Provincia de Cádiz

La Crujía de Gamones llena de público y fiesta el casco antiguo

  • Un total de 26 candelas copan las calles y plazuelas para rememorar una tradición que está considerada de interés turístico de Andalucía

Recatadas y sin apenas notarse su presencia, dos septuagenarias de muy buen ver no perdían puntada: candela, gamón, explosión, y vuelta a empezar.

Presenciaban un singular ritual que le ha valido a Ubrique su reconocimiento como Fiesta de Interés Turístico de Andalucía. Se trata de la Crujía de Gamones, la fiesta local con motivo de las Cruces de Mayo, que se celebró entre la noche del pasado domingo al lunes para llenar de espectáculo las calles del casco antiguo de la localidad.

La vistosidad de esta convocatoria atrapa desde el primer momento al profano en la materia. Repartidas por las callejuelas del entramado antiguo de Ubrique, 26 candelas fueron el ombligo de una curiosa tradición local en la que el gamón, una planta liliácea silvestre, es el centro de las miradas.

Especie con el tallo largo, se calienta previamente en las hogueras hasta que echa un 'humito', según los entendidos, con lo que se retira para golpearla contra una superficie resistente (suelo o algún poyete, en su caso) que originará la tan buscada explosión o detonación.

Previamente los gamones se recogen en el campo con mayor o menor antelación, según el gusto.

El ritual repetido hasta que el cuerpo aguante se consumó la noche del domingo una y otra vez en medio de la expectación de vecinos y visitantes. Las plazuelas concurridas fueron el escenario perfecto para compartir comidas y bebidas. Mientras los más sagaces crujían los gamones, los niños que ayer no tuvieron clases hacían las delicias montados en los populares columpios que se preparan en toda candela que se precie para rememorar otra antigua práctica aparejada.

Las dos veteranas vecinas recordaban el domingo el significado de este popular artilugio que engalana durante estas fiestas las plazas. Y es que las mozas del pueblo cantaban cancioncillas populares de amoríos la mayoría de las veces, subidas al artilugio en presencia o no del presumible 'pretendiente'. Hoy forman parte de la puesta en escena pero los ronroneos amorosos gastan, en muchos casos, formato digital.

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