, declara el afectado.

Esta familia no quiere irse de sus casas, a pesar de que ya les han dicho que podrían volver a vivir la misma situación. “En la casa de mi hija no hay peligro, sólo que llega el agua y hay que salir. Si nos dejaran levantar un poco el terreno no habría problemas. Pero lo que quieren es echarla de su casa, meterla en un piso que no puede pagar, porque su marido también está en el paro, y después de que no ingrese el alquiler la dejarán en la calle. ¿Eso es lo que quiere el Ayuntamiento y la Junta? Pues ellos no se van a ir de ahí”, afirma tajante Francisco.

En Las Pachecas también viven María Valle y Andrés Perdiguero. Este matrimonio pasó la Navidad metido en un coche en la primera inundación, después tuvieron que marcharse a casa de su hija y ahora, cada día entran en una casa donde hay barro, destrozos en los muebles y faltan muchos recuerdos que se los llevó la riada. “Aquí lo hemos perdido todo, ¿cómo quiere que esté? Si yo entro aquí y se me caen los palos del sombrajo”, señala María visiblemente emocionada. Pronto se recupera en la conversación y con voz firme reclama las ayudas que les habrían prometido. “Nosotros estamos en la miseria, no podemos hacer nada, no tenemos ayudas por ninguna parte, ni en la agricultura, ni en el ganado, ni en nada de nada y así van a acabar con todos”, denuncia la afectada, quien reitera que “los que pueden dar una solución a esto no la ponen porque no quieren. No deben agarrarse a eso de zona inundable, porque es un invento del Ayuntamiento”.

Otro de los núcleos rurales que más sufrió las inundaciones fue El Portalillo. Tras la riada de primero de año los vecinos montaron una tienda en la calle para vigilar por las noches sus pertenencias y quizás también para curarse entre todos las penas. “Recuerdo el día de las inundaciones como una catástrofe, lo he perdido todo, igual que mi madre y muchos vecinos. Aquí ha habido muchos golpes de pecho con las cámaras de televisión pero después nadie se acuerda de nosotros”, critica Juana Reina, quien se pregunta “¿tú has visto las ayudas? Porque yo ni las huelo”.

A Teresa Pan le han dejado un sofá de dos plazas, “por lo menos tenemos algo”. Su casa quedó “absolutamente destrozada” y es que el agua le llegó a la altura de su cintura. Todos sus muebles acabaron en la basura y ella, con su marido y su hijo pequeño durmiendo en un colchón prestado en el suelo. Esta vecina lo tiene muy claro, “como gustarme, me gustaría estar en mi casa pero si siempre vamos a estar en las mismas, no. He solicitado una vivienda de las que va a hacer el Ayuntamiento, porque no quiero pasar por lo mismo. He perdido mucho dinero en enseres, mucho, lo que es una casa, ¡imagínate!”. Dicen que el tiempo lo cura todo, habrá que ver si para estos vecinos eso es suficiente.

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