Investigando el colchón de acero

La Agencia Tributaria pide datos a los bancos de los titulares de las cajas de seguridad que hay en Andalucía · "La gente está haciendo cosas muy raras con el dinero", reconoce un inspector de Hacienda

Pedro Ingelmo / Cádiz

23 de septiembre 2012 - 05:01

El lunes que siguió al fin de semana en el que el economista Paul Krugman incluyó en su blog dos palabras, España y corralito, Charo, empleada de una sucursal bancaria en Sevilla, se pasó la mañana ofreciendo información a los clientes acerca de las condiciones para alquilar cajas de seguridad, pero, lamentándolo mucho, ahora no había ninguna disponible. Otros se habían adelantado. Charo llamó a un programa de radio de máxima difusión y lo contó, la historia se extendió como el aceite y la Agencia Tributaria se vio en la necesidad de hacer algo ante la sensación de que el dinero no declarado hacía cola para entrar en un inaccesible agujero negro bunkerizado en los sótanos de las oficinas bancarias de todo el país.

La realidad, tras la alarma inicial, es menos espectacular. Para empezar, no hay demasiadas cajas de seguridad, aunque no hay ninguna cifra fiable. Los bancos no ofrecen información al respecto y las estimaciones publicadas, sin citar fuentes, hablan de 20.000 en España y algo más de 2.000 en Andalucía. El cálculo se sostiene difícilmente. Sólo en el búnker visitado por este medio para este reportaje había un lienzo de pared repleto con un centenar de cajas, aunque es cierto que no todas las sucursales tienen estas instalaciones. De hecho, la mayoría no las tienen porque suponían una inversión innecesaria para la demanda existente.

Un director de sucursal de La Caixa afirma que "es un producto residual. Puede haber listas de espera en alguna sucursal puntual, pero eso ha existido siempre. Es un servicio muy restringido y muchas veces se salda con un 'no hay' por no decir 'no quiero dártela, no me fío'. Además, una caja de seguridad no es tan segura: se puede abrir por vía judicial, si se quiere que su contenido sea secreto no se puede asegurar por su valor real y suelen contratarse pocas firmas de acceso, con lo que, por muchos motivos, su contenido puede quedarse en el limbo. Incluso me atrevería a decir que ha podido disminuir la demanda porque todos los bancos han elevado los precios del servicio".

Tener una caja de seguridad era hasta hace poco un capricho asequible. El precio estaba marcado por el tamaño de la caja, por un lado, y por el número de firmas que tengan acceso a ella. Las tarifas medias antes de la subida eran de 180 euros al año hasta los 20 decímetros cúbicos. Por cada decímetro cúbico de más se pagaban 9 euros. Por cada titular adicional se pagan 35 euros. Cada vez que se abre la caja hay que abonar 4,50 euros. Ahora los precios han variado, con subidas de hasta un 20%, según fuentes del sector.

En una sucursal bancaria de Jerez bajamos al sótano en el que se encuentran las cajas de seguridad. Se accede a ellas tras atravesar dos puertas blindadas que dan a una pequeña salita con una mesita y dos sillones como recibidor de una habitación de no más de 15 metros cuadrados, con un centenar de cajas, muy estrechas y con cierta profundidad. "La mayoría están alquiladas por gente mayor, clientes de hace mucho tiempo de la oficina", informan en el banco. Cada caja tiene dos llaves complementarias, una para el banco y otra para el titular. No se puede abrir una caja sin contar con las dos llaves. El apoderado acompaña al cliente, utiliza la llave y sale de la habitación dejando al titular en la salita solo con sus secretos. En el banco creen que hay más joyas y oro que dinero, "que en una caja se pudre , no crece, se devalúa".

Pero a la Agencia Tributaria sí le ha picado la curiosidad sobre qué hay dentro de esas cajas porque no todas son lugares refugio de las joyas de los jubilados. De hecho, sí hay dinero en esas cajas. En 2009 se estimaba que habían salido de circulación 114 millones de euros en billetes de 500. Es muy posible que una parte de ellos estén en esas cajas. Otras posibilidades. La caja número 52 de la oficina de Cajamadrid en la calle Velázquez número 96 contenía, cuando fue abierta por orden judicial, documentos sobre contratos con cuentas en el extranjero que tenían depósitos por 14 millones. Esa caja escondía, según la instrucción del caso Gurtel, las claves de la máquina de ocultar dinero negro de Pablo Crespo y Francisco Correa, los supuestos cabecillas de la trama.

Es decir, la Agencia Tributaria sabe que algunas cajas de seguridad son cajas sorpresa, aunque un inspector de Hacienda reconoce que "hay que tener indicios muy claros para conseguir que un juez te permita abrir una caja". Ahora, los técnicos de lucha contra el fraude esperan los datos que les remitirá la central sobre los titulares de las cajas de seguiridad alquiladas en Andalucía. Los bancos aún no han contestado al requerimiento de la Agencia sobre los datos de los titulares, "pero lo harán". ¿Qué harán con eso? "Sinceramente, no lo sabemos", contestan desde Hacienda. "Nos vamos a encontrar con un melón sin abrir. Estudiaremos la información y, si algún caso tiene chicha, requeriremos a Fulanito por si nos quiere decir lo que tiene dentro. El siguiente paso es el judicial". No se hacen muchas cábalas dentro de Hacienda sobre esto. "En fin, no sé. De un tiempo para acá la gente hace cosas muy raras con el dinero. Lo importante es que la gente se dé cuenta de que vamos a por todas. Llegaremos o no llegaremos, pero por intentarlo...".

Así las cosas, la alternativa es meter el dinero debajo de un colchón, esto es, en una caja de caudales casera. Sin embargo, aunque el sector de seguridad es uno de los pocos que no se encuentra en crisis y está experimentando un crecimiento, no es la venta de cajas fuertes lo más signficativo, sino productos de protección de datos y contraincendios, y otros que combinan estas cualidadades con la protección al robo y al atraco.

El grupo sevillano Donaire es el que tiene la concesión de la multinacional Fichet para la fabricación de sus blindajes, entre ellos las cajas fuertes. Antonio de los Santos es el coordinador técnico de Fichet Sevilla y cree que "no es precisamente en los bancos donde se da el incremento de cajas de seguridad, debido a la subida de tarifas de alquiler y porque si se produjera un 'crash' bancario tampoco se podría disponer del dinero guardado".

Lo que percibe De los Santos es que el mercado de cajas fuertes se mantiene estable y crece la adquisición de cajas de gama baja para un ámbito doméstico que se adquieren en ferreterías y grandes superficies. "Este tipo de producto lo definimos como cajas anti-indiscrección, debido a que no ofrecen una alta resistencia a las tentativas de robo, pero protegen del hurto en el ámbito domicliario".

El baile es muy antiguo, pero ahora va mucho más en serio: el dinero se esconde y Hacienda lo busca. Empieza el juego.

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