'Triple Helix' de Anat Cohen | Crítica Femenino singular

  • La clarinetista Anat Cohen publica un excelente nuevo álbum que ejemplifica el decisivo papel que vienen jugando desde hace años las mujeres en la revitalización del jazz actual

La clarinetista, saxofonista y directora de orquesta isarelí Anat Cohen (Tel Aviv, 1979). La clarinetista, saxofonista y directora de orquesta isarelí Anat Cohen (Tel Aviv, 1979).

La clarinetista, saxofonista y directora de orquesta isarelí Anat Cohen (Tel Aviv, 1979). / D. S.

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A casi nadie se le escapa el decisivo papel que la mujer viene jugando desde hace años en el proceso de revitalización del jazz contemporáneo. De un pretérito rol especializado, ligado a facetas vocales o pianísticas, se ha pasado hoy a una presencia que constituye buena parte de esa columna vertebral sobre la que se edifican las más relevantes conquistas de su presente.

Ojo al dato: en el reciente 67th Annual Critics Poll que acaba de publicar la prestigiosa y veterana cabecera DownBeat en su numero de agosto, son mujeres como Cécile McLorin Salvant (cantante), Maria Schneider (big band, composición, arreglos) Jane Ira Bloom (saxo soprano), Nicole Mitchell (flauta), Mary Halvorson (guitarra), Regina Carter (violín) o Tomeka Reid (chelo) quienes lideran las clasificaciones en sus respectivos apartados.

Por no hablar del segmento Rising Star donde Allison Miller (batería), Sara Serpa (cantante), Natalie Cressman (trombón) o Tineke Postma (saxo soprano) rotulan el camino a seguir. Y es el nombre de Anat Cohen el que encabeza los listados de clarinetistas –por delante de representantes masculinos del peso de Ken Peplowski, Paquito D'Rivera, Don Byron o Ben Goldberg– y de big band en el ámbito Rising Star en lo que supone la reafirmación de una de las trayectorias más seductoras del jazz de nuestros días, casi pareja a la de sus hermanos, el excelente trompetista Avishai Cohen y el saxofonista Yuval Cohen junto a quienes Anat ha grabado en varias ocasiones bajo el nombre de 3 Cohens.

Imagen promocional del proyecto Anat Cohen Tentet. Imagen promocional del proyecto Anat Cohen Tentet.

Imagen promocional del proyecto Anat Cohen Tentet. / D. S.

Las últimas evidencias de dicha confirmación se pueden hallar en Triple Helix, el álbum que la clarinetista, saxofonista y directora israelí afincada en Nueva York acaba de publicar a la cabeza de su tenteto y con la dirección musical de Oded Lev-Ari. El proyecto no es novedoso: compartiendo diseño de portada de Milton Glaser, hace un par de años se puso en circulación Happy Songs (2017), el estreno de una empresa que exhibía la versatilidad de una intérprete y compositora capaz de sustentar su poroso discurso en un plural catálogo de fuentes que saltaba de la música popular brasileña o israelí o el guiño francés a las sonoridades de Mali y los ecos argentinos.

Así, no resulta extraño encontrar en su discografía acercamientos a clásicos del peso de Cartola, Pixinguinha, Neba Solo, Edith Piaf, Moacir Santos, Chico Buarque o Tom Jobim, sin olvidar la marca anglosajona representada por Gordon Jenkins, Artie Shaw o Abdullah Ibrahim. Como directo reflejo, en tan apretada nómina tampoco se echan en falta grabaciones junto al brasileño Marcello Gonçalves, el Trio Brasileiro, el Choro Ensemble o el maestro Fred Hersch en 2018.

Portada del disco. Portada del disco.

Portada del disco. / D. S.

Comisionado por el neoyorquino Carnegie Hall y por el Symphony Center de Chicago para distintos directos a lo largo de este 2019, Triple Helix ensancha su abanico de la mano de una cuidada partitura que arranca de la mano de la exquisita Milonga del ángel de Astor Piazzola. El brillante Triple Helix. Concerto for Clarinet and Ensemble de Oded Lev-Ari se erige a continuación en eje central del álbum que bautiza, poniendo sobre el tapete todo el potencial interpretativo de Anat Cohen.

Su valía compositora se reivindica más tarde en Miri o Footsteps & Smiles; sus tramas navegan entre la delicada sutileza y el contagioso dinamismo partiendo de una conexión entre solistas y grupo que fluye lubricada y, sobre todo, inspirada. Las adaptaciones, suscritas por Lev Ari, del tradicional La llorona o de Lonesome Train de Gene Roland (arreglista y colaborador de Stan Kenton durante décadas) suscriben la enésima excursión de un proyecto que se clausura con el crepuscular Morning Glory. El conciso epílogo de una obra sólida y conmovedora.

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