Beber del grifo en Los Caños

El agua potable llega por primera vez a viviendas de la población barbateña a través de la red pública de suministro, aunque sólo a una urbanización

Una vecina de la urbanización Playa Estrecho, el pasado viernes en la cocina de su apartamento.
Una vecina de la urbanización Playa Estrecho, el pasado viernes en la cocina de su apartamento.
T.r. Cádiz

11 de agosto 2013 - 05:01

"El 31 de julio abrimos el grifo y..., una maravilla". Día histórico, momento memorable en Caños de Meca. Agua potable por el grifo. Lo evoca Juan José López, presidente de la comunidad de vecinos de la urbanización Playa Estrecho. Atrás quedan muchos meses de agosto en los que han contado diez y doce camiones diarios con cubas para abastecer los depósitos. Un gasto considerable que aún deben afrontar otros vecinos de la zona.

Caños de Meca y Zahora suspiran desde siempre por ese gesto que es tan cotidiano en otros lugares, por abrir el grifo, llenar un vaso y beber agua. No ha sido hasta hace unos días cuando han podido hacerlo unos pocos: aproximadamente unas ochocientas personas de las diez, doce mil o catorce mil que recalan en verano en ese privilegiado enclave turístico del municipio de Barbate.

Lo de privilegiado va tan unido a Los Caños que es difícil evitarlo incluso cuando se habla de ese lugar que a principios de la década pasada era "Zambia dentro de un país que se dice desarrollado", en palabras de un vecino. En el verano de 2003, el paisaje de Los Caños incluía atascos circulatorios, vandalismo urbano, trapicheo de drogas, basura...; abandono. Sin las infraestructuras básicas necesarias para soportar la presión turística, el caos era espectacular. Sin red de suministro de agua potable, sin red de saneamiento de aguas residuales, el panorama se presentaba muy complicado.

Diez años después llega por primera vez el agua potable a algunos grifos y los vecinos que aún carecen de ese privilegio en el enclave privilegiado se asocian para intentar conseguirlo en sus casas. Aunque sea pagando un precio elevado.

El alcalde de Barbate, el socialista Rafael Quirós, explica que la llegada del agua potable a los 206 apartamentos y chalés de Playa Estrecho es la culminación de la primera fase de un proyecto que busca solucionar de una vez por todas el grave problema de la falta de agua en Los Caños y Zahora.

En una segunda fase, el agua debe alcanzar al colegio público de Zahora , a tres campings ubicados allí y a las viviendas de esa zona cuyos vecinos quieran afrontar el coste de la obra de enlace con la tubería que ha acercado el agua hasta Caños de Meca. Una tercera fase llevará el agua a las casas situadas entre la farmacia de Los Caños y la playa de Las Cortinas.

Hay un pero, sin embargo, en ese proyecto. Muchas casas de esas dos poblaciones de Barbate carecen de cédula de habitabilidad, y de un sistema de depuración de aguas residuales. De modo que será complicado que puedan engancharse a la red pública de suministro de agua potable. Caños de Meca y Zahora han crecido en la ilegalidad urbanística y eso ha marcado y sigue marcando todo.

Tanto, que la conversación con Rafael Quirós desemboca inevitablemente en una reflexión sobre las consecuencias de la construcción ilegal, del crecimiento incontrolado de una población; sobre la desagradable sensación con la que conviven quienes cumplen la ley y comprueban que, al final, ellos salen peor parados que quienes optaron por no respetar las normas. Una reflexión peligrosa, apunta el alcalde.

¿Hasta qué punto es lícito facilitar el suministro de agua potable a quienes decidieron saltarse las normas y construir su casa sin autorización alguna donde no estaba permitido levantarla? ¿Por qué al final, de una manera o de otra, consiguen servicios públicos quienes despreciaron lo público y actuaron de espaldas a la Administración?

El alcalde de Barbate sostiene que en Caños de Meca y en Zahora residen unas personas y veranean y pasan temporadas otras, que eso es un hecho por encima de cualquier circunstancia, que allí no hay agua potable y que, en fin, eso es un grave problema ante el que no debe seguir la Administración mirando hacia otro lado.

Nadie va a tirar todas esas casas construidas ilegalmente, al margen de la ley. Nadie es capaz de hacer eso y nadie con capacidad y autoridad para frenar ese crecimiento desordenado hizo nada para detenerlo. Ese modo de ver lo ocurrido, esa aceptación de un hecho consumado, lleva a una conclusión: hay que dar una solución a los problemas que padecen personas en una zona turística que es necesario cuidar, comenta el alcalde.

Los propietarios de los apartamentos y chalés de la urbanización Playa Estrecho no han tenido que afrontar el problema que arrastran las casas construidas ilegalmente. Juan José López explica que la urbanización fue levantada en los años 70 del siglo pasado con los permisos pertinentes. Eran tiempos bien diferentes. El país vivía bajo una dictadura, en un régimen que concedía autorizaciones de manera arbitraria. Si la Administración consideraba que alguien podía saltarse una norma, se lo permitía.

Fuese o no posible legalmente entonces, el constructor de la urbanización logró permiso para excavar y construir pozos que recogen agua de los acuíferos, dice López. Con los años, los propietarios de los apartamentos fueron adaptando la infraestructura hidráulica interna. Hace diez años, la depuradora. Todo ello dejó preparada la urbanización para el enganche a la red de suministro de agua potable. Allí se paga basura y se paga IBI. Nada que ver con otras zonas.

Caños de Meca y Zahora crecieron y crecieron sin control alguno. Las nuevas casas también perforaron en busca de agua y abrieron fosas sépticas. Los acuíferos comenzaron a resentirse. De los problemas creados por tanto pozo para sacar agua y tanta poza para verter residuos sin control alguno nadie quiere hablar. Mejor no mencionar ese problema, no alarmar, no levantar la liebre.

Se construyó tanto, que en 2007 el nivel de los pozos de agua había bajado a cotas que no se recordaban en la zona. Había escasez de precipitaciones, pero también un descontrolado aumento de perforaciones para nuevas viviendas. Ese verano ya llegaban diariamente a Los Caños dos camiones, cada uno con 7.000 litros de agua, para abastecer a los ocupantes de los apartamentos de Playa Estrecho.

Pero no todos desembolsaban. En un pequeño autoservicio de Los Caños admitieron que aquel verano habían vendido, calculando por lo bajo, más de cien mil litros de agua embotellada.

Ese mismo año, 2007, ya anunció Rafael Quirós (que había relevado en la alcaldía de Barbate a Juan Manuel de Jesús, del PP) que uno de sus proyectos era regularizar las viviendas ilegales de Zahora, Los Caños y San Ambrosio. El alcalde estimaba que en estas dos últimas poblaciones había entonces más de un mil viviendas construidas ilegalmente.

Un año antes, Juan Manuel de Jesús se había encontrado con una protesta contundente de los vecinos de Los Caños, que salieron a la calle para reclamar, una vez más, seguridad, limpieza... y agua potable. Ernesto Carmona era entonces presidente de la asociación de vecinos Cabo de Trafalgar. Hoy es el vicepresidente y activo portavoz. En 2006, Carmona se mostraba como un decidido partidario de coger el toro por los cuernos, de aplicar un plan de trabajo con el objetivo de que los problemas que habían surgido aquel verano, decía, no se repitiesen en años venideros.

Tiempos pasados. Tiempos de montones de basura en numerosos rincones de Los Caños.

Dos años después, en agosto de 2008, la situación no había mejorado. Lo que da una idea de las dificultades con las que se ha enfrentado siempre esa zona privilegiada del municipio de Barbate. Las asociaciones de vecinos Cabo de Trafalgar y Playa de la Laja reclamaban medidas urgentes en un lugar que consideraban "una verdadera ciudad sin ley".

"Lo realmente preocupante es la falta de agua y alcantarillado", respondía entonces el alcalde, Rafael Quirós, que se mostraba comprensivo con las quejas. "No existen las infraestructuras básicas para que vivan allí 15.000 o 20.000 personas como están haciendo. Sólo hay una carretera para más de 10.000 coches, no hay agua ni alcantarillado y no hay una zona de ocio alejada de las casas", se lamentaba.

Que no esté normalizada la situación urbanística no quiere decir que no tengamos derecho a los servicios públicos y a las infraestructuras básicas, como el resto de los ciudadanos de Barbate o de nuestro país, razonaban en 2009 y siguen argumentando hoy los vecinos de Zahora.

Salvo en la urbanización Playa Estrecho, hoy la zona sigue sin agua potable. Nadie quiere hablar de la contaminación de los acuíferos. Plantear que quien construye ilegalmente sale finalmente más beneficiado que quien cumple la ley es peligroso, sostienen el alcalde de Barbate y algunos dirigentes vecinales. Tal como han ido las cosas, puede aventurarse algo seguro: de aquí a pocos años o bien en la próxima década o en las siguientes, algún día, en fin, habrá agua potable en Zahora y en Los Caños.

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