Doble fondo

Roberto Pareja

Un pollo sin cabeza

Torra es un activista supremacista devenido en político que se va de forma tan abrupta como sus dos inmediatos antecesores

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, durante la inauguración telemática de la Jornada Virtual Participativa, este lunes desde el Palau de la Generalitat. El presidente de la Generalitat, Quim Torra, durante la inauguración telemática de la Jornada Virtual Participativa, este lunes desde el Palau de la Generalitat.

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, durante la inauguración telemática de la Jornada Virtual Participativa, este lunes desde el Palau de la Generalitat. / Marta Pérez (EFE)

La gente atribuye los infortunios del mundo a las conspiraciones y a las maquinaciones de los malvados, pero se subestima la estupidez. No me pregunte por qué, pero a la vista de los últimos acontecimientos que se están desarrollando en Cataluña me asalta a la cabeza esta frase del escritor argentino Adolfo Bioy Casares.

El de hoy es un día muy triste para Cataluña. con el primer president inhabilitado en activo. Por negarse a retirar una pancarta del balcón del Palau de la Generalitat. Es decir, por contravenir la ley. No por colgar una pancarta. Y es el tercer jefe del Govern consecutivo que concluye su mandato de forma abrupta.

Artur Mas (con él empezó todo el lío del procés) también acabó inhabilitado por la consulta del 9-N del 2014, pero la sentencia le llegó cuando ya no era president. La candidatura conjunta con ERC en las autonómicas de 2015  deparó una aritmética parlamentaria que lo dejó en manos de los antisistema de la CUP, que se mantuvo inamovible en su compromiso de campaña de no investirlo bajo ningún concepto... Mas tuvo que tirar la toalla y designó al entonces alcalde de Gerona Carles Puigdemont.

La CUP se lo puso complicado a Puigdemont desde el minuto uno. Le tumbó los Presupuestos del 2016 (fue la primera vez que el Parlament devolvía el proyecto al Govern) y aprobó los del 2017 a cambio de celebrar un referéndum de autodeterminación, que se fijó para el 1 de octubre de 2017. Se comprometió a aplicar el resultado, claramente a favor del , aunque la participación no llegó al 50%. Después de una huelga general que coincidió con el mensaje del rey Felipe VI que justificaba y daba alas al "a por ellos", finalmente el Parlament aprobó una declaración de independencia que se quedó de inmediato en agua de borrajas  y ha dejado a doce líderes independentistas en prisión mientras el president ponía pies en polvorosa hacia Bruselas.

El agitador

De los tristes polvos de Artur Mas y Carles Puigdemont pasamos al lodo de Quim Torra. "Yo escribí para que me quisieran; en parte para sobornar y, también en parte, para ser víctima de un modo interesante; para levantar un monumento a mi dolor y para convertirlo, por medio de la escritura, en un reclamo persuasivo". La frase es de Bioy Casares y no me pregunten  por qué pero también me viene a la cabeza al glosar la figura del depuesto, un activista en toda regla que ha cumplido su misión (consagrar el victimismo de los victimarios) con creces.

Decimos que se trata de un activista en toda regla más que de un político al uso vistos sus antecedentes, hasta que se dio a conocer al gran público de la mano del dedazo de Puigdemont. Torra ha actuado durante años como un agitador dedicado a alimentar el odio contra los españoles. Un papel que desarrolló en la presidencia de Òmnium (unos meses, antes de ceder el testigo a Jordi Cuixart) y como columnista en medios subvencionados por la Generalitat, dejando para la posteridad memorables artículos sobre las "bestias carroñeras con forma humana" y decenas de profundas lindezas similares sobre los españoles capaces de sonrojar al más furibundo supremacista. 

El activista se va con la misión cumplida. Ahí están las calles catalanas agitadas de nuevo entre malos humos tan binarios como victimistas. Proclama que lo inhabilitan por colgar una pancarta, pero lo cierto es que se ha saltado la ley a la torera. Y eso, seas botones, alcalde o presidente debe tener su correspondiente castigo. Y él lo sabía. No es ninguna encerrona. Ahora se avecina una lluvia de mociones en ayuntamientos, Parlamento catalán e instancias europeas para denunciar lo que consideran un atropello, por mucho que hayan sido ellos los que se han pasado la ley por el arco del triunfo tirando por la calle de enmedio en su alocada carrera hacia la independencia. 

Cataluña se ha quedado sin president y ERC y JxCat están pactando la gestión del interregno interelectoral. Y no tienen ninguna prisa. Durante el periodo de Govern en funciones, la representación de Torra la detentará su número dos, Pere Aragonès (ERC), aunque sin capacidad de convocar elecciones, nombrar o cesar a miembros del Govern o plantear una cuestión de confianza.

Se trata de dejar correr el reloj hasta que los plazos legales digan basta, allá principiado febrero. De por medio, la negociación de los Presupuestos generales del Estado, en la que JxCat pintará a ERC de "traidor" si acaba respaldando las cuentas del Gobierno de Pedro Sánchez; la mesa bilateral entre Moncloa y Generalitat, en la que Esquerra quiere pasar por adalid del diálogo en contraste con el espíritu de confrontación que adorna a JxCat; o la reforma del Código Penal, algo en lo que sí están de acuerdo los dos gallitos del corral independentista: sólo les vale una amnistía, no una simple rebaja de las condenas por sedición para los presos del procés, con la tramitación de los indultos a toda máquina.

En definitiva: Cataluña se ha quedado de nuevo sin president y no hay mucha prisa por buscar un recambio en las urnas. Entre la pandemia y los diversos intereses partidistas vuelvo y me quedo con la aguda reflexión de Bioy Casares: la estupidez es un arma invisible de destrucción masiva.   

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