Provincia de Cádiz

Aplazado el juicio hasta el lunes porque hoy fumigan el edificio

  • Tres psiquiatras sostienen que el acusado no era dueño de sus actos cuando apuñaló a la víctima · Dos forenses y una psicóloga afirman que podía controlar su ira

Una planificación incorrecta o una ausencia de coordinación obligó ayer al presidente del tribunal del jurado a aplazar hasta el próximo lunes la continuación del juicio por el caso del hombre que mató a su exesposa en un asador freidor de El Puerto. La vista oral no seguirá hoy, como estaba previsto, porque a las tres de la tarde el Palacio de Justicia debe estar desalojado para que el edificio sea fumigado.

El juicio quedó así interrumpido, con el calendario trastocado, en una jornada, la de ayer, que permitía recortar el número de días planeado, ya que las sesiones avanzaron rápido. No ha servido de nada. La fase de testimonios terminó ayer pero no será hasta el próximo lunes, no hoy, cuando la fiscal abra el turno de alegatos. Si todo va bien, el jurado recibirá luego el objeto del veredicto, las preguntas a las que debe responder, y comenzará a deliberar en busca del veredicto.

La sesión de ayer, la tercera, la consumieron el forense que examinó el cadáver de la víctima y los peritos que examinaron al procesado para dictaminar si mantenía el control sobre lo que hacía cuando apuñaló a su exesposa, como afirman la fiscal y las acusaciones, o sufrió una alteración psíquica, una especie de enajenación mental transitoria, que le impedía controlar sus impulsos, como asegura la defensa.

Primero, el forense confirmó que Victoria Martínez tenía heridas defensivas en un brazo y que una de las puñaladas que le asestó José Luis García Rodríguez, una cuchillada con fuerza, le partió el corazón y le hizo caer desfallecida. Esa y otras puñaladas las recibió de pie. Otra, anterior, pudo recibirla sentada pero no es seguro.

Un psiquiatra que elaboró un informe para la defensa explicó luego que el procesado, a causa del estrés debido al conflicto que mantenía con su exesposa, sufrió el día del crimen una alteración afectiva, un trastorno, que le hizo perder el control. Que podía comprender los hechos, lo que estaba haciendo, pero que tuvo una conducta irreflexiva y un actuar compulsivo y turbulento.

La fiscal interrogó largamente a ese perito, que se sintió cuestionado y reaccionó en ocasiones ofendido. El psiquiatra tuvo que admitir, entre otras cuestiones, que desconocía que el acusado tenía otra pareja cuando mató a su exesposa. También que había dado por cierto que el acusado había incrementado notablemente la ingesta de alcohol días antes del crimen y el mismo día porque él se lo dijo, no porque lo confirmase de otro modo.

Dos doctoras, forenses, sostuvieron que el acusado padece un trastorno obsesivo compulsivo de la personalidad, que eso le dificulta la relación con los demás, que le gusta tenerlo todo controlado y que le echaba a su esposa la culpa de muchas cosas. Pero que la ira que sufrió el día del crimen la podía contener: que no perdió el control. Una psicóloga se mostró de acuerdo con las dos forenses. En su opinión, el acusado comenzó a controlar obsesivamente a su esposa cuando en 2007 lo prejubilaron y el trabajo dejó de ser el centro de su atención.

Dos psiquiatras dijeron en cambio que no veían el trastorno de personalidad sino rasgos en todo caso. Y sostuvieron que el acusado no pudo controlar sus impulsos cuando apuñaló a su exesposa, que su capacidad de control estaba disminuida. No obstante, admitieron, a preguntas de la fiscal, que su dictamen no sería el mismo si la navaja con la que mató a la mujer no la llevaba el acusado consigo habitualmente. Ellos partieron de que la usaba para coger espárragos, como les dijo él. Pero ni su hijo, que vivía con él, vio ese arma alguna vez, como declaró el pasado martes.

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