La Armada pierde su cuarto navío de guerra en este 'annus horribili'

l El 'Pizarro' es dado de baja en el Arsenal de La Carraca de San Fernando tras 17 años de servicio

Una integrante de la última tripulación del 'Pizarro' no puede ocultar sus lágrimas ayer en La Carraca.
Una integrante de la última tripulación del 'Pizarro' no puede ocultar sus lágrimas ayer en La Carraca.
Óscar Lobato San Fernando

15 de diciembre 2012 - 05:01

El buque de desembarco anfibio Pizarro (L-42) ha causado baja en la lista oficial de navíos militares españoles, quedando atracado al Arsenal de La Carraca en San Fernando. Con la salvedad del Desastre de Cavite y la batalla de Santiago de Cuba, nunca antes en la Edad Contemporánea la Armada española había perdido más buques a lo largo de un mismo año.

La ceremonia de licencia al navío se desarrollaba ayer, en el muelle principal del astillero isleño, bajo una mañana gris y fría, a juego con las circunstancias. El acto fue presidido por el Almirante Jefe de Apoyo de la Bahía de Cádiz, Fernando Querol Pagán.

Durante el acaecimiento el Pizarro unía su nombre a los del portaaeronaves Príncipe de Asturias, el cazaminas de mando Diana y el patrullero de altura Chilreu en la relación de navíos desaparecidos de la Marina española en menos de 365 días.

El buque derelicto ha quedado abarloado a su gemelo, el ex Hernán Cortés (dado de baja en 2009), sin previsión de cuál sea su último destino. A juzgar por la triste flotilla que formaban ambos 'veteranos' amarrados al caño de La Carraca, una posterior venta a otro país queda descartada y a ambos sólo les resta pudrirse, en espera del desguace.

Sin embargo, el Gobierno no abriga intención alguna de dar siquiera ese último paso. Aunque el despiece de ambos buques supondría carga de trabajo para alguno de los astilleros de la Bahía gaditana el Ejecutivo se muestra proclive a no gastar ni un cuarto en este 'annus horribili'.

El Ministerio de Defensa había definido ya la baja de todos los buques eliminados este año como "un ahorro de 50 millones de euro". Tan sonso argumento encontró, en seguida, irónica replica de varias organizaciones pacifistas. "Imagina el ahorro si damos de baja a todos", colgaron en internet.

Tal vez por eso, y dado que los marinos españoles son gente hecha al desengaño desde Trafalgar a la fecha, la ceremonia no resultaba precisamente la alegría de la huerta.

El protocolo para estos actos prevé que el comandante de un buque a causar baja, en este caso el capitán de fragata Luis Otero, solicite del almirante venia para subir a bordo, dar lectura a la orden de baja en la LOBA (Lista Oficial de Buques de la Armada) y ordenar el arriado de la enseña nacional.

Tras ello, el capellán vicario de la Flota, Andrés Alfonsín, tributó un responso en memoria de los tripulantes del buque ya fallecidos, pues es bien sabido que los navíos de combate carecen de alma inmortal que encomendar al Altísimo.

Seguidamente, el comandante hace una loa del historial del buque y, por fin, se ordena a la tripulación, formada en cubierta, abandonar el navío en fila de a uno y descendiendo por la escala real.

El redoble de un solitario tambor, cuyos ecos rebotaban lúgubres contra los muros del histórico arsenal naval, marcó el paso de los últimos 64 marinos embarcados (el buque tenía una dotación de 245 tripulantes), todos los cuales se encuentran ahora en situación de SAPAD (Servicio Activo Pendiente de Asignación de Destino).

Dicho trance constituía una más de las formalidades requeridas tras la firma de la baja oficial, rubricada por el contralmirante Querol y el capitán de fragata Otero, para consagrar la licencia completa del navío.

stats