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Los indignados, los ausentes pese a liderar el movimiento mundial hace cuatro años

Portugal pasó en sólo cuatro años de ser cuna del movimiento indignado en todo el mundo a volver a celebrar elecciones con apenas dos formaciones con opciones reales de gobernar, reflejo del creciente desencanto. Las multitudinarias manifestaciones de entonces, convocadas por grupos ciudadanos y desvinculadas totalmente de partidos y sindicatos, fueron perdiendo fuelle conforme pasaron los meses y finalmente no se tradujeron en la creación de una alternativa de Gobierno, al menos, para los comicios legislativos de ayer.

Analistas y politólogos lusos se preguntan por qué en Portugal este ambiente de revuelta no acabó concretándose en una opción concreta, como sí lo hizo en Grecia o España, pese a la severa austeridad aplicada en el país como consecuencia del rescate financiero y de la llegada de la troika.

Sí surgieron numerosos nuevos partidos, pero de pequeña dimensión y sin apenas visibilidad, por lo que en la cita aspiraban a duras penas a entrar en el Parlamento. La mayoría son de izquierdas, como es el caso de Agir o Livre, aunque también surgió recientemente Nós Cidadaos, defensor de una "economía social de mercado" y creado a imagen y semejanza de Ciudadanos en España. A ellos se suma el partido creado por el tertuliano Antonio Marinho e Pinto o el Movimiento de los Jubilados.

Los indignados eran en sus inicios un movimiento especialmente heterogéneo, eminentemente pacífico y cuyo objetivo principal era protestar por la rampante precariedad laboral. Sus protestas batieron récords de asistencia -cientos de miles de personas salieron a la calle en un país de 10,5 millones de habitantes, algo prácticamente inédito-, y sin embargo no cambiaron sustancialmente las políticas del Gobierno liderado por Pedro Passos Coelho, riguroso a la hora de cumplir con las condiciones pactadas con la UE y el Fondo Monetario Internacional a cambio de su ayuda.

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