Branford Marsalis Quartet | Crítica Lecciones y secretos entre la sombra y el alma del jazz

Una imagen promocional reciente del Branford Marsalis Quartet. Una imagen promocional reciente del Branford Marsalis Quartet.

Una imagen promocional reciente del Branford Marsalis Quartet.

Los más veteranos del lugar tal vez recordarán la primera visita de Branford Marsalis a Sevilla en 1991, donde el por entonces joven saxofonista (n.1960), hermano mayor de una gloriosa saga de jazzistas, hijo de Ellis como el afamado Wynton y los no menos talentosos Delfeayo y Jason, participó en el XII Festival Internacional de Jazz celebrado en el Lope de Vega.

Dieciocho años después, en noviembre de 2009, Marsalis desembarcaba ya con los honores de “gran intérprete” en el Maestranza, acompañado por Joey Calderazzo (piano), Justin Faulkner (batería) y Eric Revis (bajo) en un cuarteto estelar con el que ha desarrollado la vertiente más sólida de una trayectoria donde siempre hubo hueco para la clásica, el pop o el hip-hop.   

Diez años han pasado desde entonces y el cuarteto se ha consolidado como una formación de referencia, una banda que regresaba anoche al Lope para presentar su nuevo disco, The secret between the shadow and the soul (2019), con composiciones propias y algunos standards sometidos a esa relectura siempre contemporánea, minuciosa y erudita en la que exprimen su particular empeño didáctico y enciclopédico (de New Orleans al bebop, de los ritmos latinos a la bossa nova), desdoblándose a veces en un trío liderado por un entusiasta y virtuoso Calderazzo, y recuperando al Marsalis más sobrio que, en su alternancia del tenor y el soprano, entra y sale del escenario con proverbial protagonismo melódico y rítmico y toneladas de swing a sus espaldas.

Lo que arrancó en un verdadero pico de furia polirrítmica encontró también su camino de reposo en los medios tiempos, los aires de réquiem blues, las atmósferas noir, el mambo deconstruido o la inconfundible suavidad melódica de un Jobim (a los bises), o lo que es lo mismo, ver en acción al Cuarteto de Marsalis es lo más parecido a asistir a una verdadera, festiva y personal clase particular de historia del jazz capaz de contentar a entendidos y neófitos en un mismo espectáculo donde no hay más reclamo que ver y oír la música en su propio acto de construcción y disfrute colectivo.